Una vez al año, varios centenares de periodistas científicos
estadounidenses peregrinan a aquella ciudad donde la generosa institución de
turno patrocina su congreso. Este octubre, la localidad era Spokane, al este
del estado de Washington, y la institución benefactora, el Pacific Northwestern National Laboratory.
Además, este año estaba yo presente entre sus filas para contarlo.
MARÍA JOSÉ VIÑAS
La National Association of Science Writers (NASW), que
con sus 2.800 afiliados es probablemente la más importante asociación de
escritores científicos del mundo, fue fundada en 1934 por un pequeño grupo de
periodistas especializados en ciencia, con el afán de promover la profesión.
Pocos años después, el número de miembros se había disparado, y los organizadores
se percataron de que aunque algunos de los periodistas no tenían formación
científica, se veían obligados a lidiar a ciegas con temas de ciencia a diario.
Así que decidieron organizar cursos de formación. Pero como NASW era una
asociación sin ánimo de lucro, no podía recaudar fondos para financiar los
seminarios. Para resolver el problema legal, los periodistas crearon el Council for the Advancement of Science Writing
(CASW), una organización educativa. “Básicamente, estamos constantemente
reinventando maneras de ayudar a los periodistas científicos”, explica Ben
Patrusky, director ejecutivo de CASW. La asociación es tremendamente exitosa en
recaudar fondos: en la edición de 2007, consiguieron que el Pacific
Northwestern National Laboratory desembolsara 125.000 dólares para financiar
una serie de seminarios que se impartieron a continuación de la reunión anual
de NASW, además de convencer a múltiples fundaciones, asociaciones y empresas
de que desembolsaran los fondos necesarios para dar una treintena de becas a
estudiantes y jóvenes periodistas para asistir al congreso.
Desde hace tres años, los
congresos de NASW y CASW se celebran juntos. Y la verdad, se complementan a la
perfección: mientras el primero organiza seminarios sobre el estado de la
profesión y sobre cómo mejorar la carrera de los periodistas científicos, el
segundo monta conferencias sobre temas científicos punteros. “Básicamente, el
congreso de NASW intenta enseñar cómo escribir sobre ciencia, mientras que el
de CASW orienta sobre qué temas escribir”, explica Patrusky.
Efectivamente, este año
la reunión de NASW trató temas desde cómo reorientar tu carrera hasta cómo
pueden los escritores freelance mejorar su manera de proponer temas a
los editores de diarios y revistas, pasando por alguna que otra sesión sobre el
estado del periodismo científico. Uno de mis seminarios favoritos fue
“¿Significa el elegir términos definir posturas?”, en el que cuatro panelistas
(dos periodistas científicos de renombre, una académica especializada en
retórica y una psicóloga) discutieron sobre la importancia de elegir un término
concreto al tocar temas delicados (como por ejemplo, las connotaciones que
tiene el usar “feto” en vez de “embrión” al tratar sobre experimentación con
células madre).
Por otra parte, la
reunión de CASW cubrió en doce sesiones repartidas en dos días temas punteros
en neurobiología, nutrición, reproducción, ecología y epidemiología, por
mencionar unos cuantos. “Se trata de un programa muy ecléctico”, explica
Patrusky, que se encargó durante 30 años de organizar las sesiones. “Lo que
intentamos hacer es identificar cuáles van a ser los campos científicos de los
que más se va a hablar en el futuro próximo, y traer a científicos que sean
punteros en estos campos, y que además sepan explicar las cosas de manera muy
clara”. CASW también organiza regularmente seminarios que ponen en contacto a
periodistas y científicos para que los primeros expliquen a los segundos en qué
consiste el periodismo y cómo relacionarse sin problemas con la prensa. Y puedo
asegurar que los científicos ponentes en la reunión de CASW traían muy bien
aprendidas estas lecciones.
Además, ambas
asociaciones organizan excursiones complementarias para visitar centros de
investigación, reparten premios y el congreso sirve a los más de 300 asistentes
para establecer valiosísimos contactos profesionales. Pero el beneficio más
importante de estas reuniones no viene en el programa. “La verdad, a mí este
congreso me sirve un poco de terapia psicológica”, me explicó una joven
periodista científica que trabaja en un diario local de California. “En la
redacción soy la única que trata temas de ciencia, y los demás me miran como a
un bicho raro. Pero cuando vengo aquí estoy entre iguales y recupero la idea de
por qué nuestra especialización es importante”.
Y yo me pregunto: ¿para
cuándo una conferencia así en España? (¿o como mínimo en Europa?)