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UN ÉXITO LLAMADO ICREA

Enviado el jueves, 26 de enero de 2006 20:15

El programa ICREA de la Generalitat catalana financia 131 investigadores sénior de alto nivel y activa la convocatoria para científicos júnior. La fórmula parece, por fortuna, definitivamente asentada

 

XAVIER PUJOL GEBELLÍ

El programa ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados), impulsado por la Generalitat de Cataluña de la mano de la Fundación Catalana para la Investigación y la Innovación (FCRI), acaba de cumplimentar sus primeros cinco años de vida. Con motivo del aniversario, sus principales gestores convocaron hace unos días a la prensa. El objetivo de Enric Banda, director de la FCRI, y de Carles Solà, titular del Departamento de Universidades e Investigación (DURSI) en la Generalitat, era pasar balance público. Vistos los resultados y los números que los acompañan, cabe calificar estos primeros cinco años como exitosos. Si acaso, un solo lunar: el poco interés y sensibilidad que hasta el momento ha demostrado tener la empresa catalana hacia esta nueva figura. La experiencia en este sentido ha resultado ser tan paupérrima y decepcionante como la comida con la que Banda y Solà obsequiaron a los periodistas que acudieron a la presentación del balance. Les recomiendo no comer jamás en el Colegio de Periodistas de Cataluña. Nadie se merece una cosa así.

 

Vayamos al programa. Los llamados investigadores ICREA debutaron en el escenario de la ciencia y la tecnología catalanas en 2001. Su primer gestor, y de hecho gran artífice de la figura, fue Salvador Barberà, hoy Secretario General de Política Científica y por aquel entonces bajo las directrices de Andreu Mas Colell, predecesor de Solà en el cargo y -será cosa de la tradición en esa Consejería- autor de maltrato gastronómico a los periodistas: a menudo los convocaba en el mismo sitio.

 

Barberà arrancó con un presupuesto modesto y un muy limitado número de plazas, alrededor de 25. En su primer año el programa cumplió de sobras: se presentaron 335 candidaturas, en su mayor parte de alto nivel. Aunque se admitían fórmulas flexibles para la presentación de candidatos, muchos centros de investigación y departamentos universitarios optaron por una preselección ajustada a sus necesidades. La idea era, y parece que se mantiene, que los investigadores encabezaran nuevas líneas o incluso que reforzaran las ya existentes. Y la fórmula pasaba por plantear condiciones flexibles de contratación. Para entendernos: los contratos se negociaban en función de los requerimientos y características de cada uno de los investigadores. La aplicación de un sistema de «peer review», así como una posición estable y con posibilidades de progreso científico, hacían el resto. Hasta la fecha todo sigue igual.

 

Competición internacional

El mecanismo de selección escogido, el nivel de los participantes, el punto de acogida y la fórmula contractual no son, en esencia, distintos a los que rigen en los países con tradición investigadora, especialmente Gran Bretaña y Estados Unidos. La diferencia estriba fundamentalmente en los salarios, el entorno científico y las infraestructuras, los habituales lastres del sistema español y, por supuesto, del catalán. Pero presentan al menos tres virtualidades contra las que resulta difícil competir. De un lado, el incontestable nivel de vida de Barcelona y su entorno. Del otro, la posibilidad que se brinda a los investigadores para arrancar con un mínimo de condiciones un proyecto competitivo, cuando no una línea o un área de conocimiento. Y por fin, para el sistema, la incrustación de auténticas perlas capaces por si solas de atraer talento, recursos y, casi más importante, un «networking» competitivo.

 

Planteado de otro modo: la fórmula y la oferta no distan de lo que pueda ofrecerse en otros centros punteros. La peliaguda cuestión de las infraestructuras queda salvada en parte en este caso por el hecho de que la mayoría de «solicitadores» se sitúan en Cataluña en centros de nueva creación o en departamentos universitarios que despuntaban previamente.

 

A lo largo de los años la fórmula se ha mantenido inalterada y los objetivos se han cumplido de forma escrupulosa. Cada año se han convocado una media de 25 plazas negociadas y evaluadas una a una. Áreas como la genómica, la bioinformática, terapia génica, fisiología vegetal, cambio climático, neurociencias, economía o filología se han visto reforzadas cuando no puestas en marcha ex novo. Todo ello en competición con el mercado internacional (la convocatoria de posiciones se publican en las principales revistas de impacto).

 

El resultado es que el 65% de los incorporados en este primer lustro proceden de centros, universidades y empresas de 18 países. Estados Unidos (12%), Alemania (16%) y Gran Bretaña (10%) se llevan la palma. España también cuenta: un 35% procede de centros y universidades españoles. Y, por cierto, y aunque sean mayoría (60%), no todos los investigadores son españoles. Se cuentan hasta 21 nacionalidades distintas.

