Enviado el miércoles, 01 de agosto de 2007 12:18
Del
mercado de la biotecnología y de la nanobiomedicina se espera mucho. Desde
fórmulas para erradicar el hambre en el mundo hasta fármacos capaces de vencer
cualquier forma de cáncer
Xavier
Pujol Gebellí

Y a fe
que en esa línea se debe estar avanzando si echamos un vistazo a la prensa
especializada y tomamos nota: los alimentos transgénicos, a pesar de todos los
pesares, van ganando cuota de mercado; los anticuerpos monoclonales se emplean
con éxito para frenar la progresión de tumores de mama metastáticos; y los
alimentos 'fortificados' o 'suplementados' nos advierten de que no todo está
inventado, al menos en lo que a las cosas del comer se refiere. De todo ello se
ha hablado durante cuatro jornadas en BioVision, el pomposamente llamado
"The World Life Sciences Forum".
Lo cierto es que si repasamos el programa de la reunión podríamos llegar a la
conclusión de que, efectivamente, la expresión pomposa se ajusta a la realidad.
Y que lo que nos vende la biotecnología, también. Pero una vez llegados a Lyon
y a su palacio de congresos, donde se celebró el evento, no cuesta demasiado
darse cuenta de que, en el fondo, no es más que una verdad a medias.
Como muestra, un botón. La asociación de empresas biotecnológicas francesa, con
el apoyo de las compañías biomédicas galas, Europabío y la asociación
internacional de laboratorios de investigación LIR, presentaron en el foro su
nuevo portal
BioImpact.org. La iniciativa, a priori, tiene interés: se
pretende "poner en valor", según sus promotores, los logros de la
biotecnología en el sector biomédico. Y hacerlo de modo "transparente y
asequible" para que el mayor número posible de personas conozcan de forma
razonable cuando un tratamiento presenta una relación de coste-eficacia
justificado.
Para que la presentación resulte más atractiva los promotores introdujeron al
público (los periodistas que estábamos ahí tomando nota) cuatro casos-ejemplo:
anticuerpos monoclonales para cáncer de mama; fármacos anti-TNF alfa para
enfermedades inflamatorias del intestino y reumatoides; y nuevos
anti-trombolíticos para enfermedades cardiovasculares.
La exposición y los datos parecen, ciertamente, irreprochables. Quedan por ver
las fuentes en las que se basan los promotores del nuevo portal informativo
para demostrar que el coste de la inversión se justifica por el ahorro que
genera a los sistemas de salud. En la página se explicita que el cáncer de mama
supone la friolera de 8.000 millones de euros al año, ni más ni menos que el
15% de los cerca de 54.000 millones en que está estimado el coste de las formas
de cáncer prevalentes en los principales países de la Unión Europea. De algún
modo, digo yo, y eso está bien, los autores del informe habrán logrado
solventar la disparidad de cifras, de registros y de costes no comparables que
existen en Europa acerca de esta enfermedad.
Pero digo más: el coste del anticuerpo monoclonal asciende a 20.000 euros por
persona y año. Un tratamiento caro, se resume en la página, "pero
justificado según las autoridades regulatorias" por el valor de las vidas
"salvadas o prolongadas".
Muchos opinarán, tal vez, que la expresión es desafortunada. Pero es
justificable en términos económicos. Más allá del coste directo de la
enfermedad, en algunas encuestas se añaden los indirectos, entendidos éstos
como los derivados de horas de trabajo perdidas por la enfermedad o por muerte
prematura.
Cierto es, no obstante, que el valor de una vida humana no debería medirse en
costes. O por lo menos, no sólo en costes.
Y puestos a decir: se me ocurre preguntar, a raíz de una indicación un tanto
confusa de las necesidades del sector europeo, cuales son las condiciones
necesarias para que el ámbito biotecnológico compita en igualdad de condiciones
con el resto del mundo, léase Estados Unidos, Japón o los países emergentes de
Asia.
Es ahí donde descubro que, en el fondo, España no anda tan lejos de Europa.
Esta es la respuesta de mi interlocutor: se necesita mayor financiación, acceso
a fondos en condiciones razonables, mecanismos para favorecer la unión con
socios tecnológicos y financieros, mayor y efectiva transferencia de
tecnología, cultura de capital-riesgo, modificaciones legislativas y un mayor
acercamiento a los mercados reales, sean estos los biomédicos, los alimentarios
o los agrícolas.
Para colmo una confesión: alguien desliza que en estos momentos en Europa se
diseñan y se producen unos pocos fármacos biotecnológicos de origen puramente
europeo. Y que con eso hay que competir. Si no se consigue que Europa recupere
su atractivo para el investigador y no se fomentan las relaciones entre los
sectores público y privado, viene a decir quien se confiesa, el futuro no es
demasiado halagüeño.
Pues vaya. Qué cerca nos queda Europa a veces. ¿O acaso piensan otra cosa? Lo
que ya no sé es si deberemos justificar inversiones en ciencia, sea
biotecnológica, biomédica o del tipo que sea, acudiendo a las frías
estadísticas o esgrimiendo argumentos lacrimógenos.
Aunque bien mirado, puestos a copiar, y a pesar del atraso manifiesto de Europa
en este campo con respecto a sus competidores, bien estaría ponerse en la media
de inversión europea con respecto al PIB. Igual con eso nos podríamos conformar
de saque. Vamos, digo yo.