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SOBRE VIÑETAS, PERIODISTAS Y MAHOMA

Enviado el lunes, 13 de febrero de 2006 12:30

La desmesurada respuesta a la publicación de una docena de viñetas satíricas sobre Mahoma y el Islam en un diario danés ha abierto un profundo debate sobre los límites de la libertad de expresión. Conceptos como respeto, tolerancia y sus antónimos han encontrado un contrapunto en otros como provocación y falta de profesionalidad. Como siempre, los periodistas estamos en medio sin haberlo comido ni bebido.

 

XAVIER PUJOL GEBELLÍ

 

Hace unos pocos días, tras el primer café de la mañana, abrí como siempre el ordenador. Al darle a la tecla del correo electrónico me sorprendí de la cantidad de mensajes recibidos en una de las listas de distribución profesionales de las que participo. Casi un centenar de opiniones, enlaces e incluso informaciones generadas en unas pocas horas por periodistas de pelajes, ideologías y experiencias bien distintas, tenían como única referencia la polémica publicación de las viñetas sobre Mahoma y el Islam en un periódico danés. En los días anteriores ya había empezado a caer, como una fina lluvia, la reacción de los profesionales. Y arreció cuando se tuvo conocimiento de las primeras muertes y del ataque a diversas embajadas.

 

Entre los mensajes recibidos, todos «off topic» pues se trata de una lista privada, había opiniones para todos los gustos. Sobre la oportunidad de su publicación, sobre la reacción en los países de profesión musulmana, sobre la respuesta de algunos medios europeos, sobre la barbarie de muertes atribuibles a las viñetas satíricas, sobre la endeble respuesta de las autoridades de la Unión Europea, sobre los límites de la libertad de expresión, sobre el respeto y la tolerancia a culturas y religiones, sobre valentía y cobardía. Todo lo visto hasta ahora, todo lo escrito y leído, tiene un alto nivel de sensatez (si es que lo sensato puede medirse por niveles). Pero el periodista, el profesional de la información, tiene obligaciones y criterios que mantener por el mero hecho de formar parte de esta profesión. Si se pierde el fondo del debate que se ha abierto, que no es otro que el de la libertad a informar, no sólo se perjudica a los que nos dedicamos a este oficio. Es toda la sociedad la que sale perdiendo.

 

No, no y otra vez no

Entre las viñetas publicadas, algunas de las cuales han dado la vuelta al mundo reproducidas por diversos periódicos, había algunas de pésimo gusto y otras de calidad más que dudosa. Desde la perspectiva del editor, publicarlas, al menos en un sentido estricto, puede alcanzar la categoría de discutible. En lo que a mí respecta, ahí debiera haberse cerrado la discusión: un mal trabajo debe descartarse.

 

Las reacciones posteriores son harina de otro costal. Con toda probabilidad, para quien profesa la religión musulmana la publicación de las viñetas es una ofensa. Como lo son, que no lo dude nadie, las viñetas que en los medios de países ahora laicos, pero con profunda tradición cristiana, se dedican a los símbolos e iconos de esta religión. Para los creyentes, y más para los practicantes, seguro que muchas de ellas son simplemente ofensivas.

 

En los tiempos en los que en este país imperaba la censura y la libertad de culto religioso era perseguida, cuando a todos se imponía el aprendizaje y la práctica de una única forma religiosa, y cuando sus representantes en nombre de Dios ostentaban el poder de decidir sobre nuestras conductas y nuestros pensamientos, la publicación de una caricatura, por inocente que fuera, era algo más que una ofensa. Como lo era cualquier artículo periodístico que se apartara del régimen ideológico impuesto. O cualquier pensamiento simplemente distinto al que nos obligaba el Régimen. Esos tiempos, aunque puedan parecer lejanos, forman parte todavía de la memoria colectiva de muchos.

 

Una de las vías de escape en esa época era precisamente el humor gráfico. La inteligencia con la que se elaboraba a menudo permitía escapar a las tijeras del censor y, por consiguiente, a las multas o a otras represalias. Por supuesto, no pretendían ofender. Mejor dicho: no buscaban sólo ofender. También querían provocar, satirizar, ridiculizar. Y sus autores, y también sus editores, pagaron su precio por la osadía.

 

Hoy hay que agradecérselo. A través de sus dibujos y caricaturas, de sus provocaciones y sus sátiras, entró algo de aire fresco en nuestras vidas. Fueron una rendija para la libertad de expresión. Y este no es un concepto corporativo perteneciente a periodistas o dibujantes: es un derecho de toda sociedad que quiera vivir en libertad.

