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Enviado el jueves, 13 de septiembre de 2007 9:42

Un reducido grupo de cerdos «participarán» de forma activa en los Juegos Olímpicos de Pekín del año que viene. Las autoridades del país han anunciado que se dará una alimentación exenta de hormonas a los animales que vayan a consumir los deportistas para evitar problemas de dopaje.

 

Marta Chavarrías

El protagonismo de China en temas de seguridad alimentaria es evidente desde hace unos meses. A las alertas sobre riesgos alimentarios, como los últimos escándalos relacionados con productos fraudulentos chinos exportados, que ha obligado a intensificar el control sobre los productores y los distribuidores de alimentos a través de una normativa específica de supervisión de la seguridad alimentaria, se le suma ahora una idea. A partir de ahora, y durante los próximos meses, una pequeña parte de la producción de carne porcina se hará bajo condiciones muy particulares: tres centros paradisíacos cercanos a Pekín se ocuparán de criar animales libres de hormonas. ¡Qué bien!, pensarán los consumidores del país. Aunque no va por ahí la cosa. La carne libre de sustancias no deseables sólo podrán degustarla los deportistas de elite, es decir, los que participen en los Juegos Olímpicos que se celebrarán en 2008. En total, está previsto suministrar carne de este tipo a  unos 10.500 atletas dentro de lo que entrará a formar parte del denominado Código Olímpico para la Seguridad Alimentaria.

 Recurrir a la alimentación animal y, dentro de ella, a la porcina, con piensos ricos en hormonas y esteroides no es nada anormal en China. Sí lo es, en cambio, que se haga todo lo contrario. Y la noticia que ha aparecido recientemente es una clara muestra de ello, y más teniendo en cuenta que el consumo de cerdo es uno de los más elevados en China, con un consumo medio al año por persona de 19 kilos durante 2006, según datos del Ministerio de Agricultura del país. La particularidad de esta iniciativa es que la producción se alargará dos meses más que la «convencional», se adoptarán medidas antiterroristas (aislamiento de las granjas) y se protegerán a los animales de enfermedades porcinas. Y no cualquier persona podrá acceder a estos «recintos»: todo trabajador deberá pasar tres días de cuarentena antes de entrar en contacto con los animales, y se les elaborará un historial a cada animal que permitirá hacer un seguimiento minucioso.

 La competición llega a los alimentos

 La carrera por garantizar la seguridad e inocuidad de los alimentos durante la celebración de los Juegos Olímpicos ha empezado con el compromiso de buena parte de la industria alimentaria china. Para ello, cuentan con un comité especial que se encargará de supervisar con minuciosa atención los alimentos que se suministran a los olímpicos. Este control incluye tanto la producción, como el proceso o el transporte. Por el momento, toda esta actividad contará con un área de 1.000 metros cuadrados en la que se acomodará un centro con más de 30 expertos en seguridad alimentaria y 20 profesionales más.

Según la información de la página oficial de los Juegos Olímpicos , los consumidores de a pie también recibirán información sobre cómo adquirir estos productos. La cuestión, sin embargo, sería que lo sorprendente (carne sin restos de hormonas ni aditivos) dejara de serlo y pasara a formar parte de la normalidad. Como lo es que ciertas clases de alimentos chinos estandar dicen los nombres en inglés. Hasta finales de 2006 la organización de los juegos ya había traducido un total de 1.000 platos y bebidas, entre los que se incluían 66 variedades de carne de vaca y 83 de cerdo. El objetivo es tener, para finales de 2007, todos los términos referentes a conceptos culinarios traducidos al inglés. Uno de los objetivos, aseguran los responsables, es evitar «malentendidos y confusiones» sobre los menús chinos.

Confianza perdida

Episodios como el descrito no parecen ser más que una de las numerosas acciones que han emprendido las autoridades sanitarias chinas en la batalla para ganar la confianza de los consumidores, no sólo en los alimentos sino en otros productos como juguetes y pastas dentales. El mismo Zhou Baihua, director de la Administración General para la Industria y el Comercio , ha admitido que, aunque la situación en cuanto a seguridad alimentaria se refiere ha mejorado desde los últimos incidentes, «aún no hay espacio para el optimismo». Pero recuperar la confianza no será nada fácil. Especialmente tras incidentes como el detectado el pasado mes de junio, cuando se tuvieron que retirar de la venta los bollos zongzi, elaborado con arroz y envuelto en hojas de bambú, preparados dos años antes.

Este caso se sumaba al del gluten de trigo chino contaminado con melamina, un producto químico industrial que se encuentra en plásticos y que se utilizó en la fabricación de piensos para animales, que provocó la muerte de numerosos perros y gatos en EEUU. El pasado mes de abril se identificaba el gluten de trigo y la proteína de arroz adulterados con las que elaboró la comida para los animales. La materia prima, importada de dos empresas china, estaría contaminada por melamina, una pequeña molécula que se usa en la industria como retardante de llama y en la fabricación de polímeros. La sustancia se encontró tanto en las proteínas vegetales de origen chino como en muestras de los animales muertos.

 

 

 


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