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miércoles, 01 de agosto de 2007

Del mercado de la biotecnología y de la nanobiomedicina se espera mucho. Desde fórmulas para erradicar el hambre en el mundo hasta fármacos capaces de vencer cualquier forma de cáncer


Xavier Pujol Gebellí



Y a fe que en esa línea se debe estar avanzando si echamos un vistazo a la prensa especializada y tomamos nota: los alimentos transgénicos, a pesar de todos los pesares, van ganando cuota de mercado; los anticuerpos monoclonales se emplean con éxito para frenar la progresión de tumores de mama metastáticos; y los alimentos 'fortificados' o 'suplementados' nos advierten de que no todo está inventado, al menos en lo que a las cosas del comer se refiere. De todo ello se ha hablado durante cuatro jornadas en BioVision, el pomposamente llamado "The World Life Sciences Forum".

Lo cierto es que si repasamos el programa de la reunión podríamos llegar a la conclusión de que, efectivamente, la expresión pomposa se ajusta a la realidad. Y que lo que nos vende la biotecnología, también. Pero una vez llegados a Lyon y a su palacio de congresos, donde se celebró el evento, no cuesta demasiado darse cuenta de que, en el fondo, no es más que una verdad a medias.

Como muestra, un botón. La asociación de empresas biotecnológicas francesa, con el apoyo de las compañías biomédicas galas, Europabío y la asociación internacional de laboratorios de investigación LIR, presentaron en el foro su nuevo portal BioImpact.org. La iniciativa, a priori, tiene interés: se pretende "poner en valor", según sus promotores, los logros de la biotecnología en el sector biomédico. Y hacerlo de modo "transparente y asequible" para que el mayor número posible de personas conozcan de forma razonable cuando un tratamiento presenta una relación de coste-eficacia justificado.

Para que la presentación resulte más atractiva los promotores introdujeron al público (los periodistas que estábamos ahí tomando nota) cuatro casos-ejemplo: anticuerpos monoclonales para cáncer de mama; fármacos anti-TNF alfa para enfermedades inflamatorias del intestino y reumatoides; y nuevos anti-trombolíticos para enfermedades cardiovasculares.

La exposición y los datos parecen, ciertamente, irreprochables. Quedan por ver las fuentes en las que se basan los promotores del nuevo portal informativo para demostrar que el coste de la inversión se justifica por el ahorro que genera a los sistemas de salud. En la página se explicita que el cáncer de mama supone la friolera de 8.000 millones de euros al año, ni más ni menos que el 15% de los cerca de 54.000 millones en que está estimado el coste de las formas de cáncer prevalentes en los principales países de la Unión Europea. De algún modo, digo yo, y eso está bien, los autores del informe habrán logrado solventar la disparidad de cifras, de registros y de costes no comparables que existen en Europa acerca de esta enfermedad.

Pero digo más: el coste del anticuerpo monoclonal asciende a 20.000 euros por persona y año. Un tratamiento caro, se resume en la página, "pero justificado según las autoridades regulatorias" por el valor de las vidas "salvadas o prolongadas".

Muchos opinarán, tal vez, que la expresión es desafortunada. Pero es justificable en términos económicos. Más allá del coste directo de la enfermedad, en algunas encuestas se añaden los indirectos, entendidos éstos como los derivados de horas de trabajo perdidas por la enfermedad o por muerte prematura.

Cierto es, no obstante, que el valor de una vida humana no debería medirse en costes. O por lo menos, no sólo en costes.

Y puestos a decir: se me ocurre preguntar, a raíz de una indicación un tanto confusa de las necesidades del sector europeo, cuales son las condiciones necesarias para que el ámbito biotecnológico compita en igualdad de condiciones con el resto del mundo, léase Estados Unidos, Japón o los países emergentes de Asia.

Es ahí donde descubro que, en el fondo, España no anda tan lejos de Europa. Esta es la respuesta de mi interlocutor: se necesita mayor financiación, acceso a fondos en condiciones razonables, mecanismos para favorecer la unión con socios tecnológicos y financieros, mayor y efectiva transferencia de tecnología, cultura de capital-riesgo, modificaciones legislativas y un mayor acercamiento a los mercados reales, sean estos los biomédicos, los alimentarios o los agrícolas.

Para colmo una confesión: alguien desliza que en estos momentos en Europa se diseñan y se producen unos pocos fármacos biotecnológicos de origen puramente europeo. Y que con eso hay que competir. Si no se consigue que Europa recupere su atractivo para el investigador y no se fomentan las relaciones entre los sectores público y privado, viene a decir quien se confiesa, el futuro no es demasiado halagüeño.

Pues vaya. Qué cerca nos queda Europa a veces. ¿O acaso piensan otra cosa? Lo que ya no sé es si deberemos justificar inversiones en ciencia, sea biotecnológica, biomédica o del tipo que sea, acudiendo a las frías estadísticas o esgrimiendo argumentos lacrimógenos.

Aunque bien mirado, puestos a copiar, y a pesar del atraso manifiesto de Europa en este campo con respecto a sus competidores, bien estaría ponerse en la media de inversión europea con respecto al PIB. Igual con eso nos podríamos conformar de saque. Vamos, digo yo.

12:18 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (5)