 

Reacciones e hipocresía

Consideremos que las caricaturas publicadas son una provocación a los creyentes de fe islámica. Consideremos incluso que se trata de una ofensa grave e intolerable. Veamos la respuesta: manifestaciones, embajadas asaltadas, muertes. Ciertamente, alguna de estas reacciones han sido manipuladas, además de claramente incitadas (quien sabe si con permiso o premio de Occidente). Pero da lo mismo: no es lo que toca. Jamás debe admitirse que una opinión plasmada en un dibujo, siempre que se maneje en unos límites determinados, obtenga semejante respuesta. Si lo que tenemos es una opinión apologética, que incita al odio, a la xenofobia o a la discriminación, ahí están jueces y leyes. Nos ha costado mucho alcanzar este punto en Europa, incluso en sangre, para tener que renunciar ahora.

 

La decisión de algunos grandes medios europeos de publicar las caricaturas o de incorporar otras de gran calado cultural, como la del caricaturista Plantu, no sólo merecen mi respeto como ciudadano sino también mi aprobación como periodista.

 

Y en cuanto a respeto a religiones, culturas y estilos de vida, debo decir que lo tengo incorporado en mi forma de ser. Pero cando se utilizan los mismos preceptos para provocar enfrentamiento, odio y muerte, me siento profundamente ofendido. Y cuando lo que veo es que en nombre de la religión y de sus representantes en la tierra se lapida a una adúltera, se obliga a una mujer a cubrir su rostro y se le impide el acceso a la cultura, se mutilan clítoris y se somete a una población entera al más atávico analfabetismo, reacciono de la forma más intolerante.

 

Intolerancia no significa ni la uniformización cultural ni la aobolición de las religiones. Significa gritar basta a la hipocresía de un Occidente que para preservar su bienestar acaba siempre mirando para otro lado y exclamándose desde su comodidad imponiendo recortes en la libertad de pensamiento. En nombre de las religiones, del respeto y de la tolerancia al final acabamos provocando incendios en la casa del vecino, lamentándonos cuando vemos que arden sus habitantes e imponiendo barreras mentales para no quemarnos nosotros mismos. O dicho de otra manera: somos capaces de regular la libertad de expresión para no ofender con unos dibujos pero incapaces de impedir que les lluevan bombas en nombre de la libertad. Así nos va.


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Comentarios

# re: SOBRE VIÑETAS, PERIODISTAS Y MAHOMA

14/02/2006 14:43 por Angel Arias
Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Xavier Pujol. La desmesurada reacción a lo que no debería pasar de ser una simple manifestación de satírica reflexión -desde el agnosticismo o desde la no profesión de la religión islámica, pero en todo caso, nada diferente a otras intervenciones críticas, más o menos afortunadas, sobre las creencias, tabúes, devociones de los otros, que se suceden todos los días-, no debería servir más que para poner en evidencia la profunda disparidad entre algunas de las civilizaciones que coinciden en este momento.
El mundo islámico está demostrando con unas reacciones impropias de esta época, su gran capacidad para ser manipulado, su atraso cultural, su pobreza intelectual.
A quienes podemos disfrutar de la libertad de pensamiento, lo que estos sucesos deberían permitirnos es comprender la gran distancia que aún queda por recorrer, para conseguir convertir en verdad universal que la ofensa más grave hacia un ser humano es la agresión a la vida de sus semejantes. Eso es lo que tenemos de más valor.
Lo demás, podemos cuestionarlo, pueden cuestionárnoslo. Si no tenemos argumentos para defender nuestras verdades, amenazar con la muerte a nuestros opositores es convertir la dialéctica del saber en una apelación al derecho a la victoria del más bruto.
Lo siento, no estamos hablando de religión. Estamos definiendo el contenido de nuestra capacidad de convivencia.

# re: SOBRE VIÑETAS, PERIODISTAS Y MAHOMA

16/02/2006 17:33 por Bartomeu Ribes
Respeto, tolerancia y sus antónimos deben ser tenidos en cuenta por todos, para no llegar a la provocación y a la falta de profesionalidad periodística y política. Lo ocurrido con las viñetas de Mahoma ahora se tiene que tomar en serio, porque si un católico o cristiano para que le tengan en cuenta, o proteste sobre CAROD-ROVIRA, por la corona de espinas, o por aquella obra teatral insultante sobre "DIOS"
tendrá que pegar bombazos, incendiar el Teatro o Cine de turno o Convocar un Concurso Internacional de contraviñetas, para que le tangan en cuenta y modifiquen las Leyes a su favor. Esta parece ser la Opinión de Mäximi Cajal, Embajador de España. Diario el Pais del Martes día 14 de febrero 2006.

# re: SOBRE VIÑETAS, PERIODISTAS Y MAHOMA

11/01/2008 18:50 por fer
ESTA MUY FEO, FFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO..........
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