La ciencia de la alimentación lleva años
bombardeando a los consumidores con información sobre los efectos de ciertos
alimentos en la salud. Lo que muchas de estas investigaciones vienen a decir es
que una cosa es alimentarse y, la otra muy distinta, nutrirse.
MARTA CHAVARRÍAS

Y en ello se centran muchos de los estudios que se publican,
es decir, en determinar cuáles son los ingredientes que ayudan a reducir el riesgo
de contraer enfermedades, como por ejemplo la obesidad, o cuáles son las
sustancias que pueden suponer un riesgo para la salud.
Los avances en investigación alimentaria van resolviendo
algunos de los retos que plantean los cambios de hábitos de los consumidores,
como conocer las incidencias de los nuevos alimentos (los funcionales o los que
contienen transgénicos) e, incluso, controlar la epidemiología de las alergias
alimentarias. Una de las últimas novedades en investigación alimentaria es el
concepto dual que plantea la nutrigenómica, o dieta personalizada, que funde en
una disciplina nutrición y genética. Alimentos y genes. ¿Por qué esta dualidad?
Porque con esta unión la dieta podría, en determinados casos, llegar a
constituir un tratamiento complementario.
Con la combinación de tecnologías de genómica funcional, la
bioinformática y la biología molecular, además de otras técnicas
epidemiológicas, bioquímicas y nutricionales, la nutrigenómica podría ayudar a
desarrollar, por ejemplo, alimentos funcionales que tuvieran en cuenta el
impacto de nutrientes sobre el control del peso corporal. A mediados de 2006, expertos
de la Universidad
de Munich se mostraban aún cautelosos ante ciertos resultados, aunque ya
destacaban los beneficios de engranar la investigación genética con la ciencia
de los alimentos. En la UE
esta disciplina cuenta con una importante plataforma de investigación, la red NuGo,
enfocada en la prevención de enfermedades crónicas a través de la interacción
de los nutrientes en el organismo a nivel génico, proteómico y metabolímico.
Alimentos funcionales, ¿una necesidad?
Las nuevas líneas de investigación en el ámbito de la
nutrición y de la salud han llevado también a los alimentos funcionales, a los
que se ha añadido (o eliminado) uno o varios nutrientes y modificado su
biodisponibilidad. Todo ello coincidiendo con el cada vez más creciente interés
de los consumidores entre dieta y salud. Nacido en Japón en los años 80, el
término functional food hace referencia a una función beneficiosa sobre
el organismo de las personas. Según la clasificación japonesa, Foods for
specified health use (FOSHU , Alimentos para
Uso Especifico en la Salud)
se refiere a «alimentos para uso específico de salud».
De nuevo una interacción, la de alimentos y medicina, acepta
el papel de los nutrientes en el equilibrio de la salud. Betacarotenos en
frutas como antioxidantes, ácidos grasos monoinsaturados en nueces para reducir
el riesgo de enfermedades cardiovasculares, antiocianidinas en cerezas para
fortalecer las defensas antioxidantes de las células o lactobacilos en yogur
para mejorar la salud gastrointestinal son algunos de los componentes
funcionales que más favores han recibido. Con todo, nutricionistas y dietistas
advierten que los alimentos no curan por sí solos, lo que es saludable es
seguir una dieta equilibrada que lleve
incorporados todos los nutrientes necesarios. Y es que a pesar de que los
criterios científicos que avalan esta relación son numerosos, aún son
necesarios más estudios que lo ratifiquen, admiten los expertos.
A vueltas con las alergias alimentarias
Una de las referencias más claras de la investigación ha ido
encaminada determinar los alimentos más implicados en la aparición de alergias
alimentarias. En España, los casos de alergia se dan sobre todo por el consumo
de leche y huevo, que afectan especialmente a la población infantil. Uno de los
motivos que explicaría que en los últimos 15 años se haya duplicado el número
de personas que sufren algún tipo de alergia alimentaria
es la introducción de nuevos alimentos en la dieta diaria. Esta tendencia ha
llevado a plantear evaluaciones de riesgo alérgico antes de introducir
alimentos, como las frutas exóticas.
Reflejadas sobre todo con la aparición de urticarias, las
reacciones a alimentos se evitan, únicamente, evitando el consumo del alimento
y sus derivados. En un estudio publicado hace unos días en Journal of
Allergy and Clinical Immunology, expertos británicos aseguraban haber
hallado una molécula, conocida como interleuquina 12, capaz de proteger contra
las alergias alimentairas. Según la investigación, esta molécula contiene unas
células que ayudan a regular la respuesta inmunitaria del organismo frente los
cuerpos foráneos, como las proteínas de los alimentos. La investigación refleja
cómo una proteína, que puede ser muy dañina para una persona, es inofensiva
para otra.