Una de las actividades más populares en Internet de los
estudiantes universitarios norteamericanos es visitar los llamados “social
networking sites”, o webs que tienen como finalidad estrechar lazos sociales con
la gente de su entorno.
María
José Viñas

Existen varios
portales de este estilo, pero dos de los más utilizados MySpace y Facebook.
El último, que fue creado a inicios de 2004 por un chaval
de 19 años, se ha vuelto inmensamente popular este último año, hasta el punto
que la revista “Newsweek” recientemente dedicó su portada y un reportaje a la exitosa web, que cuenta en
la actualidad con 42 millones de usuarios activos, principalmente
universitarios y jóvenes profesionales.
Como
estudiante en una universidad californiana, puedo afirmar con conocimiento de
causa que si no tienes tu perfil en Facebook, no estás “in”. Incluso los jefes
que tuve en mis prácticas en Stanford y mis amigos más recalcitrantes se han
ido dando de alta poco a poco, y ahora nos dedicamos todos a dejarnos
mensajitos los unos a los otros a través de este servicio. Es por eso que leí
con alarma el pasado agosto un reportaje de
la BBC sobre la existencia de grupos pro-anorexia y pro-bulimia en la red, muy
especialmente en Facebook. La noticia pronto encontró eco en otros medios
canadienses (el segundo país con más usuarios de Facebook detrás de Estados
Unidos). En concreto, un periódico
canadiense afirmaba que había encontrado 384 grupos “pro-mia” (a favor de la
bulimia) y 350 grupos “pro-ana” (simpatizantes de la anorexia), algunos de
ellos con más de un millar de miembros registrados.
En
efecto, estos grupos existen en Facebook y son muy fáciles de encontrar
mediante una búsqueda simple. Además, si se encuentra uno, ya se puede llegar a
todos los demás mediante enlaces. Hay grupos abiertos (cualquiera se puede
adherir) y cerrados (se necesita una invitación de un miembro del grupo para
poder acceder a él). Lucen títulos como “No soy anoréxica, es sólo que
únicamente como los jueves”, “La anorexia no es una enfermedad, sino un estilo
de vida”, “Sí, tengo un desorden alimentario. No, no es problema tuyo” o “Quod
me nutrit me destruit” (Lo que me nutre me destruye). Algunos de estos grupos
se autodefinen como iniciativas de ayuda a gente con trastornos alimentarios, impulsadas
por gente que sufre este tipo de problemas, pero en sus foros se aprecia una
realidad muy distinta: los miembros suben fotos de modelos y actrices arácnidas
y las idolatran como ideal de belleza, comentan sus objetivos de adelgazamiento
para el mes y piden ayuda a los otros usuarios en forma de consejos o,
simplemente, apoyo moral. También hay otros grupos mucho más agresivos, que
niegan que los trastornos alimentarios sean una enfermedad y lucen lemas como
“A los obesos no les envían a rehabilitación: ¿qué carajo?”. Otros, como
“Adelgaza, o muere en el intento”, se mueven peligrosamente en el filo,
afirmando no ser un grupo pro-anorexia, sino una asociación destinada a “acabar
con la discriminación contra las personas delgadas” y asegurando que “la
discriminación es peor en Estados Unidos (…), donde una de cada tres personas
es obesa”. Esta ridícula afirmación (la última vez que lo comprobé, el ideal de
belleza hollywoodiense y de todas las revistas femeninas seguía siendo la
delgadez) sería hilarante, si no fuera tan triste.
Pero sea cual sea el objetivo que manifiestan tener estos
grupos, la realidad es que un reciente estudio publicado en el “International
Journal of Eating Disorders” mostró que el visitar este tipo de páginas web
que alaban la delgadez extrema tiene efectos perjudiciales en la autoestima de
mujeres jóvenes. Las autoras del estudio utilizaron a 235 chicas universitarias
en el estudio, dividiéndolas en dos grupos: uno que visitó una página
pro-anorexia y otro que se dedicó a leer otra web de moda en la que aparecían modelos
de talla normal. Observaciones posteriores demostraron que las chicas del
primer grupo mostraban peor autoestima, se veían más gordas (independientemente
de su peso) y manifestaron que se preocuparían más por su peso en el futuro.
Además de este efecto, algunos médicos entrevistados por la
BBC o el periódico canadiense se manifestaban preocupados por la posibilidad
que el “efecto grupo” sirviera para envalentonar a las usuarias, haciéndolas
creer que forman parte de una “cultura de la delgadez” y reafirmándolas en su
negación de que los trastornos alimentarios, una enfermedad que acaba matando a
una de cada seis afectadas, “no son una enfermedad, sino un estilo de vida”.
Pese a ello, hasta la fecha, Facebook, que registra a 200.000 usuarios nuevos
cada día y que es cada vez más popular en otros países (mi red regional
“España” cuenta ya con 49.474 miembros) se niega a perseguir y eliminar este
tipo de grupos.