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Violencia doméstica y responsabilidad médica

Enviado el lunes, 07 de mayo de 2007 18:30

Según datos del Consejo de Europa, un 20-25% de las mujeres europeas ha experimentado violencia física como mínimo una vez en su vida, y una de cada diez ha padecido violencia sexual.


JORDI MONTANER

La Revista clínica electrónica en atención primaria publicó el pasado 12 de marzo un monográfico sobre violencia doméstica con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora (8 de marzo). En él se aconseja la evaluación rutinaria de aquellas mujeres maltratadas que visitan los centros de salud, así como la creación de programas específicos en los hospitales que aporten información útil a las afectadas. Se afirma, asimismo, que “toda estrategia frente a la violencia contra la mujer debe sustentarse en cuatro ejes de intervención: prevención, diagnóstico precoz, adaptación a las realidades particulares e intervención ante el caso detectado”.

El documento, elaborado por la Cátedra UAB-Novartis y editado por la Fundació Biblioteca Josep Laporte, alude al Informe mundial sobre violencia y salud, un estudio poblacional basado en una encuesta que la OMS llevó a cabo en el 2002 y que constató cómo un 10-60% de las mujeres estudiadas refería haber sufrido alguna agresión física por parte de sus parejas. Su propósito no es otro, subraya, que la denuncia de unas “carencias formativas por parte de los médicos de atención primaria en este ámbito y la ausencia de itinerarios ágiles que canalicen las necesidades sanitarias y sociales que precisan estas víctimas”.

La atención de la violencia doméstica, reza el documento, “debe ser una prestación más a ofertar en la cartera de servicios del primer nivel asistencial”.

Puesto que parece obvio que la prevención de la violencia doméstica excede las posibilidades de intervención de los médicos de primaria, es en el diagnóstico precoz donde el monográfico pone mayor énfasis.

Se sabe que las mujeres que sufren malos tratos utilizan el sistema sanitario con mayor asiduidad; en consecuencia, se aconseja una evaluación rutinaria de cuantas mujeres visitan los centros de salud, así como la creación de programas específicos en los hospitales que aporten información útil a las pacientes afectadas.

Una lacra sociosanitaria

La violencia doméstica es considerada un problema de salud pública de primer orden por parte de la OMS, debido fundamentalmente a su elevada prevalencia.

Aunque en España no se dispone de estudios epidemiológicos específicos, datos aportados por el Instituto de la Mujer dan cuenta de que el 12,4% de las españolas corre riesgo de sufrir malos tratos, casi siempre por parte de la pareja o la ex pareja. Con todo, el documento señala que “sólo un tercio de las siniestradas se considera realmente víctima de maltrato”.

Fuentes del Ministerio del Interior reconocen que en los últimos cinco ejercicios han fallecido en nuestro país más de 300 mujeres por esta causa. Aunque las denuncias han experimentado un importante incremento (de 20.680 en 1999 se ha pasado a 55.527 en 2005), las fuentes ministeriales alegan tener la sospecha bien fundamentada de que todas estas cifras sólo representan un 10% de  las agresiones realmente producidas.

Otro ministerio, en este caso el de Sanidad y Consumo, presentó en septiembre del 2003 una guía sobre violencia doméstica dirigida específicamente a médicos de atención primaria y con el objetivo de fomentar la detección precoz y el tratamiento integral de los malos tratos desde el ámbito sanitario. Dicho documento, que formaba parte de un convenio de colaboración suscrito entre la Administración central y los médicos, analizaba con detalle los diferentes factores que intervienen en los malos tratos, la epidemiología de casos diagnosticables, las causas que retrasan o impiden las denuncias por parte de las víctimas y las consecuencias del maltrato tanto para la mujer como para los hijos y el agresor.

Datos epidemiológicos avalan, precisamente, que la casi totalidad de las víctimas de violencia doméstica visitaron a su médico de cabecera tras sufrir la primera agresión e incrementaron al año siguiente la frecuencia de las visitas.

En la mayoría de los casos, los motivos de consulta suelen ser síntomas o trastornos físicos o psíquicos poco específicos que, sin embargo, marcan una pauta para la identificación y tratamiento precoz del maltrato, y que en ocasiones permiten incluso la prevención de nuevas agresiones.

Cada casa es un mundo, pero la violencia doméstica no es exclusivamente un problema familiar, es una lacra social que corresponde también al médico combatir desde su ámbito competencial. 

 

Sobre la pista


Antes de que la víctima se atreva a manifestar el abuso del que ha sido víctima, antes de sacar a luz la violencia que está padeciendo, el médico puede detectar con cierta precisión el problema y poner los medios necesarios para atajar todo atropello. Si bien es cierto que el profesional sólo puede intervenir a partir de que la víctima acuda a la consulta, no lo es menos que un elevado porcentaje de las mujeres que sufren un comportamiento vejatorio por parte de su pareja van al médico y refieren otros problemas muy característicos: ansiedad, dolor de estómago, dolor de cabeza, sobrepeso, insomnio, etc.


