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jueves, 20 de septiembre de 2007



La creciente sensibilización de los consumidores europeos sobre la función nutritiva de los alimentos y su influencia en la salud ha  desvirtuado en no pocos casos la información o la educación sanitaria basada en una evidencia científica con propósitos meramente publicitarios, y ha generado una creciente confusión en la sociedad, incapaz de digerir el aluvión de informaciones no estrictamente reguladas y a menudo contradictorias.


Jordi Montaner


Todo apunta a que las diferencias de percepción en relación a la influencia de los alimentos en la salud varían enormemente, no sólo de América a Europa, sino también dentro del viejo continente.

Una encuesta llevada a cabo por la multinacional Unilever en Italia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos con más de seis mil encuestados ha corroborado que no siempre se relacionan de igual forma los beneficios saludables de los alimentos en relación con las enfermedades cardiovasculares, el estrés, las infecciones, la fatiga, el sobrepeso y la concentración en sangre.

Opera obligatoriamente en la Unión Europea desde el pasado 1 de julio una reglamentación sobre datos vinculados a la salud y la nutrición de los consumidores (EC 1924/2006). La reglamentación  pretende actualizar y uniformar la información disponible sobre los alimentos y su relación con determinadas enfermedades, beneficiando o perjudicando su evolución.

Hans van Trijp (Universidad de Wageningen, Holanda) suscribe a propósito de esta encuesta que sus implicaciones atañen tanto a modificaciones anómalas en las tendencias de consumo como a una correcta formación de los consumidores, y es a propósito de esto último que la normativa europea recién estrenada pretende poner orden.  

“La encuesta pone en evidencia que las diferencias de consumo entre algunos países no se deben a factores culturales o de gusto, sino a sesgos informativos.” Van Trijp apuesta porque las empresas alimenticias inviertan más en comunicación y la información sobre sus productos se regule a través de normativas comunes a los diferentes mercados.
 
Aunque la normativa europea entró en vigor en enero, los países miembros han dispuesto de seis meses para adaptarla a sus respectivas legislaciones.

La encuesta no abarcó solamente productos de Unilever, sino también de Kraft, Kellogg’s y Nestlé, y sus resultados aparecieron publicados en la revista Appetite.

Una de las diferencias que esta encuesta identificó fue en la apreciación de la relación entre el estrés y los alimentos. Los consumidores estadounidenses y británicos no estaban tan al tanto de esta relación como los de Alemania e Italia. “Esta heterogeneidad a la hora de interpretar los beneficios o perjuicios de los alimentos en relación con la salud es lo que la normativa europea deberá corregir”, afirma Van Trijp. El especialista subraya asimismo que la industria no debe apoyar estas informaciones con respecto al producto, sino en relación a todos sus ingredientes especificados.


Ciencia, comida y cultura

Primero fueron los medicamentos, y ahora los alimentos. En buena parte de las facultades de farmacia europeas son cada vez más los investigadores que se benefician de proyectos financiados por la industria alimenticia para desentrañar las virtudes de un determinado producto o para reformularlo como alimento funcional.

Con la nueva reglamentación se espera que los atributos publicitados de manera insustancial o nebulosa no prosperen y sólo llegue al consumidor una información verificada y homologada sobre las propiedades del alimento consumido.

Los ingleses, en su aplicación de la medida europea diseñada por la EFSA (European Food Safety Authority), han ido más lejos y han querido recopilar toda la bibliografía en inglés de las agencias alimentarias de Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos y Suráfrica, acumulando un centenar y medio de estudios sobre actitudes del consumidor y etiquetado de los productos. EdCom concluye en dicho análisis que las diferencias de percepción entre los consumidores de distintos países pueden no ser debidas tanto a discrepancias en cuanto a la información etiquetada de los productos, como “a malentendidos en torno a la naturaleza y la evolución de distintas enfermedades”.

Lo cultural también influye: “Determinadas enfermedades o riesgos de salud son más tenidos en cuenta en unos países que en otros.” En ocasiones, la tendencia del consumidor es a meter todas las relaciones en un mismo saco… Si un producto se anuncia como favorecedor del metabolismo óseo por incluir calcio y vitamina D, todo producto relacionado con el calcio se incluye automáticamente en este apartado y la leche, por ejemplo, queda desvinculada de otros beneficios o perjuicios a la salud.

Pero lo más sorprendente en este metanálisis es la constatación de que existen categorías científicas que pasan totalmente desapercibidas a la opinión general de los consumidores de lengua inglesa; como, por ejemplo, la palabra gastrointestinal. Expresiones como it may improve/damage your gastrointestinal health (puede mejorar/perjudicar su salud gastrointestinal) casi nunca son interpretadas como debieran por los consumidores, por lo que EdCom recomienda formular inscripciones en un lenguaje lo más sencillo posible.   

Proyección social

Informar sobre el contenido de nutrientes y relacionar las propiedades de los alimentos con la salud facilita que el consumidor pueda discernir en la elección de alimentos saludables y contribuye a una mejor comercialización nacional e internacional.
 
Dicha información debe abarcar una enumeración normalizada de los componentes nutricionales que contiene un determinado alimento, una declaración de propiedades nutricionales (como, por ejemplo, si el producto es bajo en colesterol, contiene fibra, ácidos grasos omega-3, etcétera) y de propiedades saludables, es decir, mensajes que dan cuenta de la relación de ciertos alimentos con la salud.

Por otro lado es necesario que todos estos antecedentes que constan o debieran constar en las etiquetas de los alimentos sean leídos e interpretados correctamente por los consumidores, siendo necesario un mayor énfasis educativo o divulgativo a este respecto.

Tal y como reza por ley en la propaganda de los medicamentos, “leer cuidadosamente la composición y las instrucciones de uso” debiera aplicarse de igual modo a la alimentación. La información acerca de un determinado alimento puede ser determinante en la prevención de enfermedades crónicas tan prevalente como la hipertensión, la obesidad o la diabetes, epidemiológicamente asociadas a un consumo inadecuado de alimentos.

12:18 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (0)