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Aquelarre de periodistas científicos

Enviado el miércoles, 31 de octubre de 2007 12:49

Una vez al año, varios centenares de periodistas científicos estadounidenses peregrinan a aquella ciudad donde la generosa institución de turno patrocina su congreso. Este octubre, la localidad era Spokane, al este del estado de Washington, y la institución benefactora, el Pacific Northwestern National Laboratory. Además, este año estaba yo presente entre sus filas para contarlo.

MARÍA  JOSÉ VIÑAS


La National Association of Science Writers (NASW), que con sus 2.800 afiliados es probablemente la más importante asociación de escritores científicos del mundo, fue fundada en 1934 por un pequeño grupo de periodistas especializados en ciencia, con el afán de promover la profesión. Pocos años después, el número de miembros se había disparado, y los organizadores se percataron de que aunque algunos de los periodistas no tenían formación científica, se veían obligados a lidiar a ciegas con temas de ciencia a diario. Así que decidieron organizar cursos de formación. Pero como NASW era una asociación sin ánimo de lucro, no podía recaudar fondos para financiar los seminarios. Para resolver el problema legal, los periodistas crearon el Council for the Advancement of Science Writing (CASW), una organización educativa. “Básicamente, estamos constantemente reinventando maneras de ayudar a los periodistas científicos”, explica Ben Patrusky, director ejecutivo de CASW. La asociación es tremendamente exitosa en recaudar fondos: en la edición de 2007, consiguieron que el Pacific Northwestern National Laboratory desembolsara 125.000 dólares para financiar una serie de seminarios que se impartieron a continuación de la reunión anual de NASW, además de convencer a múltiples fundaciones, asociaciones y empresas de que desembolsaran los fondos necesarios para dar una treintena de becas a estudiantes y jóvenes periodistas para asistir al congreso.

Desde hace tres años, los congresos de NASW y CASW se celebran juntos. Y la verdad, se complementan a la perfección: mientras el primero organiza seminarios sobre el estado de la profesión y sobre cómo mejorar la carrera de los periodistas científicos, el segundo monta conferencias sobre temas científicos punteros. “Básicamente, el congreso de NASW intenta enseñar cómo escribir sobre ciencia, mientras que el de CASW orienta sobre qué temas escribir”, explica Patrusky.

Efectivamente, este año la reunión de NASW trató temas desde cómo reorientar tu carrera hasta cómo pueden los escritores freelance mejorar su manera de proponer temas a los editores de diarios y revistas, pasando por alguna que otra sesión sobre el estado del periodismo científico. Uno de mis seminarios favoritos fue “¿Significa el elegir términos definir posturas?”, en el que cuatro panelistas (dos periodistas científicos de renombre, una académica especializada en retórica y una psicóloga) discutieron sobre la importancia de elegir un término concreto al tocar temas delicados (como por ejemplo, las connotaciones que tiene el usar “feto” en vez de “embrión” al tratar sobre experimentación con células madre).

Por otra parte, la reunión de CASW cubrió en doce sesiones repartidas en dos días temas punteros en neurobiología, nutrición, reproducción, ecología y epidemiología, por mencionar unos cuantos. “Se trata de un programa muy ecléctico”, explica Patrusky, que se encargó durante 30 años de organizar las sesiones. “Lo que intentamos hacer es identificar cuáles van a ser los campos científicos de los que más se va a hablar en el futuro próximo, y traer a científicos que sean punteros en estos campos, y que además sepan explicar las cosas de manera muy clara”. CASW también organiza regularmente seminarios que ponen en contacto a periodistas y científicos para que los primeros expliquen a los segundos en qué consiste el periodismo y cómo relacionarse sin problemas con la prensa. Y puedo asegurar que los científicos ponentes en la reunión de CASW traían muy bien aprendidas estas lecciones.

Además, ambas asociaciones organizan excursiones complementarias para visitar centros de investigación, reparten premios y el congreso sirve a los más de 300 asistentes para establecer valiosísimos contactos profesionales. Pero el beneficio más importante de estas reuniones no viene en el programa. “La verdad, a mí este congreso me sirve un poco de terapia psicológica”, me explicó una joven periodista científica que trabaja en un diario local de California. “En la redacción soy la única que trata temas de ciencia, y los demás me miran como a un bicho raro. Pero cuando vengo aquí estoy entre iguales y recupero la idea de por qué nuestra especialización es importante”.

Y yo me pregunto: ¿para cuándo una conferencia así en España? (¿o como mínimo en Europa?)


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