Para los hipocondríacos rematados, vivir en la sociedad actual debe ser un calvario. Hablemos en primera persona. Siendo como soy, hipocondríaca de las buenas, debería ignorar muchas cosas de las que leo. Llevo toda la vida muriendo de cáncer, sintiendo síntomas por todas partes e imaginando mi nueva vida conviviendo con la enfermedad de turno. Estudios, metanálisis, grandes proyectos de investigación a largo plazo que un día ratifican mis miedos y el siguiente me alivian. Me estresan. Me estreso.Núria Llavina Rubio
La información sobre un estudio que leí hace unos días, la cual me gratificó considerablemente, me ha hecho recordar la enfermedad que creí padecer hace escasos meses tras leer otro estudio que relacionaba estrés con cáncer de ovario (dejé el trabajo y se me pasó la tontería). La investigación de turno, llevada a cabo por investigadores de la Harvard Medical School y de la Harvard School of Public Health, constata que el consumo habitual de café se asocia a una disminución del riesgo de padecer mi cáncer psicológico en nada más y nada menos que un 20%. Esta vez he acertado, me gusta el café. Una buena noticia de vez en cuando me serena.
La verdad es que me quedé tranquila. Hasta hace unos días. En todos los medios ha aparecido el siguiente
titular: «el consumo de cafeína puede duplicar el riesgo de aborto». La he pifiado, no sólo me gusta el café, sino el té, las bebidas de cola y el chocolate caliente, que también contienen cafeína aunque en menos cantidad. Esta investigación, publicada en la revista 'American Journal of Obstetrics and Gynecology' y llevada a cabo por la División Permanente de Investigación Kaiser en Oakland (California), sostiene que consumir cafeína, incluso de forma moderada, aumenta el riesgo de aborto entre las embarazadas, especialmente en los tres o cuatro primeros meses. Sólo con unos 200 miligramos de cafeína al día (dos o tres tazas de café) las embarazadas pueden duplicar las posibilidades de frustrar la gestación.
La contradicción de la cafeínaLeer las dos informaciones estresa. Cuando cualquier mujer deje de tomar café al quedar embarazada, ¿servirá de algo que constante y tercamente haya trabajado duro para disminuir sus probabilidades de padecer cáncer de ovario con una tacita diaria?
Aunque con recelo tras toda esta información, me gustaría seguir tomando café sin que me vengan remordimientos de conciencia para con mi futuro hijo. Insisto en poder justificar mi consumo habitual con sus propiedades beneficiosas. Sólo diez días antes a la publicación de la noticia que relaciona a la cafeína con el aborto espontáneo, salieron a la luz los resultados de otro estudio: «Beber café con moderación no eleva riesgo de aborto espontáneo». 2047 embarazadas analizadas en este estudio frente a las 1063 del anterior, y los resultados publicados en la revista
Epidemiology. Asimismo, hace tan sólo un año se publicó un
estudio afirmando también justo lo contrario, que la cafeína es segura durante el embarazo. Siempre que no te pases de la raya, claro está. No soy yo quien va a valorar ni la veracidad ni la credibilidad de estos tres estudios contradictorios.
Droga milenariaNo es la primera vez que le cojo miedo al café y a la cafeína en general. Desde siempre se han realzado sus propiedades psicotrópicas y neurológicas. Digamos que siempre se ha considerado como una «droga blanda» por su capacidad de alterar el estado de ánimo y de incidir en el sistema nervioso central. Incluso el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSV-IV) incluye un apartado dedicado a los trastornos relacionados con la cafeína: trastornos inducidos por cafeína, intoxicación por cafeína, trastorno de ansiedad inducido por cafeína, trastorno del sueño inducido por cafeína y trastorno relacionado con cafeína no especificado. Los tengo todos controlados menos el último, que nunca he sufrido por no estar especificado.
Y aún hay más inconvenientes que me deberían hacer dudar de la cafeína. Se ha relacionado con ataques de gota, enfermedades cardiovasculares, más cánceres que el de ovario y un mal crecimiento infantil. Por contra, hay estudios que aseguran todo lo contrario a dichos efectos perjudiciales. Nada más y nada menos que el estudio Framingham asegura que el consumo de café no produce efectos perjudiciales a nivel cardiovascular. Otro estudio llevado a cabo en la Universidad McMaster de Hamilton, (Ontario, Canadá) no sólo contradice los efectos de la cafeína en el crecimiento infantil, sino que asegura que la terapia con cafeína mejora los resultados en bebés prematuros. Y en lo que concierne al cáncer, recientes estudios realzan la capacidad de la cafeína para reducir los efectos del cáncer colorectal.
Y aunque todo se resume en la moderación, la verdad es que no sé que hacer. Quizás a partir de ahora voy a ser alternativa y me limitaré a los descafeinados arábigos que se han puesto de moda. Aunque ni de eso estoy muy convencida ni nadie me asegura que no corra riesgos. Mientras un estudio llevado a cabo por la Universidad British Columbia (Vancouver, Canadá) asegura que los descafeinados reducen el riesgo de gota, otro estudio de la Universidad de Alabama (Birmingham, Estados Unidos) llevado a cabo con 31.000 mujeres (cifra nada despreciable) asegura que beber productos descafeinados aumenta las probabilidades de sufrir artritis reumatoide.
Todo depende del interésQuizás debería hacer como las multinacionales como
MacDonalds y obviar, ignorar o silenciar los riesgos de la cafeína. Al ver que se les escapa una oportunidad de negocio tan importante como es el del café (Starbucks aún se lleva la palma), se han puesto a trabajar y a elaborar una nueva mezcla de sus cafés para ofrecer nuevos productos cafeteros menos malos.
Yo me preocupo por mi salud. Por eso trato de minimizar, quizás de forma compulsiva, los efectos en mi organismo ya no sólo del café, sino de todo lo que se menea por el aire. Otros se preocupan por los beneficios que les otorguen sus productos. Por eso tratan de obviar beneficios y males. Quizás es la mejor manera de salir airosos ante tanto exceso de información. Qué nerviosa estoy. Necesito un café. Mañana empiezo a preocuparme de nuevo.