Enviado el viernes, 17 de abril de 2009 9:16
Interesante el pastel que se le
presenta al recién nombrado ministro de educación Ángel Gabilondo. Con apenas
unos días en el cargo resulta que la Facultad de Filosofía de la UCM se suma a
la moratoria en la aplicación de los nuevos planes de estudios para el grado
del curso 2009-2010. Y a este carro ya se
han trepado por el momento la Universidad del País Vasco y el grado de filosofía de la Universidad
de Barcelona.
Es posible que una moratoria sea
el callejón sin salida al que se vea abocado el Plan Bolonia. Los
próximos meses se presentan interesantes. El contexto político, económico y
social definitivamente no parece el más idóneo para emprender un proceso de
reforma en las Universidades que responde a unas circunstancias más vinculadas
con el optimismo capitalista de finales de los años noventa, que con la crisis
estructural que en la actualidad sufre el sistema capitalista en todo el
planeta.
En el nuevo panorama de crisis
hablar del Plan Bolonia tiene aún menos sentido. En un contexto donde lo que se
necesita es más bien experimentar con nuevas formas de transmitir, generar y
aplicar el conocimiento para salir del atolladero sistémico, es absurdo
intentar aplicar un modelo que apenas resulta ser poco más que una imitación
del modelo estadounidense de educación superior.
Ángel Gabilondo, por su parte,
dice que el problema del Plan Bolonia es que no se ha explicado bien y que ese
será su empeño en lo que dure al frente del ministerio de Educación. ¿Quiénes son
los iluminados que sí comprenden el Plan y quienes son los que no para el
flamante nuevo ministro? Según su lógica los que lo entienden y lo saben
explicar son los que están a favor –ese es su caso-, mientras que los que se
manifiestan en contra lo hacen porque no lo entienden.
Mientras, a la luz de los hechos,
lo que cada vez parece más claro es que aquello que desde un principio no tiene
mucho sentido siempre es más difícil de explicar. De hecho, lo que suele
ocurrir cuando alguien explica algo que no entiende es que o termina engañando
al respetable, o se saca de la manga argumentos engañosos, o simplemente se
dedica a manipular a diestro y siniestro. Veremos cual es la estrategia del
ministro.
De todos modos con esto de las
moratorias se ha producido un fenómeno curioso. Hace apenas unas semanas
Fernando Savater publicó en El País (30 de marzo) un artículo titulado “Preguntas
sobre Bolonia”. Al final del texto, baste recordar, planteaba la siguiente
cuestión: ¿no sería razonable establecer una moratoria, con independencia de
que quienes la están pidiendo desde hace algunos meses sean o no estudiantes
“antisistema”?
