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jueves, 05 de febrero de 2009


La he vuelto a liar y he leído lo que no debía leer. De nuevo me asaltan las dudas sobre whatever will be (will be) lo mejor para mi salud. El caso es que en estos momentos me estremezco cuando de reojo observo a mi compañera Eva mientras teclea en su ordenador. ¿Me traspasará algún día alguna enfermedad en principio no contagiosa? ¿Qué pasará cuando se vuelva a comer su magdalena de chocolate preferida? Tengo miedo. Sus manías me pueden afectar a mí y extenderse como una red imparable. ¿Estaré exagerando?



Núria llavina Rubio


Las relaciones sociales influyen en la salud. La obesidad se extiende como una plaga. La felicidad y la tristeza también. Fumar también. No las llaman enfermedades infecciosas. Las llaman "person to person spread" (propagación de persona a persona). Pero el problema es que a la larga estas dolencias pueden desencadenar en problemas cardiovasculares, cánceres, diabetes… Definitivamente no estoy exagerando. ¡Me tengo que preocupar! Para lo bueno y para lo malo, según dicen. Me explico. Si mis más allegados dejaran de fumar mi abandono del vicio se vería favorecido (lástima que no fume, porque me gustaría haberlo comprobado). Si Eva es feliz, ayudará a que yo también lo sea. Pero si Eva come demasiado, si potencia snacks y chucherías entre horas, probablemente acabaré cayendo en la tentación. No hace falta hablar de consecuencias. La culpa no será mía, sino de mi red social. Qué rabia, porque yo no escojo a mis compañeros de trabajo.

Nicholas Christakis (Harvard Medical School) y James Fowler (Universidad de California) han rebuscado varias veces en datos del famoso Framingham Heart Study (estudio cardiovascular iniciado en 1948) para llegar a todas estas conclusiones, que han publicado en diversos estudios a lo largo de estos años. En una de sus investigaciones más recientes se centraron en la obesidad, porque según ellos es un dato objetivo que puede archivarse a lo largo de los años. Con un grupo examinado de 1971 a 2003, ambos investigadores hallaron que las probabilidades de engordar cuando un allegado llamado "amigo" engordaba se aproximaban al 57%.  El efecto se mantenía, aunque en menor grado, incluso cuando un amigo directo no se veía involucrado en el proceso "engordador". En el caso de que se engordara el amigo de un amigo, las probabilidades fueron de un 20%, y si se engordaba el amigo de un amigo de un amigo, el porcentaje se reducía en un 10%. O sea, que el mundo es un pañuelo. Engordemos todos, amigos.

En referencia al tabaco, en mayo de 2008 escribieron en el 'New England Journal of Medicine' (NEJM) patrones de comportamiento similares a los de la obesidad. Dejemos de fumar todos, amigos. A finales del año pasado le tocó el turno a la revista 'British Medical Journal' (BMJ), y en este caso se centraron en la felicidad y la infelicidad. Lo mismo. La relación entre las personas felices se extiende hasta tres grados de separación. Todo se contagia como una gran cadena.

Hace pocos días Christakis volvía a publicar. Esta vez, sin que el nivel decaiga, publicaba en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences': los reyes de la fiesta lo son por naturaleza. El estudio lo elaboró con una cohorte de 1.100 de gemelos idénticos y mellizos del National Longitudinal Study of Adolescent Health. Los gemelos idénticos mostraron características sociales mucho más parecidas entre ellos que los mellizos, con lo que constató que aquellos con una vida social rica, la tienen en parte gracias a sus padres. Y los solitarios pues eso, que la culpa también la tienen los padres.

Difícil decisión

Y ahora es el momento de rizar el rizo (como me gusta regocijarme en mi dolor). Hablando de solitarios, el aislamiento social, la otra cara de las redes sociales, podría aumentar el riesgo de sufrir ciertas enfermedades, así como podría provocar una muerte precoz. Aunque este peligro no se ha constatado con certeza, la epidemióloga Lisa Berkman, de la Universidad de Harvard, acaba de iniciar un estudio financiado por los Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos. Estudiando datos de la década de los 80, la científica ha detectado que las personas que presentan bajos resultados en una escala que mide la integración social aumenta de 2,5 a 3 veces las probabilidades de morir en los siguientes 7 años. Según ella no es de extrañar, porque asegura que la tendencia a aislarse se relaciona con conductas de riesgo y, asimismo, te hace más sensible a sufrir enfermedades.

Osease… que aunque quiera no podré apartarme ni de Eva ni de su magdalena de chocolate. Uno, porque si lo hago corro el riesgo de enfermar por aislamiento social y tener una muerte prematura, y eso no lo quiero; dos, porque mis genes son por naturaleza sociables (al menos eso me dicen). Además soy gemela idéntica y mi hermana es igual que yo. No quiero ni pensar cómo acabaré. Quien pudiera desligarme de mi destino… Me queda el consuelo de pensar que si Eva es feliz con su tentempié, yo también lo seré. Al fin y al cabo nos encontramos a un grado de separación. Es más, a una silla de distancia.

5:27 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (0)