
Tras un largo periodo de silencio científico, los ensayos con células madre vuelven a la primera plana de los rotativos. La aprobación de un primer experimento en Estados Unidos por la FDA, al que le precedió otro en Gran Bretaña, parece querer hacer cierta la aseveración de Barack Obama de "devolver a la ciencia al lugar que se merece".
XAVIER PUJOL GEBELLÍHa sido mucho el tiempo transcurrido sin que las células madre de origen embrionario hayan tenido un papel protagonista en los medios. En lo científico y en su aplicación en modelos animales o en humanos, porque en otros ámbitos se ha continuado hablando. Especialmente en los que a moral y a legalidad se refiere. Pero ahora, con apenas unos días de diferencia, Estados Unidos y Gran Bretaña han dado luz verde a ensayos clínicos para tratar a pacientes con lesiones irreversibles de médula espinal y afectados de infarto cerebral, respectivamente.
En ambos casos, los ensayos involucrarán a unos pocos pacientes, de diez a doce, por un tiempo indeterminado que fácilmente alcanzará los dos años de tratamiento. El objetivo principal de los estudios es establecer los márgenes de seguridad (centro de interés prioritario en los ensayos en Fase I) aunque los portavoces de ambas investigaciones no descartan en absoluto la búsqueda de respuesta clínica. Si la administración de células madre demuestra ser segura en dosis bajas, no se descarta en absoluto incrementarlas gradualmente hasta alcanzar umbrales en los que sea posible observar la regeneración de tejidos dañados.
La coincidencia entre ambos anuncios, por más que sea el norteamericano el que ha recibido mayor publicidad, no debería pasar inadvertido. Ni tampoco debería ignorarse el verdadero significado que, en términos políticos y económicos, tienen cada uno de ellos.
Veamos el caso británico. La parte del león se va a desarrollar en el Southern General Hospital de Glasgow con tecnología de la compañía Reneuron que, dos años antes, ya había solicitado sin éxito autorización a la todopoderosa FDA estadounidense. El estudio se desarrollará a lo largo de dos años con células madre obtenidas de embriones sobrantes de procesos de fertilización artificial y el objetivo que se persigue es tratar de regenerar áreas del cerebro dañadas tras haber sufrido un ictus. Se estima que al menos un tercio de los pacientes que han pasado por esta traumática experiencia logran recuperarse totalmente y que otro tercio restaura buena parte de las funciones (asociadas a la movilidad y al habla, principalmente) afectadas. Sin embargo, otro tercio sufre discapacidades para las que no hay solución médica efectiva. Va a ser en una docena de este tipo de casos en los que se va a inyectar células madre en el cerebro.
Pero más allá del avance científico que se persigue, el anuncio británico tiene un punto de posicionamiento estratégico que no debería sorprender a nadie. Los responsables de la compañía, así como las autoridades sanitarias anglosajonas, hacen mención explícita a las dificultades que entraña desarrollar este tipo de investigaciones en Estados Unidos, donde las peticiones de inicio de estudios han recibido, una y otra vez, sonoras negativas. Si el sistema norteamericano mantiene su política de ralentización, señalan fuentes de Reneuron, Europa podría posicionarse como espacio líder en el desarrollo de terapias basadas en células madre y, por ende, en medicina regenerativa.
Científicamente, el caso norteamericano tiene similitudes notables. Lo que se pretende es inyectar células madre embrionarias en la médula espinal de pacientes que hayan padecido traumatismos severos que hayan provocado pérdida de movilidad. Como en el estudio británico, previamente se han efectuado numerosas investigaciones para comprobar la seguridad del tratamiento en modelos animales. Más que establecer capacidad regenerativa, lo que se ha querido asegurar es la ausencia de efectos tóxicos o la aparición de tumores, una de las principales preocupaciones en este tipo de tratamientos.
Geron, la compañía estadounidense que acaba de recibir la autorización de la FDA, vio en marzo pasado como su solicitud era nuevamente denegada. No era su primer intento.
¿Por qué ahora sí y hace unos pocos meses no? ¿Qué ha cambiado en este tiempo?
Más de uno ha relacionado el cambio de rumbo en la FDA con la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Como se recordará, el anterior presidente, George Bush, limitó la financiación federal con células madre embrionarias a unas pocas líneas, muchas de las cuales procedían de modelos animales y cuya utilidad se ha visto limitada con el tiempo. Las restricciones oficiales, promulgadas en 2001, obligó a los científicos norteamericanos a buscar refugio en empresas privadas, en las que no han existido limitaciones de este tipo, o en países de acogida, principalmente Europa y el Sudeste Asiático. Thomas Okarma, el científico que encabeza las investigaciones en Geron, es uno de los investigadores que tuvo que buscarse asilo en la empresa privada.
Obama había manifestado en su campaña electoral que había que "devolver a la ciencia al lugar que le corresponde". Y tras su toma de posesión firmó un decreto que abre las puertas a esta posibilidad.
Es posible que ello sea cierto. Pero no lo es menos que de un tiempo a esta parte se han multiplicado las críticas a una administración que, amparada en motivos religiosos, había dejado al margen del control una línea de investigación considerada estratégica. Mantener las restricciones era poco menos que entregar el liderazgo a la empresa privada, es decir, las grandes multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas, o bien a economías emergentes o a la Vieja Europa. Quien sea en Estados Unidos ha decidido que eso no tiene sentido para sus intereses y lo han dado a conocer coincidiendo con la investidura del nuevo presidente y con el anuncio de la investigación británica. Toda una declaración de intenciones.