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Ciencia para periodistas, periodismo para científicos

Enviado el jueves, 13 de diciembre de 2007 12:41


Se ha celebrado estos días en Barcelona el European Forum on Science Journalism. Me cuentan que el objetivo es algo así como acercar ciencia y periodismo para mejorar "la difusión del conocimiento sobre ciencia y tecnología a la ciudadanía". Yo no he ido.

XAVIER PUJOL GEBELLÍ


Antes no me saltaba ni una. Iba a cuantas reuniones podía sobre ciencia y periodismo. A mesas redondas, a conferencias, a iniciativas de lo más diverso. Incluso he participado en alguna como organizador e, incluso, como ponente. Pero desde la última a la que fui, el 28 de junio de 2006, ya no he ido a ninguna más. Reconozco que el Foro Europeo sobre Periodismo Científico celebrado estos días en Barcelona ha estado a punto de romper con mi absentismo corporativo.

No es que piense que este tipo de eventos, sea cual sea su dimensión, no son importantes. Al contrario. La autoridad intelectual de los que suelen participar está fuera de toda duda, así como también lo está su saber hacer profesional. Fíjense, si no, en el elenco de personalidades que han formado las distintas mesas del foro europeo. Ha habido representantes de la BBC, The Guardian, El País, AlphaGalileo o Nature, entre otros medios de prestigio. También los ha habido de la prestigiosa American Association for the Advancement of the Sciences, con Alan Leshner, editor de Science, a la cabeza; y de instituciones que han destacado en estos últimos tiempos por su aportación en el terreno de los 'media' especializados como EMBO, la Universidad de Wisconsin o el Massachusetts Institute of Technology, además de la Universidad Pompeu Fabra a través de su Observatorio de la Comunicación Científica. Negar interés a un encuentro de estas características sería poco menos que analfabetismo profesional.

Pero, como decía, hace tiempo que decidí que este tipo de encuentros no hacían otra cosa que encender mi estado de ánimo. Y uno ya tiene una edad y demasiados factores de riesgo como para exponerse a otros adicionales. Eso sin negar que la pereza también cuenta.

Al último encuentro al cual acudí fue a la presentación en España de la iniciativa Communiqué, liderada por Peter Green. La Fundación Española de Ciencia y Tecnología aspiraba por entonces a ser algo así como un socio estratégico, de modo que la iniciativa, de carácter panaeuropeo, pudiera tener su extensión en el sur de Europa. Communiqué se presentaba como un proveedor de noticias científicas que iba a rellenarse con contribuyentes en forma de gabinetes de comunicación especializados procedentes de centros de investigación, universidades y, quiero pensar, también con aportaciones individuales.

Año y medio después desconozco cómo anda la iniciativa y hasta qué punto ha arraigado en España. Pero si yo, que soy del sector y me considero suficientemente informado no lo sé, tal vez sea porque ha tenido un éxito por lo menos discutible. Tal vez alguien, desde la FECYT, podría orientarme mejor.

En esa ocasión me tocó estar de ponente. Huelga decir que llegué tarde a la mesa redonda (lo atribuí al denso tráfico del día). Huelga decir, también, que la sala donde se celebraba el acto, de dimensiones medias, presentaba poco más que un cuarto de su aforo. Y huelga decir, y no me sabe mal decirlo, que el debate me aburrió soberanamente.

Los argumentos que se presentaron fueron del siguiente calibre: "a los científicos nos cuesta confiar en los periodistas por su escasa formación y su deficiente tratamiento de una información que exige rigor y precisión";  "a los periodistas nos cuesta tratar con los científicos porque se creen el ombligo del mundo y se olvidan de que alguien lee, escucha o ve su trabajo"; "a los científicos nos molesta que se reinterprete nuestro trabajo, se rebaje el nivel, se trivialice el auténtico valor de las cosas"; "a los periodistas nos molesta que el científico no haga un esfuerzo por trasladar su trabajo a algo comprensible". Y así hasta hora y media después (por fortuna, me salté la primera media hora…) en la que aparecieron demandas corporativas al estilo: qué difícil es divulgar, qué pocas oportunidades tenemos, qué mal está el sistema.

