La semana pasada cayó en mis
manos una selcción de cuentos de Edgar Allan Poe de un libro editado por Austral -Edgar Allan Poe (2007) Cuentos-.
Para mi sorpresa, durante la lectura no sólo he disfrutado con la capacidad de
este autor americano para construir relatos e historias, sino que también me he
topado con interesantes reflexiones referentes a los métodos que
utilizamos para conocer la realidad. Tengo anotadas algunas citas encontradas
en tres de estos relatos: “Los crímenes de la calle Morgue” “El misterio de
Marie Rôget” y “La carta robada”; y quisiera compartirlas a continuación.
Sirva además este post para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de este
fantástico escritor.

(Edgar Allan Poe, 1809-1849)
LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE:
“Los rasgos del intelecto
estimados como analíticos son en sí mismos poco susceptibles de análisis. Sólo
los apreciamos en sus resultados. Sabemos de ellos, entre otras cosas, que para
quien los posee en abundancia son fuente del más placentero entendimiento. Tal
como el hombre fuerte se regocija de su fuerza física y disfruta con aquellos
ejercicios que requieren el empleo de sus músculos, al analista le complace esa
actividad espiritual que consiste en desentrañar.
Obtiene placer incluso con las actividades más triviales, siempre que pongan en
juego su talento. Gusta de los enigmas, las adivinanzas, los jeroglíficos, y al
solucionar cada uno de ellos muestra un grado de perspicacia que al
entendimiento corriente le resulta sobrenatural. Sus resultados, fruto del
mismísimo espíritu o esencia del método, tienen de hecho todo el aire de una
intuición.” (p. 85)
“La facultad de resolución
posiblemente se vea muy fortalecida por el estudio de las matemáticas y, sobre
todo, por su rama más alta que, injustamente y sólo debido a sus operaciones
más retrógradas, se ha dado en llamar análisis, como si se tratara del análisis
por excelencia. Pero calcular no es en sí mismo analizar.” (p. 85-86)
“Observar con atención es
recordar con claridad” (p. 87)
“El poder analítico no debe
confundirse con el simple ingenio, pues mientras el analista es necesariamente
ingenioso, el hombre ingenioso resulta a menudo excepcionalmente incapaz de
analizar. La capacidad constructiva o combinatoria con que suele manifestar el
ingenio, y a la que los frenólogos (opino que por error) han asignado un órgano
por separado, considerándola una facultad primordial, se ha observado tan a
menudo en personas cuyo intelecto rozaba
la idiotez, que ha convocado la atención general de los estudiosos del
carácter. Entre el ingenio y la capacidad analítica existe una diferencia mucho
mayor, de hecho, que entre la fantasía y la imaginación, pero de naturaleza
estrictamente análoga. Cabe observar, de hecho, que los ingeniosos siempre
poseen mucha fantasía, mientras que los verdaderamente imaginativos no son sino
analistas.” (p. 88)
EL MISTERIO DE MARIE RÔGET
“Uno de los errores más comunes
en las investigaciones es limitar la búsqueda a lo inmediato, con un abandono
total de los sucesos colaterales o circunstanciales. Los tribunales incurren en
la negligencia de confiar todo testimonio y litigio dentro de los límites de la
aparente relevancia. Pero la experiencia demuestra, como siempre ha hecho la
verdadera lógica, que una parte enorme, quizá la mayor parte de la verdad,
procede de lo supuestamente irrelevante. Basándose en el espíritu de este
principio, sin tomarlo al pie de la letra, la ciencia moderna se ha decidido a calcular sobre lo imprevisto. Pero
quizá no se me entienda. La historia del conocimiento humano ha revelado ininterrumpidamente
que la mayoría de los descubrimientos más valiosos los debemos a los hechos
colaterales, incidentales o accidentales, de tal forma que al contemplar el
futuro se ha hecho necesario tener muy en cuenta las investigaciones que surgen
por casualidad y están completamente al margen de los esperado. Ya no es tan
lógico fundamentar en lo que ha sido nuestra visión de los que será. El
accidente se admite como una parte de la subestructura. Hacemos de la
posibilidad una cuestión de cálculo absoluto. Sometemos lo nunca buscado y lo
nunca esperado a las fórmulas matemáticas de las universidades.” (p. 155)
LA CARTA ROBADA.
"Niego la eficacia y, por tanto,
el valor de toda razón cultivada por cualquier otro proceder que nos sea el
lógico abstracto. Niego, en particular, la razón derivada del estudio
matemático. Las matemáticas es la ciencia de la forma y la cantidad; el
razonamiento matemático es mera lógica aplicada a la observación de la forma y
la cantidad. El gran error es suponer que incluso las verdades de los que se
denomina álgebra pura sean verdades abstractas o generales. Y ese error es tan
notable que me asombra el alcance universal de su aceptación. Los axiomas
matemáticos nos son axiomas de validez general. Lo que es cierto sobre la
relación (de la forma y la cantidad) es a menudo totalmente falso aplicado a la
moral, por ejemplo. En esta última ciencia suele ser incierto que el todo sea
igual a la suma de las partes. En química también falla este axioma. Asimismo
falla en cuanto a la consideración del impulso, pues dos impulsos con valores
distintos no tienen necesariamente al unirse un valor igual a la suma de sus
valores separados. Existen otras muchas verdades matemáticas que sólo lo son
dentro de los límites de la relación. Pero el matemático argumenta por costumbre
en base a sus verdades finitas, como si tuvieran una aplicación general, tal
como el mundo entero da por hecho.” (p. 193)