 

Puentes de plata con frutos

Dos ejemplos permiten visualizar el cómo y el por qué del éxito del programa. El primero corresponde a Joan Seoane, bioquímico formado bajo la tutela de Joan Massagué en el Instituto Sloan Kettering de Nueva York. Finalizado su periodo post-doctoral con buena nota, estudió varias posibilidades de continuidad en Estados Unidos. Recibió también la propuesta de ICREA para incorporarse al Instituto de Investigación del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona. Su mentor ahí sería el oncólogo Josep Baselga. Seoane confesó entonces que tenía deseos de regresar, pero no a cualquier precio. La negociación con ICREA, que incluyó cuestiones laborales pero también de condiciones de trabajo y línea experimental, resultaron satisfactorias. Lleva ya un año en Barcelona.

 

Un segundo caso es el de Luís Serrano. El investigador madrileño, tras participar temporalmente del proyecto que dirige Mariano Barbacid en el CNIO, ha optado por aceptar la oferta planteada por Miguel Beato en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Pero todavía no se ha incorporado. La razón es doble. Por una parte, debe cerrar los compromisos abiertos con el European Molecular & Biological Laboratory (EMBL) de Heidelberg, donde ocupa el puesto de director de programa. Por la otra, Serrano ha trazado una línea de negociación durísima para asegurarse que las condiciones económicas del área que le proponen dirigir (Biología Computacional y de Sistemas), son suficientes para garantizar un alto nivel de competitividad internacional. Serrano entiende que estas condiciones se cumplen. De ahí que haya decidido a aceptar y haya rechazado otras ofertas como la dirección de un Instituto Max Plank en Munich.

 

El retorno de ambos investigadores es una buena noticia para el sistema, como también lo es el de los otros 129 investigadores. Y los frutos ya empiezan a recogerse. En 2005 el presupuesto de ICREA sumó 8,62 millones de euros; el retorno en forma de proyectos competitivos ascendió a 8,60 millones. Asimismo, se ha formalizado la solicitud de siete patentes y se han generado dos spin-off, además de contactos incipientes para la transferencia de tecnología.

 

Y he aquí el único agujero (además de las comidas servidas en el Colegio de Periodistas): sólo uno de los 131 investigadores incorporados ha recalado en la industria. No hay forma que las empresas catalanas muestren interés por una fórmula contractual que viene cofinanciada y que, objetivamente, aporta calidad en forma de ideas y contactos internacionales. Es posible que se deba a un error de planteamiento en la publicitación de las plazas, pero lo más normal es que obedezca a la estructura empresarial catalana: apenas hay empresas que investiguen. Y lo que se entiende por desarrollo, aunque haya más, tampoco abunda. Como mucho lo que tenemos, como en otras partes del territorio español, son empresas que aplican soluciones a tecnología y desarrollos ya patentados en otros países. Y así nos va.

 

Una estrategia para tratar de paliar este nefasto balance, señaló Banda en el Colegio de Periodistas, podría pasar por la primera convocatoria ICREA júnior. De las 30 plazas dispuestas, 15 en teoría deben recalar en empresas. Reconoció, sin embargo, que por el momento no ha habido demasiado éxito. Estas plazas se convocan para investigadores de trayectoria brillante menores de 34 años. Se les ofrece un contrato de cinco años tras los que, si superan una evaluación, se incorporan como sénior al sistema.

 

Mientras en Cataluña la fórmula ha demostrado ser exitosa, pese al desastroso balance para con las empresas, cabe preguntarse si tendría sentido su extensión a otras comunidades autónomas. Barberà señaló hace poco menos de un año que esa era la idea y que el Ministerio de Educación y Ciencia estaba dispuesto a participar de alguna manera en la financiación necesaria. Ignoro si la idea se ha transformado en realidad. ¿Alguien podría informarme?


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Comentarios

# re: UN ÉXITO LLAMADO ICREA

15/02/2006 16:49 por borogis
Lo de la investigación en las empresas es casi una utopía hoy en día en España. Como no cambiemos el chip vamos mal...

# re: UN ÉXITO LLAMADO ICREA

23/11/2007 1:40 por JM. Durana
El problema que veo en estos organismos de promoción de la investigación es que se olvidan cómo se puede preparar en metodología de la investigación a un universitario español, no hay ayuda ninguna para la investigación educativa en dirección a metodologia investigativa o en otra dirección educativa. Entonces los mandamos afuera para que aprendan y los de fuera, como son tontos, una vez preparados, les van a dejar marcharse de su país. Me parece que habría que comenzar por saber preparar aquí a investigadores, a profesores universitarios (que están de pena en didáctica)...Seguimos en la pura transmisión de conocimientos (conductismo del sg. XIII) y así no sale nadie que investigue, que innove, cree...

# re: UN ÉXITO LLAMADO ICREA

24/01/2008 16:47 por pobrecito hablador
En el País Vasco en 2006 surgió una iniciativa similar, bajo el nombre de Fundación Ikerbasque, que tiene objetivos similares, pero a la vez diferentes, ya que el tejido investigador en esa comunidad se ha desarrollado de manera diferente.
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