Mucha gente ha descrito a América
Latina como el laboratorio político por excelencia a nivel mundial. La variedad
de movimientos políticos con que esta región del planeta ha venido asombrando
al mundo principalmente en el siglo XX, es un hecho evidente. Ahora bien,
comparado con la cantidad de estudios y análisis que se realizan de estas
experiencias políticas, cabe mencionar que poco se habla de las
novedosas experiencias pedagógicas que durante décadas -y en la actualidad
también- se han puesto en marcha en Latinoamérica. Sobre una de éstas experiencias
detendré la mirada en esta ocasión: El CIDECI (Centro Indígena de Capacitación
Integral) de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.
Había visitado el centro por
primera vez en el año 2005 con motivo de una conferencia impartida por Immanuel
Wallerstein. Entonces el evento se celebró en un pequeño auditorio que se acaba
de levantar en un terreno a las afueras de San Cristóbal de Las Casas. Si no
mal recuerdo, apenas había dos o tres edificios y un pequeño terreno cultivado.
Incluso la carretera para llegar al lugar estaba destartalada y ni los taxistas
sabían llegar al centro.
Cuando hace apenas dos semanas
regresé al lugar con motivo del Primer Festival Mundial de la Digna Rabia casi no podía
creer la forma en que aquel lugar se había transformado. De hecho, en la
actualidad, este centro cuenta con unas diez construcciones (salones para
conferencias, biblioteca, comedores, dormitorios, centro de documentación, talleres) y un
auditorio capaz de albergar a unas mil quinientas personas. No me resistí, en
consecuencia, a buscar la forma de charlar un rato con quien desde hace años coordina
este interesante proyecto: el Doctor Raimundo Sánchez Barraza.

(Imagen del CIDECI)
Con todo, conviene presentar
algunos datos de interés que ubiquen al CIDECI. El centro inicia sus
actividades en 1989 en San Cristóbal de Las Casas, con el objetivo de dar
capacitación a jóvenes indígenas en oficios y artes. A este primer proyecto se
unió en 1997 la constitución de la Sociedad
Cooperativa de Productores y Sistemas Integrados Agroecológicos: Vandana Shiva,
cuya tarea se centra en la producción, capacitación y asesoría agroecológica en
zonas Indígenas de Chiapas. El centro toma como referencia el nombre de Vandana
Shiva; científica, filósofa y escritora india pionera en la difusión de la
agricultura ecológica y el estudio de la biodiversidad.
A inicios de 2004, y ya en el
actual terreno de la antigua carretera a San Juan Chamula, se constituyó La Universidad de la Tierra-Chiapas: Ivan
Illich. Las áreas de trabajo en este centro son el Derecho Autónomo,
Arquitectura Vernácula, Agroecología, Hidrotopografía, Administración de
Iniciativas y Proyectos Comunitarios/Colectivos, Electro-mecánica,
Interculturalidad, Análisis de los Sistemas-Mundo, Estudios de (Post) y (Des)colonialidad
y Filosofías y Teologías Contextuales. La Universidad
de la Tierra-Chiapas se inspira en el proyecto que Gustavo Esteva viene
coordinando en Oaxaca y, a su vez, retoma planteamiento que se desprenden de
los trabajos de Ivan Illich; de ahí su nombre. Además, cabe mencionar que la Unitierra-Chiapas mantiene convenios con
algunas Universidad, como es el caso de la Universidad de Santo Tomás (Bogotá,
Colombia), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco) de la Ciudad
de México y la Universidad Iberoamericana de Puebla, México.
Dentro de la organización, asimismo,
existen centros de estudio que abordan diversas áreas de conocimiento. Por una
parte está el Centro de Estudios sobre
Interculturalidad: R. Panikkar y R. Fornet-Betancourt que quedó constituido
en 2004. También el Centro de Estudios,
Información y Documentación: Immanuel Wallertein que inicia en 2004, el Centro Universitario de Filosofías y Teologías
Contextuales: Samuel Ruiz García de 2006, y el Centro de Estudios y Prácticas sobre Adisciplinariedad, Pluriversatilidad y
Ecologías (de Saberes, Temporalidades, de Reconocimientos, de Lugares, de
Producciones) que fue constituido en 2006.
En definitiva, un centro como el
CIDECI confirma que en América Latina no sólo en política, sino también en el ámbito
de la organización del aprendizaje, se está experimentando con nuevas prácticas.
De esta capacitad para aterrizar proyectos e innovar en el campo de la pedagogía
contemporánea, creo que mucho tenemos que aprender; especialmente en estos
tiempos en que nuestras instituciones educativas, escuelas y universidades, son
incapaces de dar una respuesta a los retos políticos, sociales, económicos y
culturales de hoy. De hecho, no estaría de más empezar a dejar de preocuparnos
tanto por organizar y reorganizar la educación y empezar a dedicar más
esfuerzos a aprender un poquito de esas otras experiencias realmente rompedoras
que se están implementando al otro lado del charco (lejos, sí, para la geografía
de arriba, pero infinitamente cerca en la de abajo).