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A Eva le cayó el gazpacho

Enviado el jueves, 21 de junio de 2007 13:49

Esto es la historia de una noche. Había una fiesta y había invitados. Y también se daba una cena. La fiesta y los invitados tenían que ver con la ciencia; el marco, las estrellas. Todo apuntaba bien hasta que a Eva se le cayó el gazpacho.

XAVIER PUJOL GEBELLÍ


Imaginen la escena. Todo el mundo sentado, una cena exquisita, un ambiente cálido a media luz, invitados que se reencuentran en un espacio distendido. Por la nómina de invitados, además, uno diría que parte de las estrellas que ocupaban el cielo esa noche encontraban su reflejo en la Tierra. En definitiva, que todo magnífico y todo estupendo: la ciencia como protagonista, los científicos como invitados de honor y la presencia del máximo responsable de la investigación en Cataluña sentado entre –y no ante- ellos. Pero nadie contaba con el gazpacho de Eva. Lo cierto es que ni ella misma contaba con el gazpacho.

El caso es que estaban todos disfrutando de una noche distinta. Tras los parlamentos (siempre hay parlamentos en este tipo de actos) se inició un pequeño debate (los debates siempre son pequeños en este tipo de actos). Justo en ese momento se empezó a servir la cena: ni más ni menos que Galaxia espiral en los límites de la Vía Láctea de primero, un Doble Quásar de la Osa Mayor de segundo y unas Columnas de la creación en M16 de postres. ¡Umh, casi nada!

Uno de los componentes de la Galaxia espiral resultó ser un gazpacho con ligero toque a melón (ya saben, las cosas del diseño culinario). En un momento dado, una joven y espigada camarera, tocada por los nervios de la ocasión, se aprestó a servir una mesa. Su bandeja (de diseño) topó inesperadamente con la cabeza de alguien (por suerte, su peinado no era de diseño). La vecina de esa cabeza de alguien era Eva; y Eva se quedó con el gazpacho con toque a melón. Repartido por (también podría haber dicho: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, según, sin, sobre, tras, durante, mediante y excepto y salvo) sus ropas y sus carnes. ¿Se había despertado Murphy, el de la Ley? ¿O tal vez Pudder, aquel personaje que declaró: “todo lo que empieza bien termina mal, todo lo que empieza mal termina peor”? Quizás Howe tenía razón: “Todo el mundo tiene un plan que no funciona”. ¿Fue ese el problema de Eva con el gazpacho? ¿Tenía que ver con la cena y los invitados? Remitámonos a los hechos.

La cena de marras se celebró en el Observatorio Fabra, un equipamiento centenario ubicado en el Tibidabo, uno de los montes que limitan el crecimiento (urbanístico-especulativo) de  Barcelona. El motivo de la cena, inaugurar las “cenas con estrellas”, una actividad que cada verano reúne en ese enclave detalles de gastronomía con la sapiencia de científicos y público general. En la temporada precedente participaron 4.500 comensales que escucharon la charla de 23 científicos.

En la charla inaugural de 2007 actuó Joan Guinovart (como ponente y maestro de ceremonias, claro). Lo hizo en calidad de director del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona y presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España. Ante él estaba una nutrida representación de los directores de centros de investigación catalanes, un buen número de científicos de primer nivel y personalidades destacadas (aunque comúnmente anónimas) del mundo empresarial. Mezclados con ellos, dos personas llamadas a tener un alto protagonismo en la construcción (o tal vez debiera decir reconstrucción) del sistema científico-tecnológico catalán: el consejero Josep Huguet (titular del departamento de Innovación, Universidades y Empresa de la Generalitat de Cataluña) y Joan Comella (director de la Fundación Catalana para la Investigación y la Innovación, anteriormente de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología).

Ambos asistían justamente de eso, de asistentes. Pero su asistencia, sobre todo tras los hechos acaecidos unas semanas antes, en las que se habían “caído” los directores generales de Universidades y de Investigación en apenas dos días de diferencia, invitaba al encuentro. Guinovart le saludó con una especie de “estamos contigo, aprovéchate de nosotros”; Huguet respondió con un algo parecido a “estáis invitados [a participar], cuento con vosotros”. Ambos se dijeron lo que se querían decir; ambos escucharon lo que querían escuchar.

El sentido de las palabras, casi que el sentido de sus vidas en esos momentos, representa algo tan simple conceptualmente como significativo en términos de sistema: los centros de investigación en Cataluña, como ocurre también en Madrid, pueden actuar de punta de lanza, de abrelatas o incluso de liebres en la competición internacional. Y pueden hacerlo porque, especialmente los de nuevo cuño, están dotados de la suficiente flexibilidad y atesoran suficiente talento como para que puedan pasearse por el mundo sin complejos.

¿Y las universidades qué?, se preguntará alguien. De todo hay, como en la viña del Señor. Y eso nadie lo duda. Lo que ocurre es que, en conjunto, dan un perfil de competidor del montón, casi tirando a la mediocridad. Esa es la realidad: en Cataluña, en Madrid, en España. Las excepciones, que lógicamente existen, son algunos departamentos, algunas áreas y algunas individualidades. Pero que nadie se engañe, no hay ninguna universidad española en el top ten, ni siquiera en el top 100. Hay que remontarse al puesto 200 para encontrar alguna…

O sea que, más que los discursos, lo que importaba esa noche era el encuentro. Y digo yo que tal vez lo que importe de noches sucesivas sea la sensación de remar todos en la misma dirección. El beneficio que pueda lograrse de esa percepción no va a ser sólo catalán, que nadie lo ponga en duda.

