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Lecciones aprendidas sobre la organización de congresos

Enviado el viernes, 16 de enero de 2009 4:35

En diciembre de 2007 asistí al congreso de la American Geophysical Union, uno de los mayores de Estados Unidos, en calidad de estudiante de periodismo científico. Me quedé un tercio maravillada, dos tercios agobiada: tantos conferenciantes, tantas presentaciones, tantos periodistas corriendo de aquí para allá. Había una conferencia de prensa cada hora, y los periodistas debían decidir si ir allá o asistir a alguna de las docenas de sesiones científicas que se estaban llevando a cabo al mismo tiempo.  “Madre del amor hermoso, ¿cómo se puede orientar alguien entre este caos?”, me pregunté. Ironías de la vida, al año siguiente me encontré participando otra vez en el congreso, pero esta vez no como asistente, sino como organizadora.

María José Viñas
Empecé a trabajar para AGU en octubre, y casi desde la primera semana mi principal tarea fue la organización de los eventos de prensa del congreso; una visita de campo guiada para los periodistas, unos talleres sobre cómo comunicar la ciencia para científicos y relaciones públicas,  y una veintena de ruedas de prensa. Con las dos primeras actividades, mi jefe y yo tuvimos suerte; dos agencias gubernamentales se encargaron de la organización. Pero respecto a la tercera (y más crucial), estábamos solos ante el peligro. Bueno, no exactamente solos: con dos personas en plantilla, hubiera sido imposible bucear entre los más de 15.000 sinopsis de pósters y artículos que se presentaban en el congreso. Así que pedimos ayuda a dos tipos de expertos: los científicos encargados de la organización de sesiones (había más de mil sesiones en el congreso) y los periodistas que trabajan en los gabinetes de prensa de las grandes agencias científicas: la NASA, US Geological Survey y National Oceanic and Atmospheric Administration, entre otras.

Lo primero que aprendí: los científicos no son especialmente buenos en identificar historias que puedan interesar a la prensa. Pese a que fuimos muy específicos en nuestras instrucciones, en la mayoría de los casos sólo conseguimos respuestas del estilo “tal presentación suena bien”.  Al principio intenté indagar un poco, enviando e-mails del tipo: “Querido Dr. Fulanito: Pese a que le agradezco enormemente su sugerencia de organizar una rueda de prensa basada en el artículo Conductividad eléctrica y temblores no volcánicos, le pediría que por favor definiera un poco más qué hay en este artículo que pudiera interesar a la prensa. Por ejemplo: ¿tienen los resultados de esta investigación implicaciones importantes para el público? ¿Han resuelto los investigadores algún misterio que llevara de cabeza a los científicos desde hace tiempo? ¿O es la ciencia descrita en el artículo interesante de por sí?” La respuesta del buen señor: “La verdad, los artículos que te he mencionado parecen interesantes, pero como caen fuera de mi campo, no sé explicarte qué implicaciones podrían tener”. Descorazonador, aunque honrado.

Lo segundo que aprendí fue que el problema con los colegas en otros gabinetes de prensa era otro. Eran muy hábiles a la hora de explicar la importancia de la ciencia llevada a cabo por sus investigadores... tal vez demasiado hábiles. Es decir, intentaban colarnos algunos goles. Pero nada muy descarado y, la verdad, no sé qué habríamos hecho sin su ayuda. Como comprobé durante el congreso, hay un mundo de diferencia entre una conferencia de prensa que ha sido bien organizada y una que no. La campeona entre las agencias en este caso es la NASA, cuyas relaciones públicas incluso organizan ensayos de la rueda de prensa, durante los cuales enseñan a los ponentes cómo empezar con buen pie (resumir durante los primeros minutos cuál es el contexto científico y qué hay de nuevo en los resultados que se presentan es de muy agradecer), continuar con paso firme (la regla de oro: lo bueno, si breve, dos veces bueno) y salir del ruedo a hombros (anticipando cuáles serán las principales preguntas que los periodistas les harán, y planeando respuestas claras y precisas).

También aprendí varias cosas sobre los periodistas científicos. La más curiosa, que se amotinan cuando se acaba el café en la sala de prensa. Y la más preocupante, que bastantes de ellos (especialmente los más estresados, es decir, los que tienen que enviar historias a diario desde el congreso) van al ritmo que marcan las ruedas de prensa.

Y finalmente, también aprendí algo sobre mí misma: me di cuenta de que en el fondo, pese montar ruedas de prensa con la NASA tenga su morbo, preferiría atender el congreso en calidad de periodista en vez que de organizadora.


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