De cómo usar el coche y no echar ni un gramo de CO2 al aire
Una persona importante nos comentó a mí y a un colega que entre los años 2015 y 2020 todos los coches serán puramente eléctricos, es decir, que no llevarán motor de combustión. Nos comentó también que si Europa no se espabila perderá la carrera del futuro. Se ve que por ahora la está ganando China, y que por ahora dependemos de este país que, a pesar de los temores por contaminación, ha organizado unos Juegos Olímpicos que se dice que van a hacer historia, como un día lo hizo Barcelona ’92 con esa inauguración que rompía con todo lo hecho anteriormente. No recordaba yo tantos récords en unos juegos, y eso que los deportistas tenían que ver limitadas sus opciones por deficiencias respiratorias.
Núria Llavina Rubio
El poder asiático
Pero volvamos al caso que ahora más nos acaece. Superados algunas limitaciones, como la velocidad y la autonomía, los coches eléctricos y la electrónica en general moverán el mundo dentro de relativamente pocos años. Nos lo dijo Pietro Perlo, director del Centro Research Fiat, mientras improvisábamos una oficina de prensa en los bancos del patio del Convento Della Calza, en Florencia, habilitado durante 4 días para celebrar el Congreso Internacional de Magnetismo Molecular. Según Perlo, no hay razones ni técnicas, ni económicas ni medioambientales para la creación de movilidad electrónica total. El problema es que aún no tenemos industrias suficientemente desarrolladas como para no depender del gigante asiático.
Ya en 2002 Wang Gang, de la Universidad Tongji de Shanghai, aseguraba que aunque China estaba a años luz para igualar al sector automovilístico tradicional, las diferencias tanto electrónicas como en industrialización no eran tan grandes si se tenían en cuenta los coches eléctricos. Y los chinos lo sabían, de manera que en este mismo año ya se encontraban en funcionamiento una docena de proyectos científicos y tecnológicos. También lo sabían las empresas automovilísticas más tradicionales. Desde principios del nuevo siglo, General Motors, Daimler- Chrysler, Ford o Volkswagen contrataban a equipos de investigación y desarrollo y a fabricantes chinos. Que no perdamos el carro chino, debían estar pensando.
A finales de 2009 apareció una noticia informando de que la compañía china BYD produciría en masa coches eléctricos recargables a partir de 2009. Se trataba de 100.000 modelos híbridos alimentados a partir de gasolina y electricidad. En ese mismo momento, otras empresas chinas mostraban prototipos de baterías eléctricas que se recargan al 70 % en 10 minutos. También la Corporación Industrial del Automóvil de Shanghai (SAIC, en inglés), el mayor fabricante chino, estaba (y está) trabajando en vehículos alimentados con electricidad generada a partir de hidrógeno (que pueden alcanzar los 120 kilómetros por hora). Se espera producir 50.000 de los mismos hacia 2010.
Quizás la necesidad hizo reaccionar a China. Desde que el país asiático entró en la carrera de la economía mundial, los niveles de vida del país han ascendido brutalmente. La venta de automóviles se ha disparado de forma tan exagerada (más del 30% de crecimiento anual) que se ha visto reflejado en los niveles de contaminación. China no cumple ni de lejos los criterios establecidos en Kyoto, y la mayor parte proviene de los gases producidos por los coches. La mayor parte de los expertos en el sector aseguran que la salvación pasa por el desarrollo de coches eléctricos. Estos vehículos, impulsados por baterías virtualmente con "cero emisiones", ayudarán a detener la contaminación de aire, a reducir la escasez de energía, así como darán impulso al desarrollo de la industria automotriz del país. No hay mal que por bien no venga. Parece que la toma de conciencia sobre las necesidades medioambientales empieza a globalizarse, como todo.
El control del magnetismo molecular
Según Pierlo, el control del comportamiento molecular es el mejor método para controlar la industria del automóvil eléctrico en el futuro. En resumen, que la investigación en electrónica molecular es la clave para el desarrollo competitivo de coches eléctricos. Y en eso parece que Europa se está poniendo las pilas. Primero con la Red Europea de Magnetismo Molecular MAMGANet, que se puso en marcha en 2004, y ahora con la continuación de la misma Red pero con otro nombre, European Institute of Molecular Magnetism (EIMM). Se trata de interrelacionar investigadores y centros de investigación de toda Europa con el objetivo de unir esfuerzos en materia de magnetismo molecular, entre los cuales España se encuentra de forma muy activa. La Universidad de Zaragoza, la de Valencia o el Institut de Ciència de Materials de Barcelona (ICMAB) son las instituciones que trabajan en la Red desde los inicios.
Coches electrónicos para el medio ambiente, ya que suponen menor emisión de CO2 independientemente de donde se produce la electricidad, para la reducción de problemas en el reciclaje de materiales, para evitar la necesidad de nuevas infraestructuras costosas, para reducir la dependencia de la energía primaria (menos energía para producir un vehículo y menos energía para hacerlo funcionar), para reducir el uso de materias primas como aluminio o el acero, para poder conducir sin restricciones, para que nos cuesten menos dinero (tanto comprarlos como mantenerlos) pero que tengan el mismo rendimiento, para pasarlo mejor mientras conducimos.
Y como no, para nuevas oportunidades industriales: nuevos vehículos, generadores eléctricos, poder electrónico, baterías, e-motores… Pietro Perlo parece ahogarse cuando enumera las ventajas. El coche eléctrico es el futuro, y empieza la carrera de caballos para ser primeros y las apuestas correspondientes. Si el gobierno español está atento, sabrá que tiene una gran oportunidad para intentar liderar un proyecto nacional propio. ¿Sería posible compensar la crisis actual con el desarrollo de una industria que, según Pierlo, moverá un porcentaje muy elevado de la economía en el futuro? Habrá que verlo. Anticiparse es la clave.