¿Y qué ocurrió con el gazpacho de Eva? Pues que no sólo se le cayó encima sino que también la impregnó. Lejos de “atabalar-se” (agobiarse), Eva se dejó llevar por la situación. Al fin y al cabo era una noche festiva, de encuentros. Incluso para debuts. Por cierto, Eva debutaba esa noche en el equipo de organización. ¿Tuvo mala suerte o fue acaso capaz de darle la vuelta a la situación? Lo dejo para próximas entregas.


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Comentarios

# re: A Eva se le cayó el gazpacho

22/06/2007 12:36 por jorge
Muy bueno el gazpacho, por cierto. Coincide con el artículo de ayer 21 de El País ("Es ciencia, imbécil").
De todas formas, lo que dices de "punta de lanza, de abrelatas o incluso de liebres", me parece que son cosas distintas. ¡Ojalá fuéramos punta de lanza! lo más probable es que seamos liebres, y ellos son los que se llevan los records.

# re: A Eva se le cayó el gazpacho

22/06/2007 16:22 por marta
Por que tanto secretismo sobre los asistententes al acto? He leido la noticia en varios medios, y excepto al omnipresente Guinovart, no se cita a nadie mas. Es la ciencia en Catalunya una sociedad secreta? Que otros organismos estuvieron representados? O es mas importante saber que paso con el gazpacho de Eva que saber si la institucion con la que nos relacionamos es suficinetemente importante para que inviten al jefe?

# re: A Eva se le cayó el gazpacho

22/06/2007 19:03 por Xavier Pujol Gebellí
Hablar de secretismo en un acto público en el que, como bien se indica, hubo prensa que luego escribió sus cosas, no tiene demasiado sentido. Relatar en el texto los noventa asistentes al acto, por otro lado, me había parecido gratuito. Pero nada, vamos allá:Isabel Cacho (Universitat de Barcelona), Lynn Margulis (Universidad de Massachussets), Ricard Guerrero (Institut d'Estudis Catalans), Lluis Torner (Institut Ciències Fotòniques), Jordi Isern (Institut Investigació Aeroespacial Catalunya), Núria Casamitjana, (Centre de Recerca Salut Internacional de Barcelona), Ramón Lopez de Mantaras (Institut d'Investigació en Inteligència Artificial), Claudi Alsina (Universitat Politècnica de Catalunya), Jordi Pascual (Institut Català de Nanotecnologia), Joaquim Bruna (Centre de Recerca Matemàtica), Javier Retana (CREAF), Josep A. Planell (Institut de Bioenginyeria de Catalunya), M.Angel Pericas (Institut de Investigació Química de Tarragona), Miguel Beato (Centre de Regulació Genòmica), Xavier Serra (Universitat Pompeu Fabra), Luis Roso (Universitat de Salamanca), Carles Lalueza (Universitat de Barcelona).

Muchos de ellos vinieron acompañados de amigos o parejas sentimentales (no era un acto académico, sino lúdico). También hubo gentes de empresa, miembros de la canallesca... Y Eva, la del gazpacho, que formaba parte del equipo organizador, además del conferenciante inaugural (Joan Guinovart), el consejero Huguet y Joan Comella (director de la FCRI).

Lo que se dijo también es público: Guinovart habló de las condiciones que, a su entender, deberían darse en Cataluña para que la ciencia pueda contribuir al desarrollo económico. Y Huguet, sentado entre el público, confirmó la necesidad de contar con la comunidad científica en el diseño de cualquier actuación planificada. Ni lo uno ni lo otro certifican pacto alguno, salvo el de no agresión en unos momentos en los que la vuelta a las trincheras hubiera sido más que posible.

Por lo demás, el ambiente fue distendido, algo que en ciencia a veces se echa de menos. Y en mi caso, en mi calidad de observador, fue interesante comprobar como los científicos son capaces de disfrutar de una actividad divulgativa como cualquier ciudadano 'normal', con independencia de su campo de actividad o coeficiente intelectual.

Sobre la omnipresencia de Guinovart: tal vez sea omnipresente, pero uno que está acostumbrado a tratar con científicos que den la cara echa a menudo en falta a otros que se atrevan a contar sin miedos sus opiniones y reflexiones sobre el sistema científico. La verdad es que no hay muchos (más bien pocos y anónimos, y eso es grave).

Y sobre el gazpacho: para alguien lego en el mundo de las ciencias y en el de las autoridades, como era el caso de Eva, atender las necesidades organizativas de un acto de estas características con todo ese líquido manchando su ropa, tiene su mérito. Y no es poco, créanme. Ya me gustaría ver a muchos de nosotros en la misma situación comportarse con dignidad. Por cierto, la misma que sería esperable de políticos y, por qué no decirlo, de nosotros periodistas y de ustedes, científicos.
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