Los problemas de convivencia también se somatizan, y la mujer que consulta al médico no cae en la cuenta que su dolor o su insomnio guardan una relación muy estrecha con preocupaciones y miedos muy específicos... Casi siempre, basta una serie corta de preguntas formuladas desde la empatía para averiguar la causa real de los padecimientos comunicados y discernir si son o no causa de un maltrato.


Lamentablemente, muchas mujeres maltratadas se ven sumidas en una espiral de trastornos sobre los que el médico no pregunta ni la paciente se aventura a dar detalles. Hay casos, incluso, en los que el médico pregunta abiertamente si las lesiones guardan relación con un maltrato y la paciente niega tal causalidad.


Por este motivo administraciones y sociedades científicas se muestran partidarias de introducir en la historia clínica una serie de preguntas aparentemente inocentes sobre las relaciones interpersonales y de pareja, al igual que sobre la resolución de conflictos, y unos parámetros fiables para averiguar si tales preguntas son respondidas con sinceridad.


Pero la responsabilidad del médico no se limita al peritaje. El documento antes aludido de la Fundació Biblioteca Josep Laporte también abre una vía a la investigación de campo. Del mismo modo que el profesional de la salud lleva a cabo un escrutinio de las causas de enfermedad a través de marcadores, puede estudiar la relación causal de una serie de entidades consultadas con el riesgo subyacente de maltrato, perfiles psicológicos y características basales.

 

Maldita culpa


La subjetividad de este trastorno no hace sino complicar la posible detección precoz. No es raro, por ejemplo, que la mujer maltratada se sienta culpable del maltrato recibido (cree que se la maltrata porque hace algo mal). En estos casos la paciente miente sistemáticamente al profesional, a no ser que éste haya aprendido cómo hacer la pregunta adecuada para averiguar lo que desea.

El médico debe preparar siempre el terreno, asumir con su paciente que el maltrato está en todas partes y afecta a todos en un grado u otro, que no es exclusiva de personajes psicóticos, alcohólicos o de una determinada etnia ni clase social. Deben sistematizarse las preguntas sobre las relaciones personales o sobre el trato doméstico como una rutina más dentro de la historia clínica.


No es culpa ni miedo lo que la víctima requiere, sino un cómodo apoyo y una intervención eficaz. El 80% de las mujeres que muren a manos de sus maridos o compañeros han denunciado con anterioridad agresiones ante la policía o el juzgado.


La sociedad no puede abrir caminos a la integración social de la mujer sin defender de manera eficiente su recorrido. Está demostrado que cuanto más terreno gana la mujer a una eventual liberación y a una auto-provisión de recursos más expuesta queda a la violencia sexista. Si se muestra sumisa a una situación injusta (como ocurría con anterioridad, aunque siga ocurriendo), el maltrato de que es objeto queda contenido; pero cuando intenta cambiar su sino, la violencia aumenta… El precio de ser valiente es a menudo la propia vida, algo que estamos todos obligados a calibrar.


La evolución de la integración social de la mujer es totalmente característica y paradigmática de la violencia doméstica, trazando una historia dominada por la ambivalencia social, pretéritas costumbres, la ética no siempre acertada de optar por una eventual conciliación y la reconstrucción de relaciones rotas y todo un concierto de angustias y desesperaciones secretas.


En un trabajo reciente de revisión de todas las sentencias producidas en España en los juzgados de Instrucción y Penal sobre casos de violencia doméstica se comprobó que existe una diferencia muy clara entre las sentencias condenatorias que aparecen en unos y en otros. Por cada sentencia condenatoria de violencia doméstica en los juzgados de Instrucción aparen cinco en los de lo Penal, como invitando a pensar que se actúa casi siempre tarde y mal.

 

Plan piloto en Cataluña

La Generalitat de Cataluña ha elaborado un protocolo contra la violencia doméstica para mejorar su detección y tratamiento en los ambulatorios de la seguridad social. Según la agencia Europa Press, la directora general de Evaluación y Planificación catalana, Dolors Costa, ha presentado recientemente en Madrid a la ministra Elena Salgado “un instrumento para hacer detección precoz y realizar un buen tratamiento de las personas afectadas", confirmando que siempre que el médico halle indicios de maltratos se alertará protocolariamente a los cuerpos policiales, “en virtud de unas determinadas líneas de acción que pretenden despejar todo falso alarmismo”. Costa da por sentado que muchas personas que acaban muriendo a manos de sus parejas han acudido a los centros de atención primaria varias veces sin que haya podido advertirse su arriesgada situación.

El protocolo presentado se enmarca en un anteproyecto de ley contra la violencia de género, de carácter transversal, que el Parlament catalán está pendiente de aprobar. El protocolo, que entrará en funcionamiento a principios del 2008,  prevé que los facultativos incluyan en el historial clínico de las pacientes sus sospechas sobre malos tratos, aunque éstas no lo reconozcan abiertamente, y que, en caso de llegar a confirmar el maltrato, el personal sanitario quedará facultado para denunciar el caso.


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