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viernes, 07 de noviembre de 2008


Hace tiempo que se habla economía del conocimiento. Ya en el año 2000, en Lisboa, los cabezas de estado de los diferentes gobiernos europeos aseguraban que si Europa no se convertía en una región que basara su economía en el conocimiento perdería la posición privilegiada que, aún, ocupa en el mundo. La fecha límite era el 2010. Vamos con retraso.






Núria Llavina Rubio


También se dice que, para empezar a andar, uno de los puntos clave está en universidades españolas de calidad que sean capaces de competir con las prestigiosas universidades británicas o norteamericanas. Cuidar el talento, cultivarlo mediante inversiones estatales y autonómicas es la necesidad. También vamos con retraso. La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) ha publicado el primer informe que mide la calidad de la enseñanza universitaria de forma exhaustiva. Se centra en los postgrados y se llama La evaluación de la calidad en las universidades 2007. No vamos muy bien que digamos.

Sólo el 36% de los nuevos títulos oficiales de máster y doctorado en curso autorizados por las comunidades autónomas en 2007 han sido evaluados positivamente. Además, el 55% de los postgrados españoles fueron autorizados sin que se hubieran sometido a una evaluación previa de la ANECA ni de los organismos regionales encargados de medir la calidad de estos programas. Finalmente, un 9% fue autorizado a pesar de obtener una valoración negativa, según el nuevo informe. El informe también confirma el número creciente de programas autorizados sin procesos de evaluación, sobre todo en Madrid.

Y paro ya, porque me pongo de mal humor. Mientras hace años que el talento científico español se lamenta de la precariedad en la que se encuentran los jóvenes investigadores, se insiste en crear nuevos estudios y multitud de cursos sin procesos de evaluación sin percibir que lo importante no debería ser la cantidad, sino la calidad: en el ámbito de la ciencia, los doctorandos españoles sufren lo peor del mundo laboral y del mundo estudiantil. Asumen las responsabilidades de los trabajadores (sin seguridad social) y el estatus del estudiante. Resultado final: los investigadores optan por marcharse a países donde la investigación se percibe como uno de los puntos básicos para el desarrollo social, científico, tecnológico y, sobre todo, económico. Un ejemplo está en Estados Unidos para variar, donde sobre todo en California está desarrollando brutalmente la investigación avanzada y la creación de industrias basadas en el conocimiento. Y todo porque miman a su talento.

Joan Guinovart, director del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB Barcelona) decía hace un tiempo en una conferencia que para una sociedad del conocimiento hacen falta tres condiciones: gente muy bien preparada y cerebros que innoven, una buena calidad de vida y un aeropuerto internacional con conexiones en todo el mundo. Y englobarlo todo con acciones de estado que favorezcan esta situación.
Y aquí ni se mima ni se cuida. Los estudiantes deben estudiar a toda costa porque si siguen estudiando siguen pagando y eso es lo importante. Por eso complican tanto las cosas. En este sentido, el estudio de ANECA pone de manifiesto este embrollo de la actual enseñanza que conduce a un título de postgrado. Se asegura que estos estudios tienen una “naturaleza difusa”: a veces incluye la suma de máster y doctorado o la suma de cursos de especialización que permiten alcanzar un máster, un doctorado o ambos, o un camino hacia el doctorado o una forma de seguir formándose para conseguir la inserción laboral.
Proyección internacional

El sistema  universitario enmarañando por un lado y el gobierno vistiendo de gala una situación para nada confortante. La promoción del sistema universitario español, para atraer a los mejores estudiantes e investigadores extranjeros y aumentar la movilidad internacional de los universitarios españoles, es teóricamente objetivo prioritario el gobierno, que recientemente ha aprobado la constitución de la Fundación “Universidad.es” (supongo que el "punto es" significa que habrá una página web, que por ahora no existe). La Fundación contará en teoría con una estructura estable dedicada exclusivamente a contribuir al proceso de dinamización internacional del sistema español de educación superior. Este espacio serviría, por tanto, para reforzar el papel de España en el contexto internacional, así como para posicionar al sistema universitario español entre los más atractivos y competitivos del mundo, por su calidad docente e investigadora.

La creación de la Fundación se enmarca en la Estrategia Universidad 2015, proyectada para modernizar las universidades españolas mediante la promoción de la excelencia docente y científica, la internacionalización del sistema universitario y su implicación en el cambio económico basado en el conocimiento y en la mejora de la innovación.

De palabras anda el juego. Veremos si las bellas palabras se convierten en acciones reales. Por ahora, lo único que palpan los investigadores jóvenes es la precariedad y la dificultad para seguir investigando una vez se ha acabado la beca que tanto les ha costado adquirir. Desde mi posición de observadora, es también desagradable ver que, a pesar de su imprescindible implicación en proyectos de investigación, a pesar de que su nombre aparezca en revistas prestigiosas y a pesar de trabajar-estudiar, el trabajo de los jóvenes investigadores no es reconocido en la mayoría de los casos. El campo de la investigación científica es de los únicos que tiene becarios pasados los 30 años. Pocas probabilidades hay, además, de trabajar en el sector privado.

El tercer informe INNOVACEF, llevado a cabo por el Centro de Estudios Financieros (CEF) en colaboración con la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI), no es alentador a pesar de los esfuerzos del gobierno. En este informe se trata de conocer el índice de confianza de los jóvenes investigadores españoles con el sistema universitario español, que este año se ha situado en aproximadamente un 42%. Escasa confianza. El mismo índice de confianza para aquellos que investigan en el extranjero es de casi el 67%. La diferencia es notable. Las diferencias continúan si se observan las perspectivas favorables de ser contratado tras el postdoctorado: en el extranjero estas probabilidades se triplican literalmente. El informe reconoce, sin embargo, las carencias que también se producen en el extranjero en relación con las patentes o las aportaciones privadas. En un momento en que el desafío en la economía y en la sociedad del conocimiento se basa en la atracción y retención de talento, lo que pasará probablemente en España es que continúe la tradicional fuga de talento español al extranjero y, además, los propios extranjeros no vengan.

El sistema universitario no cesa en embrollar la situación de postgrados, másteres y doctorados. El gobierno no cesa en "esforzarse" y de vestir de gala con palabras una situación precaria. Mientras tanto, los más afectados siguen desarrollando su vocación a la espera de, algún día, poder llevar a cabo una verdadera carrera investigadora que les motive y que, además, les pueda dar de comer.

4:44 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (1)