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jueves, 04 de octubre de 2007

El nuevo ministro de Sanidad, y no es broma, tiene los telediarios contados. ¿Cómo se las apañará para hacer todo lo que ha dicho que hay que hacer? ¿Y si hay nuevas ideas?

 

XAVIER PUJOL GEBELLÍ


Hace unos días le vi por Barcelona. Inauguraba uno de los mayores congresos que se celebran en Europa, ECCO 2007, al que acudieron más de 13.000 oncólogos de todo el mundo (de 86 países, para ser precisos). En el acto no era la estrella principal. Compartía protagonismo con la Consellera de Sanitat catalana, Marina Geli, con el oncólogo Josep Baselga (el chairman local del evento) y con Ferran Adrià, el afamado cocinero. Y a su lado, José Montilla, presidente de la Generalitat. Bernat Soria, el ministro de Sanidad, tuvo que hacerse un hueco entre tanta personalidad para poder contar algo que tuviera algo de contenido.

 La verdad es que no le salió muy bien. O sí, según se mire. No dijo nada relevante salvo el esperable “gracias por la invitación, esto [el congreso] es muy importante y desde el Ministerio no sólo hacemos cosas sino que vamos a hacer cosas”. Poco más o menos que el resto de invitados. Es la cosa de los actos protocolarios, que sólo merecen la pena por la foto. Raramente se sueltan contenidos.

 Y el caso es que valía la pena porque, por una vez, el enfoque no se redujo a nuevas terapias, nuevas moléculas o nuevos enfoques médicos. También se habló, y mucho, de entorno: del familiar, del social, de cómo afecta una enfermedad de este tipo (hablamos de cáncer) en el paciente y en cuantas personas le rodean. Por suerte, tras las presentaciones oficiales vino la copa y los invitados se soltaron un poco.

 Gracias a eso supimos que José Montilla había superado un cáncer, que la Fundación Alicia, la de Ferran Adrià, lleva un tiempo invirtiendo en fórmulas culinarias especialmente pensadas para enfermos del corazón, y más recientemente para enfermos de cáncer, y que Bernat Soria tiene intención, en los pocos telediarios que le quedan hasta las próximas elecciones, de ejecutar algo parecido a una estrategia nacional contra el cáncer. Por supuesto, no llegó a detallar cómo lo haría ni con qué instrumentos. Tampoco dijo nada sobre presupuestos.

 Visto lo visto, y por si sirve de algo, se me ocurren varias cosas que a lo mejor podrían tener interés. Conste que las ideas no son mías, son de personas que saben mucho más. Yo me limito a recogerlas y a exponerlas con cierto orden.

 Empiezo por la iniciativa de Adrià. Hace unos meses publicó un libro del que apenas se ha hecho difusión en el que, en colaboración con otros cocineros y dietistas, jugaba con las texturas de los alimentos para dar forma a recetas de fácil preparación, apetecibles y adecuadas a enfermos en tratamiento oncológico. Aunque pudiera parecerlo, no es ninguna tontería ni tampoco un ejercicio de oportunismo.

 Merece la pena recordar que son muchos los pacientes que reciben quimioterapia que deben soportar los efectos adversos de la medicación con más resignación que recursos. Entre ellos están la pérdida de apetito, la dificultad para deglutir o digestiones complicadas. Las dietas que se recomiendan para combatir estos efectos no suelen ser bien aceptadas por los pacientes. Entre otras razones porque más que una dieta a menudo son una tortura. Dibujar un plato de contenido hiperproteico que no sólo no sea un castigo sino que invite a comer tiene su mérito.

 ¿Qué tiene que ver esto con una estrategia? Pues a tenor de lo oído en ECCO 2007, mucho. En el congreso se habló de estrés postraumático en adolescentes cuyos padres habían padecido o estaban padeciendo la enfermedad. De divorcios cuando uno de los miembros de la pareja padece cáncer de cuello uterino o de testículos (parece que aumenta el índice de separaciones) o de la carga emocional que soportan enfermos y cuidadores, muchos de ellos accidentales.

 Si se echa un vistazo a los centros de asistencia primaria o a los grandes hospitales de referencia (los dos extremos del sistema asistencial) veremos que estas cuestiones se solventan, en el mejor de los casos, con buena voluntad. Todo el mundo admite que se trata de aspectos a cuidar, pero no hay recursos ni medios ni personas. El puesto de psicólogo-oncólogo apenas está cubierto. Y cubrirlo continúa siendo una novedad de la que podría hablarse incluso en los periódicos.

 Hay más cosas. Por ejemplo: cuando se ensaya un nuevo fármaco (este es uno de los efectos de la globalización) se forman redes y plataformas de colaboración que conectan hospitales (lo más adecuado serían servicios hospitalarios) de diversos países. Para medicamentos oncológicos España sigue siendo una lamentable excepción. El flujo de ensayos clínicos en fase uno, que son aquellos que marcan tendencia y establecen el grado de excelencia, es extraordinariamente bajo en España. Salvo contadas excepciones (por suerte de alto nivel), la participación de los hospitales españoles en estas redes internacionales roza lo anecdótico. Bueno sería revertir esta situación.

 Y una última idea. Supongamos que, por aquellas cosas de la vida, existiera una masa crítica de calidad que englobara las múltiples caras de una enfermedad concreta. Ya que hablamos de cáncer, extendamos la suposición a este campo y veamos qué ocurre. Salamanca, Madrid y Barcelona, por poner un ejemplo, ocupan un lugar destacado en el escenario internacional. Sevilla y Oviedo podrían añadirse a la lista. La calidad en investigación básica, por un lado, ayuda a esta composición; por otro, la excepción antes aludida en el codesarrollo de fármacos y en ensayos en fases clínicas y pre-clínicas; y también, por qué no decirlo, las innovaciones a nivel asistencial que se están introduciendo en algunos centros.

Puestos a suponer, imaginemos que se extendiera el concepto a los centros de asistencia primaria y que, además del soporte a pacientes, que ya existe aunque es claramente mejorable, lo hubiera al entorno. Y que todo el paquete se potenciara –tal vez no de forma prioritaria, pero si con voluntad estratégica. Dado lo que hay y lo que podría haber con un poco de visión y un algo de recursos, igual tendríamos una red de excelencia en un sector de enorme trascendencia social e igual impacto económico.

 Pues de nada, señor ministro. Y si ahora que hay que empezar a cerrar cosas de presupuestos necesita más ideas, ya sabe, a su disposición.

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