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LOS SILENCIOS DE LA GRIPE AVIAR

Enviado el viernes, 03 de marzo de 2006 19:48

De acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Sanidad, Elena Salgado, las medidas que se están tomando en España para actuar ante la aparición de un foco de gripe aviar, deberían tranquilizar a los ciudadanos. Lo que a diario se publica en los medios apunta, no obstante en dirección contraria. ¿A quien hay que hacer caso?

 

XAVIER PUJOL GEBELLÍ

En primavera de 2004 tuve la ocasión de entrevistar a Federico Mayor Zaragoza. Fue en la sede de la Fundación Areces, en Madrid. En un descanso de la entrevista, y mientras el fotógrafo se aprestaba a tomar unas imágenes de exterior, Mayor Zaragoza me hizo lo que, en aquellos momentos, era todavía una confidencia: Rita Colwell, que había cesado poco antes como directora de la Nacional Science Foundation de Estados Unidos, le había pedido que coordinara un grupo internacional de expertos para evaluar el riesgo real de una pandemia de gripe aviar. Las conclusiones del grupo deberían librarse a la Organización Mundial de la Salud a la vuelta de vacaciones de ese mismo año.

 

La razón, según me dijo Mayor Zaragoza, tenía fundamentos sobrados: desde hacía aproximadamente un año se sabía que el subtipo vírico que estaba captando la atención del personal sanitario en el sudeste asiático correspondía al A (H5N1), clasificado por la OMS como «altamente patogénico». Se sabía, asimismo, que había saltado la barrera de las especies y causado la muerte a distintos felinos en parques zoológicos, a cerdos y, finalmente, había infectado a humanos. El encargo al ex director de la UNESCO era sentar las bases para la evaluación del riesgo de que la infección se extendiera y, con esa información en la mano, dar claves para el diseño de escenarios de futuro para la OMS.

 

¿Se cumplen los escenarios?

Año y medio después, los escenarios imaginados por los expertos de la OMS se están cumpliendo. Además, se están dando de forma extraordinariamente rigurosa aunque los plazos, por fortuna, se han ampliado. La gripe aviar se está extendiendo, como pensaban los científicos por aquel entonces, pero no tan rápidamente. Eso ha permitido ajustar medidas de prevención y diseñar planes de emergencia de protección civil y atención sanitaria con mayor antelación.

 

¿Mayor antelación? Por lo que parece, así es en efecto. Entre las autoridades sanitarias no existe ninguna duda de que la extensión del virus es más que real y que el nivel de alerta deberá irse ajustando a los escenarios previstos de forma progresiva. Si los cálculos no son erróneos, los dos próximos meses van a ser críticos para esclarecer hasta qué punto van a cumplirse las profecías de los peores agoreros.

 

Regresemos por un momento a 2005. En concreto, al mes de enero. The New England Journal of Medicine describía, en uno de sus editoriales, lo acontecido en este ámbito durante el año previo. Recordaba, por ejemplo, que ya se había comprobado la capacidad del virus para ampliar el rango de infectividad en mamíferos o cómo había sido capaz de mostrarse más resistente a condiciones ambientales adversas. Klaus Stöhr, autor del editorial e invitado a escribirla en calidad de director del Programa Global sobre la Influenza Aviar de la OMS, advertía en su nota que ya en 2004 se daban «todos los prerrequisitos» para una pandemia salvo una: el virus no había sufrido todavía los cambios genéticos suficientes como para lograr una «transmisión eficiente» de persona a persona.

 

¿Nos encontramos todavía en esa fase? Andreu Segura, reconocido experto en Salud Pública, declara en el portal de seguridad alimentaria consumaseguridad: «Lo lógico es que la prevista mutación del virus de la gripe aviar tenga lugar de forma muy gradual». Es decir, los temores de Stöhr se mantendrían hoy intactos. La gripe se ha extendido ya al menos a 17 países, Europa incluida, pero lo que no se ha generado es «aún» un mecanismo de infección entre humanos «eficiente».

 

Bajo control militar

Robert Lamb, virólogo de la Northwestern University de Chicago, asegura en el boletín de diciembre del Howard Hughes Medical Institute que el subtipo A (H5N1) lleva conviviendo con humanos al menos desde 1997. Y se pregunta abiertamente: ¿Por qué no ha emergido aún una pandemia en humanos? La verdad es que no encuentra una respuesta sólida. Entre otras razones, argumenta, por que una «pequeña variación» en el virus basta para acabar con la vida de modelos animales en el laboratorio. Sea como sea, en todos los casos conocidos hasta ahora se da una curiosa coincidencia: hay una sustitución de un aminoácido que, al parecer, favorecería una mayor velocidad de replicación al tiempo que elevaría su poder letal.

 

Otra cosa bien distinta es el factor «transmisibilidad» entre individuos de la misma especie, humanos incluidos. Las preguntas están todas en el aire. Se desconoce todavía el mecanismo que facilita al virus saltar la barrera de las especies y, una vez alojado en su nuevo huésped, la capacidad real de infección.

 

Pese a ello, Sanofi Pasteur ha probado ya vacunas específicas experimentales para el subtipo A (H5N1) en ensayos supervisados por el Centro para la Prevención de Enfermedades de Atlanta. Otra compañía, MedInmune, trabaja conjuntamente con el National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID), para desarrollar vacunas que cubran los 16 subtipos que definen la familia de virus «H». Se ignora, en cualquier caso, qué nivel de cobertura sería posible obtener.

 

La pregunta final, la que surge espontáneamente en la calle, es, en todo caso, qué va a significar la llegada del virus patogénico. Obviamente, no hay respuesta posible mientras no se desate la pandemia y se conozcan los mecanismos de contagio.

 

Si se cumpliera lo esperable desde un punto de vista científico, lo lógico es que el virus adquiriera, tarde o temprano, las características propias de cualquier cepa responsable de la gripe humana. Eso sí: incrementando su poder letal no sólo entre la población habitualmente de riesgo (ancianos, niños y personal sanitario, por este orden) sino a todos los niveles. La OMS estima que si ello ocurriera el rango de muertes ocasionadas por la gripe aviar se situaría alrededor de los cinco millones de personas. Y sobre los 150 millones de personas en el peor de los escenarios.

 

Sea cual sea el escenario, los números asustan. Muchos científicos están convencidos que están en algo parecido a un «waiting game», algo así como una bomba de relojería ya activada de la que se desconoce el tiempo de recorrido. Y que en ese juego sólo falta que alguien dé la voz de alarma para que se activen los protocolos de protección civil.

 

¿Cuánto tiempo falta para que los protocolos se activen? Nadie en su sano juicio sería capaz de emitir una opinión, al menos a tenor de los datos hechos públicos hasta ahora. Pero algo debe estar pasando cuando acaba de trascender que el Ministerio de Defensa se ha hecho cargo de las reservas de antivirales existentes en España. ¿Es simple precaución o hay algo más?

 

 

 


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