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Se buscan defraudadores

Enviado el jueves, 06 de septiembre de 2007 13:30


Evidentemente, el caché científico de un país viene dado por la cantidad de su excelencia investigadora, todo ese cúmulo de datos objetivos que todos conocemos: publicaciones, citas y los cada vez más sofisticados métodos de analizar esa información.

Ignacio F. Bayo

Pero existen otros indicios de la importancia científica de un país en toda la gama de calidades objetivas de sus investigadores. Es difícil hacer ciencia de primera si no se cuenta con una masa crítica de clase media; desde la clase media-alta de investigadores que, sin ser geniales o sin contar con los medios adecuados, realizan aportaciones valiosas, fruto de su perseverancia y de la debida orientación, hasta la clase media-baja de mediocres que poco o nada aportan al conjunto del conocimiento, que publican porque es ley de vida y porque siempre hay un roto (una revista asequible) para un descosido (una investigación intrascendente).

Pero existe un indicio mucho más curioso, el de los que traspasan clandestinamente esa frontera que debería ser impermeable para quienes se dedican a la ciencia, la del fraude, en cualquiera de sus versiones. Toda potencia científica tiene que tener sus contrabandistas de la verdad, y así Alemania tiene su Schón, Francia su Benveniste, Inglaterra su Cyril Burt y hasta la emergente Corea tiene ya su Hwang, por no hablar de Estados Unidos, primera potencia científica indiscutible y por tanto con una larga ristra de defraudadores, consistente con su peso global, para equilibrar el otro lado de la balanza: Breuning, Fleischman y Pons, Ninov, Robert Gallo, David Baltimore (premio Nobel)…

No es de extrañar que en Estados Unidos hayan tenido que montar una oficina dedicada a estudiar los casos de falta de ética investigadora. La ORI (Office of Research Integrity), creada por los Institutos Nacionales de Salud, lleva ya funcionando casi 20 años, investigando, a veces con técnicas semejantes a las de los detectives más sofisticados, las denuncias de fraude o mal comportamiento científico en el área de la biomedicina. En el año 2006, por ejemplo, la ORI analizó 50 casos, cerrando 35 de ellos sin cargos y encontrando suficientes indicios de culpabilidad en los otros 15. El castigo implica la devolución de los fondos públicos asignados al centro para el proyecto científico condenado y con frecuencia el despido del autor, que debe buscarse un nuevo modo de ganarse la vida, lejos de los laboratorios.

Pero como la cosa empieza a expandirse, en septiembre Lisboa acogerá la primera Conferencia Mundial sobre Integridad en la Investigación, organizada por ORI, en la que, una vez más, España no creo que haga un brillante papel: no tenemos defraudadores científicos de suficiente altura y calidad. Es una deficiencia más de nuestro sistema nacional de ciencia y tecnología. Tan solo algunas faltas: artículillos que se repiten, pequeños plagios, algún dato amañado… intrascendencias, en suma.

Aunque, eso sí, en algunos aspectos colindantes empezamos a brillar. Tras 15 años desde que se instituyeron, nuestros científicos han conseguido ya traerse a casa un premio IgNobel, el galardón que otorga, desde 1991, la revista de ciencia y humor Annals of Improbable Research a las investigaciones más estrambóticas del año como contrapunto simultáneamente a la entrega del preciado galardón sueco. El año pasado un equipo formado por investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia y de la Universidad de las Islas Baleares se llevó el IgNobel de Química por su estudio "Velocidad ultrasónica en el queso cheddar afectada por la temperatura". El título puede parecer gracioso, pero la investigación tiene su sentido, porque permite mejorar el uso de los ultrasonidos para control de calidad en la industria alimentaria y desde luego carece, que sepamos, de falta de rigor o de ética, así que para nuestro propósito no nos vale.

No hay ciencia buena sin fraudes colaterales. Puede parecer mera boutade de columnista, pero piénsenlo: el fraude es una consecuencia directa de la necesidad de destacar, es producto de la competitividad, esa misma que hace que Estados Unidos sea la primera potencia mundial en investigación y que cope año tras año los Nobel. Es el efecto secundario de ese efecto primario deseado que es la excelencia investigadora. Sabremos que la ciencia española empieza a cumplir su declarado propósito de dar zancadas en busca de la primera línea de la ciencia cuando empecemos a tener casos sonados de fraude. Y que Europa ha superado el objetivo de Barcelona-Lisboa cuando se vea la necesidad de crear una ORI europea.




