Un reducido grupo de
cerdos «participarán» de forma activa en los Juegos Olímpicos de Pekín del año
que viene. Las autoridades del país han anunciado que se dará una alimentación
exenta de hormonas a los animales que vayan a consumir los deportistas para
evitar problemas de dopaje.
Marta Chavarrías

El protagonismo de China en temas de seguridad alimentaria
es evidente desde hace unos meses. A las alertas sobre riesgos alimentarios,
como los últimos escándalos relacionados con productos fraudulentos chinos exportados,
que ha obligado a intensificar el control sobre los productores y los
distribuidores de alimentos a través de una normativa específica de supervisión
de la seguridad alimentaria, se le suma ahora una idea. A partir de ahora, y
durante los próximos meses, una pequeña parte de la producción de carne porcina
se hará bajo condiciones muy particulares: tres centros paradisíacos cercanos a
Pekín se ocuparán de criar animales libres de hormonas. ¡Qué bien!, pensarán
los consumidores del país. Aunque no va por ahí la cosa. La carne libre de
sustancias no deseables sólo podrán degustarla los deportistas de elite, es
decir, los que participen en los Juegos Olímpicos que se celebrarán en 2008. En
total, está previsto suministrar carne de este tipo a
unos 10.500 atletas dentro de lo que entrará
a formar parte del denominado
Código
Olímpico para la Seguridad Alimentaria.
Recurrir a la alimentación animal y, dentro de ella, a la
porcina, con piensos ricos en hormonas y esteroides no es nada anormal en
China. Sí lo es, en cambio, que se haga todo lo contrario. Y la noticia que ha
aparecido recientemente es una clara muestra de ello, y más teniendo en cuenta
que el consumo de cerdo es uno de los más elevados en China, con un consumo
medio al año por persona de 19 kilos durante 2006, según datos del Ministerio
de Agricultura
del país. La particularidad de esta iniciativa es que la producción se alargará
dos meses más que la «convencional», se adoptarán medidas antiterroristas
(aislamiento de las granjas) y se protegerán a los animales de enfermedades
porcinas. Y no cualquier persona podrá acceder a estos «recintos»: todo
trabajador deberá pasar tres días de cuarentena antes de entrar en contacto con
los animales, y se les elaborará un historial a cada animal que permitirá hacer
un seguimiento minucioso.
La competición llega a los alimentos
La carrera por garantizar la seguridad e inocuidad de los
alimentos durante la celebración de los Juegos Olímpicos ha empezado con el
compromiso de buena parte de la industria alimentaria china. Para ello, cuentan
con un comité especial que se encargará de supervisar con minuciosa atención
los alimentos que se suministran a los olímpicos. Este control incluye tanto la
producción, como el proceso o el transporte. Por el momento, toda esta
actividad contará con un área de 1.000 metros
cuadrados en la que se acomodará un centro con más de 30
expertos en seguridad alimentaria y 20 profesionales más.
Según la información de la página oficial de los Juegos
Olímpicos ,
los consumidores de a pie también recibirán información sobre cómo adquirir
estos productos. La cuestión, sin embargo, sería que lo sorprendente (carne sin
restos de hormonas ni aditivos) dejara de serlo y pasara a formar parte de la
normalidad. Como lo es que ciertas clases de alimentos chinos estandar dicen los
nombres en inglés. Hasta finales de 2006 la organización de los juegos ya había
traducido un total de 1.000 platos y bebidas, entre los que se incluían 66
variedades de carne de vaca y 83 de cerdo. El objetivo es tener, para finales de 2007,
todos los términos referentes a conceptos culinarios traducidos al inglés. Uno
de los objetivos, aseguran los responsables, es evitar «malentendidos y confusiones»
sobre los menús chinos.
Confianza
perdida
Episodios como el descrito no parecen ser más que una de las numerosas
acciones que han emprendido las autoridades sanitarias chinas en la batalla
para ganar la confianza de los consumidores, no sólo en los alimentos sino en
otros productos como juguetes y pastas dentales. El mismo Zhou Baihua, director
de la Administración
General para la Industria y el Comercio , ha
admitido que, aunque la situación en cuanto a seguridad alimentaria se refiere
ha mejorado desde los últimos incidentes, «aún no hay espacio para el
optimismo». Pero recuperar la confianza no será nada fácil. Especialmente tras
incidentes como el detectado el pasado mes de junio, cuando se tuvieron que
retirar de la venta los bollos zongzi,
elaborado con arroz y envuelto en hojas de bambú, preparados dos años antes.
Este caso se sumaba al del gluten de trigo chino contaminado con melamina,
un producto químico industrial que se encuentra en plásticos y que se utilizó
en la fabricación de piensos para animales, que provocó la muerte de numerosos
perros y gatos en EEUU. El pasado mes de abril se identificaba el gluten de
trigo y la proteína de arroz adulterados con las que elaboró la comida para los
animales. La materia prima, importada de dos empresas china, estaría
contaminada por melamina, una pequeña molécula que se usa en la industria como
retardante de llama y en la fabricación de polímeros. La sustancia se encontró
tanto en las proteínas vegetales de origen chino como en muestras de los
animales muertos.