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jueves, 19 de julio de 2007

¿Coexistieron los humanos y los dinosaurios? ¿Fuimos creados por un ente superior hace tan sólo 10.000 años? Algunos, en Estados Unidos, están convencidos de que sí.


María José Viñas


Antes de mudarme a Estados Unidos había una característica de la sociedad norteamericana que me tenía muy preocupada y me hacía dudar de si realmente me gustaría pasar unos años de mi vida en estas tierras. No, no se trataba de la posesión generalizada de armas de fuego, ni de la falta de asistencia médica universal, ni tan siquiera de la aplicación de la pena de muerte en la mayoría de los estados (aunque estos tres sean algunos de los puntos más débiles de Estados Unidos). Se trataba de algo que me dejaba todavía más perpleja: el hecho de que un gran porcentaje de los estadounidenses rechacen la teoría de la evolución y prefieran pensar que fue un ser supremo quien nos modeló a su forma y semejanza.

Definitivamente, los datos son preocupantes: la última encuesta Gallup señala que, a julio de 2007, dos tercios de la población estadounidense piensa que el creacionismo, la idea de que Dios creo a los humanos en su forma actual hace sólo 10.000 años, es definitiva o probablemente verdad. La evolución, en cambio, no es una idea tan popular entre los norteamericanos: sólo un 53% de los entrevistados cree que la teoría de que los humanos evolucionaron a partir de formas de vida menos avanzadas durante millones de años es definitiva o probablemente verdad. Lo curioso es que uno de cada cuatro entrevistados cree que ambas teorías son probable o definitivamente ciertas; ¡cómo si fueran ideas compatibles!

Además, es un hecho bastante conocido que esta primavera se inauguró en Kentucky el Museo de la Creación, que afirma que la vida en la Tierra se creó tal y como explica el Génesis y que humanos y dinosaurios coexistieron. Y, para acabar de rematar el tema, tres de los siete candidatos del Partido Republicano a presidir Estados Unidos en 2008 han afirmado sin ningún tipo de vergüenza que no creen en la evolución.

¿Debemos pues sentirnos apenados por aquellos americanos que siguen creyendo que Darwin tenía razón y por los pobres científicos estadounidenses? Creo que sólo en parte. Algo muy positivo del ataque creacionista es que ha servido de toque de atención para los científicos americanos sobre el distanciamiento existente entre su trabajo y la sociedad. “¿Por qué el mensaje creacionista llega a la gente mucho mejor que el nuestro?”, se preguntan los investigadores en multitud de foros, artículos y congresos. En algo han fallado, se dan cuenta alarmados. Y juntos buscan nuevas formas de aproximarse al público que ha sido seducido por la religión, tal y como debaten Lawrence M. Krauss y Richard Dawkins en un magnífico artículo de la edición de julio de la revista Scientific American.

Paralelamente, el “problema creacionista” ha impulsado el activismo entre los científicos: ha habido un auténtico movimiento destinado a salvaguardar la teoría de la evolución en las escuelas, han surgido estrellas mediáticas en la promoción de la ciencia sobre la teología, como el ya mencionado Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris, o Scott Atran, que han escrito best-sellers como “El espejismo de Dios” (Dawkins) o “The End of Faith” (Harris) y participado en multitud de debates. Blogs como “The Panda’s Thumb” (El pulgar del panda), dedicado exclusivamente a discutir la teoría de Darwin y a criticar el movimiento creacionista, están entre los más populares de Internet (concretamente en la posición 3.333… cierto que no es una de las 100 bitácoras más populares, pero es que al fin y al cabo sigue siendo un blog de ciencia, no de cotilleos).

Definitivamente, el creacionismo obliga a los estadounidenses a reflexionar de qué bando están… y con suerte a aprender en el proceso.

En Estados Unidos es muy popular poner en los coches pegatinas con eslóganes ingeniosos. Los hay de todos tipos: desde los que apoyan a determinado candidato a la presidencia del país hasta los que proclaman a los cuatro vientos el amor por los perros del dueño del vehículo. Al principio me pareció un poco exagerado mostrar al mundo entero de qué pie cojeas. Pero hace unas semanas, por fin encontré una pegatina que podría enganchar a mi coche. Ponía “Keep your theology off my biology” (Mantén tu teología lejos de mi biología).

10:57 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (89)