Cuando me fui de España, hace dos años ya, confieso que no tenía mucha experiencia en el campo de la divulgación científica. Pero un colega curtido en batallas se me quejaba de que, en ocasiones, en algunos de los seminarios para comunicadores científicos a los que asistía todavía se planteaban preguntas tan básicas y “demodé” como “¿pueden científicos y periodistas comunicarse?” Al pobre le ponían de los nervios.María José Viñas
Luego, cuando estuve estudiando mi postgrado en una universidad de Estados Unidos (donde los periodistas científicos ya saben que sí, se pueden comunicar con los investigadores), fui testigo una y otra vez de otro tipo de quejas de los profesionales del sector, que lloraban la progresiva pérdida de espacio dedicado a las noticias de ciencia en los periódicos, y se entristecían por la batalla (perdida de antemano) de los medios tradicionales frente a los digitales.
“La profesión anda de capa caída”, nos decían a mis compañeros de clase y a mí. “No quiero desanimaros, pero no son buenos tiempos para empezar a trabajar en este campo”.
La verdad, nunca acabé de creerme que la cosa estuviera tan mal. Pero aun así, fue alentador asistir la semana pasada a un seminario que, en vez de quejarse por los cambios del sector, se centraba en explicar a periodistas, educadores y científicos cómo sacar el máximo provecho de las nuevas oportunidades que se presentan con el avance de los medios digitales.
El seminario, “New Digital Media and Public Engagement With Science” (“Nuevos medios digitales y participación del público en la ciencia”), estaba organizado por el
Exploratorium (el museo de la ciencia de San Francisco, que con su página web fue uno de los pioneros en el campo de la comunicación científica en Internet) y avalado por la
National Science Foundation. Durante la presentación, el director ejecutivo del Exploratorium, Rob Semper, habló de cómo las particularidades de Internet presentan retos tanto a científicos como a educadores y periodistas especializados en ciencia. En Internet, la audiencia tiene una capacidad de atención más corta, lo cual supone un dolor de cabeza para los pobres comunicadores, acostumbrados a contar sus historias en formatos más extendidos. Además, a esta ciber-audiencia le gusta “meter mano” en todo (dejando comentarios por doquier, creando sus propias páginas web o contribuyendo en proyectos comunales, como Wikipedia) y en Internet es más difícil garantizar que la información científica que se publica es precisa, ya que existen menos filtros. ¿Debería esto desanimar a los aquellos involucrados en la difusión de la ciencia? No, porque los consumidores de información científica a través de medios digitales presentan también características muy atractivas: buscan información activamente (en vez de recibirla pasivamente, como los espectadores de televisión), están motivados y muy distribuidos tanto geográfica como socialmente.
A continuación, John Horrigan, del
Pew Internet Project, presentó los últimos datos conocidos sobre cómo el público utiliza Internet para acceder a información científica, que incluían un aumento en el uso de Internet a través de dispositivos móviles, como PDAs y teléfonos. Como curiosidad, Horrigan destacó que el teléfono móvil permite un acceso más universal a la información, ya que sectores sociales que normalmente no disponen de demasiada facilidad para usar ordenadores con conexión a Internet, como afroamericanos y latinos, sí que utilizan sus móviles activamente.
Una periodista de
Scientific American, una revista que ha estado apostando fuerte en su versión digital en los últimos años, dio varias recomendaciones para todo aquel medio que quiera triunfar en crear una comunidad online: ten en mente cuál es tu objetivo (¿Fidelizar a tus lectores? ¿Incrementar el tráfico de tu página web?), conoce a tu audiencia, contrata suficiente personal para mantener actualizada la web, consigue a un experto que te monte una página increíblemente sencilla de navegar y sobretodo, invierte en márketing, porque en este mundo sobredosificado de información, tener un producto extraordinariamente bueno no equivale a tener garantía de que triunfará.
Tras la participación de un comunicador que ha montado la operación en Second Life para la NASA, de una periodista del programa de ciencia
Quest (que utiliza tanto recursos de TV, como de radio y Web) y de responsables de comunicación para varios programas de exploración antártica,
Matt Nisbet, un académico que estudia la eficacia de las campañas de comunicación, advirtió que, para involucrar al público con la ciencia, no basta con Internet: la información científica web es sólo un cebo, pero a partir de ahí se tiene que conseguir que la gente participe en actividades en el “mundo real” (como visitas a museos u otros tipos de actividades científicas) para que realmente aprendan, desarrollen un afecto verdadero por la ciencia y se conviertan ellos mismos en promotores del conocimiento científico entre sus conocidos.