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viernes, 15 de febrero de 2008

Hacer deporte de forma habitual, llevar una dieta equilibrada, no fumar ni beber alcohol, dormir las horas necesarias… Estas son algunas de las consideraciones que podrían formar parte de un posible 'Decálogo de la vida saludable', destinado a mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades. Pero, ¿se pueden seguir todas estas pautas sin estresarse?

Marta Chavarrías

Dieta y ejercicio, o ejercicio y dieta. El orden es lo de menos, lo importante es que esta combinación sea lo más equilibrada posible para, por ejemplo, reducir los factores de riesgo de las enfermedades crónicas. En 2004, este binomio llegó a formar parte de una estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuya meta se fijaba ya promover y proteger la salud a través de la alimentación y la actividad física. La primera, la de los alimentos, es desde hace unos años la excusa de muchas de las actuaciones de las autoridades sanitarias de todo el mundo. Porque por lo visto se ha perdido la noción de lo que es una dieta saludable, y lo cómodo, rápido y práctico prioriza lo vegetal, tradicional y sano. Y es que las “exigencias” siguen creciendo. En EEUU, por ejemplo, las autoridades sanitarias recomendaban consumir cinco raciones de fruta al día; ahora exigen elevar esta cantidad a nueve, según confirmaba un reciente estudio publicado en el Journal of the American Dietetic Association.

En España, lo saludable aún se mantiene en las cinco piezas de fruta al día, gracias a las cuales podemos ayudar al organismo a prevenir no sólo enfermedades cardiovasculares, sino trastornos digestivos, algunos tipos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas, además de ayudar en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad. Pero es que cuanto más aumentan las cifras de personas que sufren una de estas dos últimas enfermedades, que llevan asociadas una mala y excesiva alimentación, además de falta de ejercicio, más aumentan las recomendaciones para evitarlas. El bombardeo de pautas saludables y recomendaciones está garantizado. Sin embargo, la balanza no logra equilibrarse, sino más bien todo lo contrario. Y si no ¿cómo se explica que la OMS prevea para 2015 que unos 2.300 millones de adultos sufran sobrepeso y más de 700 millones obesidad?

La verdad de los alimentos

Pirámides, ruedas, guías… han servido para agrupar los alimentos en distintas categorías, en función de su importancia y función en la dieta. Cereales, frutas, verduras y hortalizas son los que ocupan un lugar privilegiado de cualquiera que sea el instrumento nutricional. Les siguen los lácteos, carne, pescado, huevos, legumbres. No tienen tan buena fama los aceites y las grasas, y menos aún los dulces. Sabemos cuáles son los alimentos más saludables, las cantidades necesarias para que estos efectos sean factibles, también los alimentos de los que mejor no abusar, los que si abusamos no pasa nada… Pero no se logran revertir las cifras. ¿Demasiada información? Quizás estemos sufriendo un bombardeo de “recomendaciones saludables”, cuyos efectos sean quizás los contrarios a los perseguidos. A todo ello se le unen las contradicciones. El vino (con moderación, se entiende), ¿sí o no?; con el agua, ¿debemos llegar a los dos litros diarios?; ¿se pueden mezclar los alimentos? Cuando logremos aislar algunas de estas incógnitas, elaborar un menú adecuado, y llevarlo a la práctica, ¿habrá tiempo para hacer ejercicio?

Con un poco basta

Si hacemos caso a la opinión de la mayoría de expertos, con caminar a paso ligero cada día durante 30 minutos o bailar durante media hora nos bastaría para cumplir con el ejercicio mínimo más saludable. Con ello conseguiríamos mantener el peso adecuado, quemar las calorías acumuladas y prevenir la aparición de enfermedades crónicas, incluso mejorar la capacidad cognitiva y reducir el riesgo de estrés. En EEUU, la apuesta por el ejercicio como inversión en salud pública forma parte de las diez consideraciones principales a tener en cuenta (Healthy People 2010). Parece fácil, y poco esfuerzo para mucho beneficio. Pero a estas exigencias físicas, y para que el beneficio sea más armonioso, se le deben sumar otras observaciones, como las ocho horas mínimas de sueño al día, la dosis de "vida social" mínima, y la reserva de tiempo para "estar con uno mismo". La cuestión es si llevar una vida sana, o saludable, es una tarea fácil.

8:52 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (0)