¿Coexistieron los humanos
y los dinosaurios? ¿Fuimos creados por un ente superior hace tan sólo 10.000
años? Algunos, en Estados Unidos, están convencidos de que sí.
María José Viñas

Antes de mudarme a
Estados Unidos había una característica de la sociedad norteamericana que me
tenía muy preocupada y me hacía dudar de si realmente me gustaría pasar unos
años de mi vida en estas tierras. No, no se trataba de la posesión generalizada
de armas de fuego, ni de la falta de asistencia médica universal, ni tan siquiera
de la aplicación de la pena de muerte en la mayoría de los estados (aunque
estos tres sean algunos de los puntos más débiles de Estados Unidos). Se
trataba de algo que me dejaba todavía más perpleja: el hecho de que un gran
porcentaje de los estadounidenses rechacen la teoría de la evolución y prefieran
pensar que fue un ser supremo quien nos modeló a su forma y semejanza.
Definitivamente, los
datos son preocupantes: la última encuesta Gallup señala que, a julio de 2007, dos
tercios de la población estadounidense piensa que el creacionismo, la idea de
que Dios creo a los humanos en su forma actual hace sólo 10.000 años, es
definitiva o probablemente verdad. La evolución, en cambio, no es una idea tan
popular entre los norteamericanos: sólo un 53% de los entrevistados cree que la
teoría de que los humanos evolucionaron a partir de formas de vida menos
avanzadas durante millones de años es definitiva o probablemente verdad. Lo
curioso es que uno de cada cuatro entrevistados cree que ambas teorías son
probable o definitivamente ciertas; ¡cómo si fueran ideas compatibles!
Además, es un hecho
bastante conocido que esta primavera se inauguró en Kentucky el Museo de la Creación, que afirma que
la vida en la Tierra se creó tal y como explica el Génesis y que humanos y
dinosaurios coexistieron. Y, para acabar de rematar el tema, tres de los siete
candidatos del Partido Republicano a presidir Estados Unidos en 2008 han
afirmado sin ningún tipo de vergüenza que no creen en la evolución.
¿Debemos pues sentirnos
apenados por aquellos americanos que siguen creyendo que Darwin tenía razón y
por los pobres científicos estadounidenses? Creo que sólo en parte. Algo muy
positivo del ataque creacionista es que ha servido de toque de atención para
los científicos americanos sobre el distanciamiento existente entre su trabajo
y la sociedad. “¿Por qué el mensaje creacionista llega a la gente mucho mejor
que el nuestro?”, se preguntan los investigadores en multitud de foros,
artículos y congresos. En algo han fallado, se dan cuenta alarmados. Y juntos buscan
nuevas formas de aproximarse al público que ha sido seducido por la religión,
tal y como debaten Lawrence M. Krauss y Richard Dawkins en un magnífico artículo
de la edición de julio de la revista Scientific American.
Paralelamente, el “problema
creacionista” ha impulsado el activismo entre los científicos: ha habido un
auténtico movimiento destinado a salvaguardar la teoría de la evolución en las
escuelas, han surgido estrellas mediáticas en la promoción de la ciencia sobre
la teología, como el ya mencionado Richard
Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris, o Scott Atran, que han escrito best-sellers
como “El espejismo de Dios” (Dawkins) o “The End of Faith” (Harris) y
participado en multitud de debates. Blogs como “The Panda’s Thumb” (El pulgar del panda),
dedicado exclusivamente a discutir la teoría de Darwin y a criticar el
movimiento creacionista, están entre los más populares de Internet
(concretamente en la posición 3.333… cierto que no es una de las 100 bitácoras más
populares, pero es que al fin y al cabo sigue siendo un blog de ciencia, no de
cotilleos).
Definitivamente, el creacionismo
obliga a los estadounidenses a reflexionar de qué bando están… y con suerte a
aprender en el proceso.
En Estados Unidos es muy
popular poner en los coches pegatinas con eslóganes ingeniosos. Los hay de
todos tipos: desde los que apoyan a determinado candidato a la presidencia del
país hasta los que proclaman a los cuatro vientos el amor por los perros del
dueño del vehículo. Al principio me pareció un poco exagerado mostrar al mundo
entero de qué pie cojeas. Pero hace unas semanas, por fin encontré una pegatina
que podría enganchar a mi coche. Ponía “Keep your theology off my biology”
(Mantén tu teología lejos de mi biología).