Uno de los puntos más fuertes del máster de periodismo científico que estoy cursando en la Universidad de California, Santa Cruz, son los invitados que mis profesores traen de vez en cuando a clase para que nos expliquen sus batallitas periodísticas. El más reciente de estos visitantes fue Ken Weiss, periodista medioambiental de Los Angeles Times, que en 2007 recibió, conjuntamente con sus colegas, la reportera Usha Lee McFarling y el fotógrafo Rick Loomis, un premio Pulitzer por su magnífica obra Altered Oceans (Océanos alterados).
María José Viñas
Altered Oceans es una serie de cinco reportajes sobre el deprimente estado actual de océanos y mares en todo el mundo, que fueron publicados entre el 30 de julio y el 3 de agosto de 2006. Los artículos acapararon cinco portadas consecutivas del
Los Angeles Times, el quinto diario más vendido en Estados Unidos. Esto constituyó un raro privilegio para una serie de historias medioambientales que no iban estrictamente ligadas a noticias de rabiosa actualidad, sino que se dedicaban a hacer un repaso exhaustivo del impacto que hemos tenido los seres humanos en el océano y sus habitantes. Pero el emplazamiento de las cinco historias en portada tuvo poco que ver con la simple buena suerte. “Me pasé mucho tiempo diseñado estrategias para captar la atención de los editores de portada,” nos explicó Weiss. “No fue fácil: no contaba ni con huracanes, ni con masacres…”
Efectivamente, la historia que Weiss quería explicar no disponía de dramas de los de “sangre y vísceras”, ni había ningún famosillo implicado. Así que cualquiera que conozca un poco cómo funciona el mundo del periodismo podrá imaginarse cuál fue la primera reacción de los editores de Weiss cuando éste les propuso dedicarse varios meses a investigar cómo las floraciones descontroladas de algas tóxicas están masacrando las poblaciones de mamíferos marinos y provocando graves problemas de salud entre pescadores y habitantes de áreas costeras. “«Ken quiere escribir sobre algas», decían mis editores, alucinados”, recuerda el flamante ganador del Pulitzer.
Pero Weiss no se dio por vencido. Al fin y al cabo, se había pasado casi un año planeando el tipo de historia que quería contar. Así que dedicó un par de semanas más a escribir un memorándum sobre su propuesta, documento que circuló entre los diversos editores de Los Angeles Times durante dos meses, hasta que uno de ellos decidió arriesgarse y apostar por el proyecto. Una vez tuvo el visto bueno de los editores, Weiss trabajó durante un año en su serie, al mismo tiempo que seguía dedicándose a cubrir diariamente la actualidad medioambiental.
Weiss y su fotógrafo viajaron a una zona de Australia donde un brote de algas tóxicas estaba provocando úlceras dolorosísimas entre los pescadores locales. El equipo de Los Angeles Times visitó una remota isla en medio del Océano Pacífico donde las corrientes marítimas depositan a diario toneladas de plástico, basura que los albatros recogen para alimentar a sus polluelos, que acaban muriendo cuando el plástico colapsa su aparato digestivo. Weiss escribió sobre centros de recuperación de mamíferos marinos en California, que acogen a centenares de focas y leones marinos con enfermedades nerviosas provocadas por brotes de algas tóxicas que contaminan los moluscos y peces de los que los mamíferos se alimentan. En la serie, Weiss conecta todas estas historias aisladas hasta bosquejar una imagen global de los océanos desoladora.
El impacto de Altered Oceans fue inmediato, y empezó con una riada de comentarios y cartas de lectores conmovidos. “He conocido al enemigo y reconozco su cara. (…) Soy yo, mi familia, mis amigos y todos aquellos a los que conozco,” escribía un lector en la web de Los Angeles Times. Poco después, un grupo medioambiental se comprometió a hacer llegar una copia de los reportajes a todos y cada uno de los miembros del congreso de Estados Unidos.
La primera parte de Altered Oceans menciona una cita del poeta Lord Byron: “El hombre arruina la tierra, pero su poder se acaba en la orilla del océano”. Un periodista cabezota logró hace dos años que muchísima gente en Estados Unidos se diera cuenta de que Byron era un optimista; el poder destructor de los humanos está también causando estragos en los mares.