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martes, 15 de noviembre de 2005

Desde que se cometieran los atentados del 11-S en Estados Unidos se han impulsado diversas medidas con el objetivo de frenar eventuales acciones terroristas. Las más recientes afectan a la libre circulación de información.


 

Recientemente la revista Nature publicaba un análisis detallado del genoma del virus que en 1918 provocó una de las epidemias más graves de gripe humana de cuantas se recuerdan. Se estima que la llamada «gripe española» causó la muerte a unos 50 millones de personas. De acuerdo con las evidencias científicas hoy disponibles, se cree que el virus letal surgió como consecuencia de la mutación de otro virus que afectaba principalmente a aves. La mortalidad se atribuye por un lado a las características del virus y, por otro, a las deficiencias de un sistema público de salud por aquel entonces poco desarrollado en todo el mundo.

 

La virulencia de la «gripe española» y el salto entre dos grupos biológicos tan distantes filológicamente como el de las aves y los humanos forman parte del argumentario que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a un numeroso grupo de expertos a advertir de los riesgos potenciales de pandemia que podría desatarse este invierno como consecuencia de la gripe aviar que está emergiendo del sudeste asiático. Como es sabido, la previsión es que podría llegar a afectar al 20% de la población humana en el caso de que alcanzara su máxima extensión.

 

Información y fármacos

Un segundo estudio, en este caso publicado por Science, describe como un grupo de investigadores han conseguido «resucitar» este mismo virus. El objetivo era inocularlo en modelos animales, principalmente ratón, para observar sus efectos y establecer comparaciones con otras cepas víricas actuales.

 

La secuencia del virus publicada en Nature ha sido liderada por Jeffery Taubenberger, investigador del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. La recreación recogida por Science corresponde al trabajo liderado por Terrence Tumpey desde el Centro para el Control y revención de Enfermedades (CDC) de Atlanta. El origen de ambas investigaciones, por tanto, cabe situarlo en las estrategias habituales de las instituciones estadounidenses y su difusión pública en lo que viene siendo habitual en estos casos.

 

Pese a ello, ya se han levantado voces discordantes: diversos sectores de la comunidad científica norteamericana han advertido que tan peligrosos son estos tipos de estudios, por lo que pudieran suponer como riesgo de fugas accidentales, como de «manual de instrucciones» para científicos sin escrúpulos vinculados a organizaciones terroristas.

 

La parte favorable al desarrollo de las investigaciones y a su comunicación sostienen, por el contrario, que esta es la única vía para establecer trabajos colaborativos y avanzar en el desarrollo de fármacos y vacunas que contribuyan a paliar y a prevenir (el orden es lo de menos) una posible pandemia derivada de la actual gripe aviar. ¿Quién tiene la razón?

 

Límites difusos

El actual nivel de conocimiento científico, al menos en su vertiente pública, ha permitido determinar que el virus de la gripe que en 1918 asoló sobre todo Europa es muchísimo más letal que los que provocaron las dos «grandes gripes», las de 1957 y 1968. De estas dos últimas se cree que fueron debidas al efecto de la recombinación de los genomas de un virus de gripe humana y otro de gripe aviar.

 

Las conclusiones de los estudios publicados en Science y en Nature son, por tanto, claras: la suma de ambos contribuyen a establecer las fronteras del conocimiento de la actual crisis de gripe aviar. Es decir, se sitúan en el límite mismo que persigue la OMS y tantos expertos en el mundo cuando plantean escenarios de futuro: que la cepa más virulenta de gripe aviar, H5N1, no sólo se extienda a través del planeta por la acción de las corrientes migratorias de aves sino que salte al ser humano, mute y se convierta en un agente de enorme morbi-mortalidad.

 

¿Qué tiene que ver todo esto con el bioterrorismo? La respuesta es sencilla: a la vista de lo ocurrido inmediatamente después de los atentados del 11-S con el llamado «caso ántrax», al que se atribuyó un origen terrorista, y a la fragilidad de la cadena alimentaria humana, en la que es factible provocar una contaminación en cualquiera de sus estadíos, las autoridades de Estados Unidos han hecho un llamamiento a la prudencia en la circulación de información y mercancías.

 

Como resultado de este llamamiento surgió casi de inmediato el Acta contra el Bioterrorismo que prevé, entre otras cosas, detallados informes de entrada para cualquier producto alimenticio que quiera introducirse en Estados Unidos. También recomienda limitar cualquier información que pueda ser usada con fines terroristas, lo cual afecta sobremanera la comunicación científica.

 

Y este es el caso que nos ocupa: de acuerdo con las prescripciones del Acta norteamericana, cualquiera podría recopilar la información disponible sobre el virus de la «gripe española», resucitarlo e introducirlo para provocar una pandemia de alcance mundial. En opinión de los científicos, la falta de circulación de los resultados de investigación puede provocar que se retrase o incluso se imposibilite la consecución de fármacos eficaces.

 

Puestos a escoger, uno preferiría que no se matara al mensajero y que el mensaje fuera público. Debe haber otros mecanismos de protección, en caso de ser necesarios, que el de limitar el acceso a la información.

12:17 | gestionado por Xavier Pujol Gebellí | Enviar comentario (0)