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Comentarios

# re: Se buscan defraudadores

07/09/2007 9:42 por Angel
No estoy de acuerdo con el último párrrafo, que me parece da saltos lógicos sin justificación. El fraude no es consecuencia directa de la necesidad de destacar sino de la falta de honradez. Y tampoo es, en absoluto, efecto de la excelencia investigadora que, a su vez, es consecuencia de una política a medio y largo plazo, de un tamaño crítico, de una inversión sostenida e inteligente y de la disponibilidad de medios y métodos.
Aquí podremos mejorar cuando haya, por ejemplo, posibilidad de brindar a nuestros doctorandos un curriculum investigador, un camino de consolidación de sus vocaciones. Mientras tanto no eches de menos a un Hwang, que no sería indicador de nada salvo de su propia falta de ética.
Saludos

# re: Se buscan defraudadores

08/09/2007 12:59 por ARC
Excelente columna la del amigo Ignacio Bayo. Creo que el fraude científico es una consecuencia directa del "publicar o perecer" y de la "ciencia de excelencia" medida no por su originalidad o valor sino por el factor de impacto, abuso que asusta ya hasta a su creador, Eugene Garfield, que lo ideó con un propósito totalmente distinto al uso que ahora se le da. Medir la calidad de un trabajo por el dichoso índice releva al mediocre de la necesidad de entender lo que dice, criticarlo o sugerir experimentos adicionales; no hay que pensar, nada más que repetir como un papanatas la canción que todos cantan; a eso le llamó yo "ciencia de prét-à-porter": artículos que son clónicos, todos diciendo las mismas inexactitudes como si fueran cosa probada, citando a los mismos individuos; llegan a ser tan bobos que incluso los artículos publicamente retractados siguen siendo citados (hay un comentario reciente en Nature al respecto).

El tener que publicar a toda costa en revistas de "alto perfil", o perecer en el intento en el caso de fracasar, ha inducido e induce una cantidad de fraudes mucho mayor de lo que algunos quiere aceptar; la tozudez de estos a mirar a otro lado, a pesar de las abrumadoras evidencias de lo que está ocurriendo, hace sospechar que quizá la cosa no les sea del todo ajena pues es difícil entender que se pueda ser tan imbécil; recomiendo la lectura de "Scientists behaving badly" (Nature, vol 435, 9 de junio de 2005) para los que aún crean que viven en la Arcadia feliz científica; también es del todo recomendable el libro de Horace Freeland Judson "Anatomía del fraude científico".

No estoy de acuerdo con Ignacio en que en España no haya fraude. Lo hay. Me pasó a mí. Después de repetir hasta la extenuación experimentos demostrativos de que los datos publicados poco antes por mi jefe eran falsos, perjudicándome directamente, acudí al superior de todos con documentos en mano. Las amenazas veladas y explícitas fueran tantas y tales que tuve que dejar el sitio. Los pocos que sabían lo que pasaba me hicieron el vacío: de repente me volví invisible para algunos. Me las ví y deseé para poder sacar mi trabajo adelante. De haber hecho la "vista gorda" colaborando a tapar la podredumbre no habría pasado por aquel calvario y no hubiera tenido dificultades para continuar y promover mi carrera. ¡Pues claro que hay fraude en España! Lo que ocurre es que diciendo que no existe, no sólo no investigándolo sino amenazando al que lo denuncia, la suciedad queda debajo de la alfombra. Tampoco soy el único. Sé de más compañeros que han pasado por lo mismo o algo parecido a lo mío.

Perdonad la longitud del texto. Seguid todos con salud.

ARC

# re: Se buscan defraudadores

13/09/2007 8:58 por alguno
A veces, en ciertas ramas de la ciencia, es mejor hacer las cosas mal que hacerlas bien...
Hay sitios donde se le encarga al becario de turno tareas mucho más complejas de las que están preparados y reciben los datos sin escepticismo y sin hacer demasiadas preguntas... "buscarse la vida" muchas veces implica no defraudar pero si no ser del todo "correcto" o por desconocimiento o por necesidad.

¿Donde están los técnicos que aconsejen de forma independiente si se ha realizado correctamente una medida o planteado bien un experimento?

Falta una auditoria y personal tecnico inmune a las "presiones" publicadoras.

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Recientemente "se sabe" de ciertas medidas hechas con dinamometros escolares, sin calibrar. Lo que hubiera sido un error de medida porque año tras año el muelle se estira y oxida pasa a ser toda una publicación cientifica de como cierta cosa aumenta de peso año tras año por culpa del cambio climático.
¿Y quien va a dudar de que se ha pesado bien?
La teoría dice que uno de los pilares de la ciencia es la repetitibidad del experimento, pero ¿Quien va a repetir un experimento de 3 años de pesadas en el campo?

El articulo se queda publicado, y éxito seguro... parafraseando a la profesión periodistica "No dejes que una chapuza en la medida te estropee un buen articulo (cientifico)"
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