Enviado el lunes, 18 de abril de 2005 10:12
La I+D española y los presupuestos europeos
LA NUEVA ASIGNACIÓN DE FONDOS DE COHESIÓN EUROPEOS REPRESENTAN UNA OPORTUNIDAD PARA LA I+D ESPAÑOLA
Nadie sabe con precisión que es lo que va a ocurrir. Pero si se cumplen las previsiones, la I+D española podría tener una oportunidad real a partir de 2007, cuando los actuales fondos de cohesión dejen de existir. Para que la oportunidad sea real, España debe ponerse las pilas. Este sí es un tren con pocas estaciones para subirse.
BARCELONA.- El tren tiene mucho que ver con la ampliación de la Unión Europea. La entrada de diez nuevos estados a la Unión lleva aparejada una lógica redistribución de las ayudas al desarrollo, ese concepto que alguien definió como fondos de cohesión y que no es más que distribuir los recursos económicos europeos para que las distancias entre los Estados miembro sea lo más reducida posible.
Hasta la fecha, España se ha beneficiado enormemente de esos recursos. Los famosos fondos FEDER, que en 2007 tocarán a su fin, han contribuido de forma clara a la modernización del país. De esa enorme bolsa se ha sacado dinero para carreteras, ferrocarriles, algún que otro equipamiento y, en general, para disminuir la distancia con respecto a las grandes locomotoras.
FEDER para la ciencia
Pero ese hecho innegable ha enmascarado otro para el que tal vez se debería haber tenido mayor visión de futuro. El uso del dinero europeo para I+D, como señala bien Federico Mayor Zaragoza en el último número de la revista SE'BBM se ha destinado «precariamente» al fomento de la I+D. Salvo en estos últimos años, en los que se han empleado para levantar distintos equipamientos científicos, se han invertido mayores cantidades en poner catedrales a punto que en prever instituciones destinadas a generar conocimiento y transformarlo en patentes.
Los datos que aportan periódicamente el Instituto Nacional de Estadística o los eurobarómetros son claros. El 1% del PIB que destina España a la I+D (todavía queda poco claro si incluye o no la mal llamada investigación militar) nos sitúa en la cola de Europa para la mayor parte de indicadores tecnológicos y de desarrollo científico. La única excepción la continúan representando investigadores y grupos que destacan más en el plano individual que en el colectivo.
El fin de los fondos de cohesión tal y como están concebidos abre una puerta a compensaciones en forma de ayudas específicas para la I+D. Una de ellas va a proceder del European Research Council, cuya aprobación va a significar un empuje para la ciencia básica de excelencia. La cifra propuesta para su funcionamiento es de 2.000 millones de euros anuales, una cantidad extraordinariamente llamativa que no se proveerá de cuotas estatales sino de los fondos generales de la UE. Por tanto, va a ser dinero fresco destinado a este objetivo concreto.
Las preguntas
Aunque entre pasillos hay quien sostiene que la cantidad final van a ser, de entrada, 1.100 millones de euros anuales, la oportunidad va a continuar existiendo. El problema es saber de qué modo y en qué condiciones va a ser posible acceder a ellos.
El razonamiento que sigue es simple: quien sea capaz de ofrecer investigación de excelencia se va a ver beneficiado. ¿Puede España ofrecer ese tipo de ciencia? La respuesta también es fácil: en las condiciones actuales tan solo los «investigadores heroicos» tendrán su oportunidad. Dejar la calidad a merced del heroísmo no parece una sabia decisión política.
El camino a seguir, aunque plagado de dificultades y dudas, tampoco parece que merezca altos ejercicios intelectuales: si de verdad se quiere estar en la senda de la Agenda de Lisboa, José Luís Rodríguez Zapatero, y sobre todo sus ministros con competencias en esta materia, deben dejarse de luchas intestinas y mirar más allá de donde alcanzan sus narices. Los ministerios de Sanidad, Educación y Ciencia, Industria, Medio Ambiente y Agricultura (dejamos fuera Defensa pese a lo cuantioso de sus recursos) deben funcionar a la una. Y, por supuesto, coordinarse con las comunidades autónomas que ya ejercen una responsabilidad voluntaria (no transferida).
Europa, a través de los Programas Marco, del European Research Council y de compensaciones específicas, quiere auparse a lo más alto de la competitividad mundial. Le toca el turno a España decidir si quiere formar de esta alta velocidad o bien dejarse arrastrar por los acontecimientos. Los proximos presupuestos dirán.