Llegar el último me dio la oportunidad de ser el penúltimo en hablar. Y con el subidón de adrenalina que llevaba por mi retraso (causado en realidad por una confusión al leer el programa) y por lo que acababa de oír, no pude menos que saltar a la yugular de todos los compañeros de mesa. Por aquel entonces superaba yo los veinte años de periodismo científico y, a lo largo de estos dos decenios, "por lo menos en unas veinte veces he escuchado los mismos argumentos", solté. "Llega un momento", añadí con cierta vehemencia, "que tanta teoría, tanto lamento y tanta falta de perspectiva me molestan". Y la puntilla: "Yo no tengo ni idea de lo que se está contando; lo único que sé es que el público demanda y consume informaciones con fundamentos científicos, que hay pocos periodistas especializados y que en España, como ocurre en Europa, aunque menos, hay un grave problema estructural: la ciencia europea pasa por un momento de crisis, tanto en la generación de conocimiento básico como en su transferencia a la sociedad. Sin una política decidida, en la que haya un apoyo real, sólo iniciativas puntuales podrán sobresalir o, peor aún, simplemente subsistir".

Cuando sueltas algo de este tipo acostumbra a pasar una única cosa: los organizadores de este tipo de reuniones dejan de llamarte. Es lógico. En el fondo es como si les estuvieras diciendo que no tienen ni idea de lo que están hablando. Y no por nada, algo de razón llevan. No tenemos ni idea.

¿Qué tiene todo esto que ver con el Foro Europeo de Periodismo Científico? Les cito algunos de los títulos de las conferencias y mesas redondas que se han celebrado estos días: "Introduciendo la comunicación en el corazón de la ciencia europea", "Uniendo ciencia y sociedad: Europa necesita un periodismo científico fuerte", "Periodismo científico en un mundo cambiante", "Internet y los nuevos medios: ¿amigo o rival  del periodista científico?". Muchas de estas preguntas, muchos de estos conceptos, ya centraban los debates de años atrás. Por lo que parece, todavía no hay respuesta.

Pero si nos atrevemos a escarbar un poco veremos que, tanto mis aseveraciones del principio en relación con la mesa redonda de Communiqué como mi lamento por la poca originalidad de las preguntas del foro europeo, tienen un punto de victimismo que tal vez no cuadre con la realidad. Y esa señora es testaruda y lo muestra con los hechos: a través de internet ha aumentado el consumo de información especializada; en televisión, el documental científico elaborado con medios adecuados (en TV todo cuesta mucho dinero) funciona; y en la prensa diaria, cualquier información científica susceptible de ofrecer un buen titular compite en igualdad de condiciones en la lucha por el espacio disponible.

Si esto es así, ¿dónde está el problema? Yo no lo sé con exactitud pero, simplificando mucho, a veces me da que tenemos una tendencia excesiva a pensar, los que nos dedicamos a la comunicación, que el público es tonto, que no sabe leer y, lo que es peor, que no entiende lo que lee. Por cierto, a los científicos a menudo les pasa lo mismo. Me niego a creerlo. Entre otras cosas porque yo también soy público y me cuesta aceptar mi tontería. ¿Usted aceptaría que le tratasen de tonto?



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Comentarios

# re: Ciencia para periodistas, periodismo para científicos

17/12/2007 9:45 por Sergio
Totalmente de acuerdo, pero el panorama que presenta no es muy diferente al de otras disciplinas. Sin ir más lejos, el propio plan de estudios de Periodismo está lleno de asignaturas que tratan de responder a las mismas preguntas que ese congreso al que no ha asistido.

# re: Ciencia para periodistas, periodismo para científicos

17/12/2007 13:35 por Jorge Ruiz
Totalmente de acuerdo. Como animador de la divulgación de la tecnociencia, recuerdo que ya por 1990 en la Menéndez Pelayo había reuniones con un guión casi calcado del que citas.
Tampoco asisto mucho a este tipo de reuniones, y si, es verdad ya ni te llaman, ¿para que?
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