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jueves, 07 de febrero de 2008

El mundo que conocemos envejece mal, lo hace con una herida mal curada que amenaza con comprometer su supervivencia. África es la herida del mundo; en la región más endeudada del planeta la esperanza de vida no llega a los 50 años, cuando por nuestras latitudes se aproxima a los 80.

JORDI MONTANER

Desertización, cambio climático, conflictos étnicos, subdesarrollo y pobreza se barajan entre las causas del apocalipsis africano; no obstante, pretender que lo que allí ocurra nada tiene que ver con quienes moramos por estos pagos y mirar para otro lado es poco menos que una estupidez. Hay una culpa, sí, que se fraguó en Berlín en 1885, cuando las potencias aún imperiales introdujeron el arte surrealista en el diseño cartográfico y dibujaron un continente remoto con fronteras tan postizas como imprecisas. Los africanos, por tanto, se vieron obligados en el siglo XX no sólo a luchar por su independencia, sino a conseguir una sensatez geopolítica a todas luces imposible.

Guerras y epidemias

Una guerra, en virtud de los parámetros europeos, merece considerarse “mundial” desde el momento que en ella contiendan varios países y las bajas civiles consiguen arruinar las expectativas de toda una generación.

La historia africana más reciente no es sino una sucesión de guerras mundiales devastadoras en las que el odio, la muerte, la tortura, los saqueos, las masacres, el genocidio, la corrupción, la hambruna y el desamparo son aún la norma… Hace escasos días, las cadenas de televisión emitían las escalofriantes imágenes de kenianos enfurecidos con el desbarajuste electoral de aquel país, rascando sus machetes en el asfalto y pidiendo sangre a gritos. Mozambique, Liberia, Ruanda y Burundi, Congo Kinshasa, Darfur… Las guerras mundiales en África corren una suerte como la de los incendios forestales en verano; la opinión pública acaba convenciéndose de que se tratan de un tópico típico. Puede que uno oiga hablar de miles de hectáreas quemadas sin hacerse una idea de lo que hay en realidad, pero nadie puede ignorar lo que significan tres millones de fallecidos en la guerra que azotó Congo Kinshasa durante cuatro años, o el millón de víctimas mortales que se cobró la primavera de 1994 en la zona de los grandes lagos centroafricanos. En sólo tres meses, hutus y tutsis se masacraron allí mutuamente, a ritmo de diez mil muertos al día. No había bombas y la munición escaseaba, así que los muertos se hicieron uno a uno, a golpe de machete… En Europa se nos hiela la sangre cuando alguien rescata de la memoria el funesto episodio de los campos de exterminio nazis, pero hay ejemplos africanos de mayor enjundia en los que nunca tanto esfuerzo ni tantas horas de fatiga fueron puestos al servicio de tanto dolor.

Cuentan que uno de los vídeos más visitados de Youtube tiene a África por escenario. En él se retrata a una manada de búfalos perseguida por unas leonas junto al lecho de un río… Grandes cadenas de televisión ilustran con toda suerte de detalles esas guerras de la exuberante naturaleza africana a una audiencia que poco o nada sabe hoy sobre la verdadera naturaleza de las guerras. Por si fuera poco, los mil millones de seres humanos más pobres del planeta, caracterizados por una invisibilidad, deben hacer frente a enormes retos sanitarios. En no pocos países africanos, tener SIDA es como aquí estar obeso o padecer hipertensión. En algunos estados, más del 30% de la población está enferma de SIDA; mujeres jóvenes y niñas suponen dos tercios del total de la población infectada por VIH en África.

Nana K. Poku (Bradford, Reino Unido) alertaba en un dossier del rotativo LA VANGUARDIA sobre los efectos que enfermedades como el SIDA, la tuberculosis y la malaria detentan sobre la estabilidad política de los países africanos. Sin embargo, ponerse a calcular la dimensión geoepidemiológica de la falta de recursos sanitarios en África es como pisar mierda, y nunca mejor dicho: Las diarreas matan cada año más niños que todos los casos de tuberculosis, malaria y SIDA juntos; poco menos de dos millones, poco más que las víctimas de una guerra civil a gran escala. Sorprende, aun así, que la OMS destine cada 12 meses más de 200 millones de dólares a la lucha contra el SIDA, más de 100 a la lucha contra la tuberculosis y sólo 7 a luchar contra las diarreas.

Hambruna

Nuestros trastornos digestivos y los de los africanos se distinguen por su causa. Con nuestras diarreas pagamos gastados empaches de comida; ellos, con las suyas, pagan cara la escasez de agua potable. Porque comer, lo que se dice comer, en África se come poco.
El presupuesto en alimentación de una familia típica europea, pongamos de cinco miembros y para una semana entera, oscila entre 150 y 300 euros. En Chad, en cambio, esos cinco miembros ajustan su presupuesto alimenticio semanal a un euro con 23 céntimos. La pobreza siempre es una razón, pero no la única. Etiopía, arquetipo de hambrunas, es también el principal productor de maíz del continente africano. Que las mazorcas producidas no puedan abastecer al país es simplemente por falta de redes nacionales de almacenamiento, comercialización y transporte…

No se trata de otro planeta, no está tan lejos; yo ahora vengo de allí. África es, de hecho, el origen de nuestra historia como seres humanos, de donde todos venimos; pero donde cada vez menos se atreven a ir. Incluso quienes allí moran, se afanan por aventurarse azarosamente hasta nuestras costas en busca de una pizca de dignidad. Nada tienen, y es curioso que con tanta nada no hayan aprendido a nadar tan bien como nuestros nadadores, capaces de cruzar el estrecho a nado tres veces seguidas o casi… Miles, millones de familias enteras desplazadas, sin casa, sin patria, con sólo nada, echaran en falta este año algo más que el Lisboa-Dakar o los goles de Eto’o en la copa africana. Aun cuando no falta quien se resiste a admitirlo, africanos y africanas son tan seres humanos como nosotros; tan lógico es que no entendamos su rabia desesperada, como que ellos no entiendan tampoco la caritativa tristeza que les despachamos. 

5:26 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (1)