Acercar la ciencia a la sociedad no es tarea fácil. Para muchos es entrar en un universo desconocido del cual se autoexcluyen, generalmente por la dificultad del lenguaje y por el hermetismo con que suelen presentarse los contenidos. Es paradójico que, ante una sociedad tecnológica cada vez más basada en el conocimiento, la propia sociedad quede fuera de los avances. Y ya no por el tipo de información, complicada por naturaleza, sino porque hay tantos y tan rápidos avances que cada vez deberíamos saber más pero da la sensación que sabemos menos.
Núria Llavina Rubio
El periodismo científico se plantea como una vía facilitadora para llegar a este tipo de conocimiento. Yo es que soy de letras mixtas, algo que me hicieron escoger cuando tenía la madurez de los 14 años (mi contacto con las ciencias se limitó a las matemáticas más sociales). Es más, me dijeron que eran dos cuestiones irreconciliables y que, por tanto, tenía que decidirme. Tras estudiar Periodismo (CIENCIAS sociales y de la comunicación, dicen), me doy cuenta de que sé un poco de todo y mucho de nada. Y me doy cuenta de que si quiero comunicar ciencia debería haber aprendido bases científicas que ahora no tengo, por lo que debo mover cielo y tierra para no caer en contradicciones ni en falsedades. ¿Qué es mejor, un científico buen comunicador o un comunicador que se cree especializado en ciencia?
El caso es que, ya sean científicos o periodistas especializados quienes lo intentan, la ciencia propiamente dicha "no llega", mientras que a la vez el conocimiento científico se está convirtiendo, y permítanme la hipérbole, en la clave para la supervivencia. Ya me dirán como vamos a concienciar sobre la sostenibilidad si no se comprende el concepto en sí mismo y, mucho menos, las bases científicas que podrían conducir a una sociedad sostenible. Términos como vacas locas, capa de ozono, cambio climático, gripe aviar… Lejos de ser ya términos científicos en sí, se han convertido en conceptos mediáticos, populares. En estos casos, la ciencia llega. Me pregunto, sin embargo, de qué modo lo hace. ¿Es la ciencia popular la que interesa?
Qué divagación… Pero me sirve para llegar al quid de la cuestión, el cómo he llegado a la conclusión (lógicamente discutible) de que la sociedad en general "pasa" del conocimiento científico, y que la ciencia sólo interesa cuando es popular o, más bien, mediática. Lo he encontrado en la Red.
Very important personDesde hace escasos meses el grupo PRISACOM tiene abierta (aún en modo Beta) la llamada lista WIP (Web important people), creada como herramienta de medición de tendencias en el mundo internauta, con datos apoyados en el principal motor de búsqueda, Google. Dejando de lado las posibles críticas encaminadas a poner en duda que WIP no diferencia entre influencia real y popularidad. Dejando también de lado que me he encontrado con varios nombres que no corresponden con el verdadero (tenemos al académico Francisco Rico y a un jefe de policía con el mismo nombre que comparten votos). El caso es que, en la lista WIP, representa que los primeros nombres del ranking aparecen millones de veces en Google. Y de Britneys Spears no hay más que una. Quien aparece se convierte en lo más buscado, y muy a menudo ocurre que la impopularidad te hace popular. O si no pregúntenle a George Bush.
Tras ver que en España no aparece ningún científico en el listado de ranking (debes usar el buscador y probar suerte), me dediqué a analizar la importancia que se otorga a los personajes catalogados como científicos en Estados Unidos. Las conclusiones a las que llegué no son ni mucho menos alentadoras: ratifico mi idea de que la ciencia que más interesa es la popular, la que genera curiosidad por diversos aspectos controvertidos. En el primer lugar de la lista estadounidense se encuentra
Richard Stallman, un físico defensor a ultranza de los software libres (se le conoce como el fundador del movimiento) que inició su carrera hacia la popularidad como hacker. Sin desmerecer para nada sus conocimientos (es el antecesor de la conocida Wikipedia) y sin juzgar su indumentaria (cada uno es libre de vestir como quiera), se le conoce más por sus extravagancias y rarezas. Le llaman el gurú y el profeta del software libre.
Ciencia mediáticaCraig Venter, uno de los padres (privados) del genoma humano, es otro de los científicos más populares en Estados Unidos según la lista WIP. Queda por determinar si su popularidad viene determinada por anunciar a finales del 2007 que su equipo había conseguido sintetizar un cromosoma artificial y crear, por tanto, vida artificial o, sencillamente, por ser un personaje mediático cuyas investigaciones ya adquieren proyección global aunque se trate de descubrir cómo encontrar agujas en pajares.
Al parecer, podría muy bien ser que su popularidad radique en su carácter mediático. Este señor lleva viajando tres años alrededor del mundo en su yate lujoso para capturar el ADN de los virus y bacterias en papel de filtro y enviarlas al Instituto que lleva su nombre para ser secuenciados. Que sí, que el motivo (descubrir millones de genes nuevos) es más que suficiente como para justificar la ostentación del viaje, pero me gustaría una nueva Web que escudriñara si los internautas usan, en los buscadores, palabras claves como yate / lujo / Sorcerer II (nombre del yate) / Craig Venter o, por el contrario, biodiversidad / nuevos genes / Craig Venter.
No me extrañaría que la primera opción superara a la segunda. Es al menos lo que deja entrever el listado global, que otorga la mayor popularidad a nivel mundial a la impopularidad de George Bush, a la cantante convertida en no sé qué exactamente Britney Spears, a la "nieta" Paris Hilton, al rapero crítico con todo Eminem y al riquísimo Bill Gates. Más que para descubrir los secretos a nivel tecnológico de Windows, los usuarios lo deben haber hecho popular para así poder encontrar los entresijos de hacerse multimillonario en poco tiempo.
Un replanteamientoUna encuesta realizada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (
FECYT) en 2004 revela que la sociedad en general se preocupa por el conocimiento científico. Es más, le da una importancia notable a la necesidad de inversión pública dirigida a la investigación y valora muy positivamente el trabajo hecho por los investigadores. Por el contrario, la misma sociedad afirma no estar del todo formada y, sobre todo, informada.
La ciencia bien explicada y divulgada podría, por tanto, cumplir las expectativas de la sociedad y generarle nuevos intereses. El conocimiento científico entendido como parte de la cultura general podría ayudar a una mejor comprensión y entendimiento del mismo. Un periodismo científico bien planteado, científicos no tanto de laboratorio y de cuatro paredes, así como una educación científica de calidad, deberían ser los primeros pasos para que la ciencia no sólo interese cuando lleve consigo morbo, curiosidad y carácter mediático.