Washington D.C., corría el año 1999 cuando Shirish S. Sheth, por entonces presidente de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), presentaba a los medios de comunicación, con lágrimas en los ojos, las conclusiones de un informe elaborado por el Banco Mundial y la OMS sobre es estado de salud de las mujeres en el mundo. Con infinita tristeza, el ginecólogo indio asumía que nacer mujer, más allá de los privilegios del hemisferio industrializado, constituye aún un claro factor de riesgo en las proyecciones epidemiológicas de morbimortalidad.JORDI MONTANER
Este informe, que arrancó de la Cuarta Cumbre Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín en 1995, partía del supuesto de que las mujeres viven más que los hombres y, en consecuencia, su número debiera ser sensiblemente superior al de estos últimos. “Ciertamente hay más mujeres que hombres”, proclamó Sheth, “pero hay muchas menos mujeres de las que cabría esperar, y no por causas genéticas o biológicas, sino por una irresponsabilidad social en la protección de estos seres tan queridos…” El presidente de la FIGO aludió a que una de cada 100 mujeres en el mundo fallece al dar a luz, a que la discriminación de género impide todavía un acceso adecuado de las mujeres a las redes sanitarias asistenciales en muchos rincones del mundo y a que el género femenino encumbra el oscuro capítulo de las víctimas de la violencia.
Demasiado corazónSe viene especulando desde hace poco tiempo con la posibilidad de que hombres y mujeres alberguen un sistema cardiovascular distinto. Josep Guindo (Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Barcelona) cree que el sustrato es el mismo; rechaza también que exista una discriminación en la red pública hospitalaria en el diagnóstico o tratamiento de los infartos según el género del paciente. Para explicar por qué las mujeres sufren menos infartos que los hombres, o por qué algunos fármacos actúan de forma distinta en hombres que en mujeres, el especialista recurre a la edad y la costumbre. “Para un hombre, un dolor agudo en el pecho sólo significa infarto… Los hombres acuden mucho antes que las mujeres a urgencias, lo hacen a una edad más precoz y se benefician de algoritmos terapéuticos más eficaces por esta sola causa.” Añade Guindo que las mujeres empiezan a manifestar sintomatología cardiovascular en la post-menopausia y, generalmente, en condiciones de un deterioro orgánico (cerebro, corazón o riñón) mucho más grave. No obstante, critica la escasa consideración que las mujeres otorgan al riesgo cardiovascular: “Una mujer tiene 20 veces más riesgo de morir de un episodio cardiovascular que de un cáncer de mama y, aun así, la mayoría cree que el cáncer de mama es el enemigo número uno para la salud.”
La diferencia, una tendencia
Puede que no sea así con el corazón, pero la especialista en salud poblacional Lucía Artazcoz (Agencia de Salud Pública de Barcelona) sostiene que hombres y mujeres enfermamos de manera distinta, y que la diferencia parte del enclavamiento social. “Los salarios de hombres y mujeres no se aproximan a una paridad, ambos géneros tienen una percepción distinta de la salud, al igual que del trabajo; el trabajo doméstico que realizan las mujeres, por ejemplo, no está socialmente reconocido ni remunerado.”
Artazcoz reconoce que las mujeres viven más años, pero enferman más. “Nos rendimos a trastornos que no matan pero, que no dejan vivir.” Examinando datos estadísticos, asume que las bajas laborales cortas son más frecuentes entre las mujeres, y las largas entre los hombres.
Pese a que la reumatología no acierta a explicar por qué las enfermedades autoinmunes como la artritis o el lupus eritematoso son significativamente más comunes entre mujeres que en los hombres, Artazcoz sugiere que el sistema inmunológico de las mujeres es mucho más potente y con una capacidad de respuesta mucho más exacerbada que el de los hombres.
Sexo y violencia
Volviendo al profesor Sheth y a su informe, en él se detallaba que la violencia doméstica y el abuso sexual dejan mella en una tercera parte de las mujeres de todo el mundo. “Parece lógico”, explica el ginecólogo, “que la preponderancia de diagnósticos de depresión en el género femenino no obedezca tanto a causas biológicas como sociales”. En el mundo, no obstante, las tasas de suicidio son más elevadas entre hombres que entre mujeres; la única excepción es China, donde las mujeres de ámbito rural se suicidan hoy con más frecuencia que los hombres y lo hacen, a modo de pauta, envenenándose con plaguicidas.
Rusia también rompe la tendencia en todo el mundo a que las mujeres se enfrenten a un riesgo de morbimortalidad superior al de los hombres: los hombres rusos de entre 15 y 60 años tienen un riesgo de muerte tres veces superior al de las mujeres de idéntica edad; la violencia, los accidentes y los hábitos tóxicos están detrás de tan inusual tendencia.
Sheth subrayó en la presentación del informe que una tercera parte de todas las enfermedades de las mujeres es de transmisión sexual. Para el papilomavirus, por ejemplo, resulta mucho más rentable la infección en mujeres que en hombres. De hecho, los cánceres ginecológicos (mama, cérvix, útero y ovario) suponen el 27% de todos los tumores malignos diagnosticados en mujeres. Por otro lado, el 20% de las enfermedades diagnosticadas en mujeres en edad reproductiva (15-44 años) guarda relación con la sexualidad o la reproducción. En el África subsahariana esta cifra llega a doblarse.
Cada día fallecen más de 1.600 mujeres como consecuencia de complicaciones durante el parto. Por si fuera poco, el 20% de las enfermedades que afectan a niños con edad inferior a los 5 años obedece a un mal estado de salud de la madre durante la gestación.
Se conoce asimismo que enfermedades como la hepatitis, anemia, malaria y tuberculosis se exacerban durante el embarazo; a corte de ejemplo, la incidencia de hepatitis vírica en mujeres embarazadas dobla la de mujeres no embarazadas. Ocurre, además, que estas enfermedades del embarazo pueden dejar secuelas tales como prolapsos uterinos o fístulas obstétricas.
Mujer-coraje
La mayor mortalidad materna del mundo se da en Chad, donde sólo una de cada cuatro mujeres da a luz con asistencia (ni siquiera específicamente sanitaria), y donde una de cada nueve fallece en el transcurso del embarazo, al dar a luz o sufrir abortos clandestinos. África alberga a 132 millones de mujeres y niñas que han padecido mutilación genital y a dos millones de niñas que están en riesgo de ser mutiladas. La peor situación se da en países como Egipto, Mali o Sierra Leona, donde el 90% de las mujeres son aún circuncidadas.
Pese a que África encabeza siempre las estadísticas del hambre, no ocurre lo mismo con las de desnutrición en mujeres. La malnutrición se da en un 60% de las mujeres sudeste asiático y un 80% de las mujeres embarazadas en India; contrastando con el 20-40% de las mujeres africanas.
En la mesa, corresponde al hombre la parte del león, y en muchos rincones del mundo las mujeres aún se alimentan de lo que sobra a los hombres en la mesa. Esta circunstancia lleva a que 450 millones de mujeres adultas padezcan las consecuencias de una malnutrición en la etapa infantil, a que la mitad padezca déficit de hierro (anemia), a que en 250 millones se haya identificado defecto de iodo en el organismo y a que un número indeterminado de millones de ciegas padezca las consecuencias de un déficit crónico de vitamina A.