Pocos son los hombres de los
cuales se puede decir que hayan sido pioneros en el estudio de la gramática de una
lengua ajena a la vernácula. De ahí la proeza de este singular franciscano, Fray Andrés de Olmos, que
habiendo nacido en la villa de Oña (Burgos), a medio paso entre la meseta castellana y
la cordillera cantábrica, terminó escribiendo la primera gramática del náhuatl;
la lengua mayoritaria en el siglo XVI de la Nueva España conquistada. Toda una
gesta intelectual que merece ser rescatada a la sombra de la biografía de este
ilustre oniense.
Fray Andrés de Olmos nace en la
villa de Oña hacia 1485. Con el propósito de dar continuidad a sus estudios se
trasladó siendo joven a la localidad vallisoletana de Olmos de Esgueva donde
vivió con una hermana suya ya casada. A la edad de 20 años ingresó en el
convento que los Franciscanos tenían en Valladolid para completar su formación.

(Imagen de Oña, tierra natal de Fray Andrés de Olmos)
En 1527 se producirá un hecho
que terminará marcando significativamente su futuro: Fray Juan Zumárraga le
propone como auxiliar para una misión que el propio emperador Carlos V le había
encomendado. Se trataba de realizar una delicada pesquisa sobre ciertas
actividades que venían desarrollando un grupo de brujas en territorio vizcaíno.
Al parecer la labor que desempeño
Olmos fue del agrado de Zumárraga. En consecuencia, cuando Zumárraga recibió de
Carlos V la orden de partir en calidad de primer obispo de la diócesis que iba
a establecerse en la capital de la Nueva España, decidió volver a contar con la
ayuda de Andrés de Olmos. Ambos llegarán a su nuevo destino el 6 de diciembre
de 1528.
De nuevo, por encargo del recién
nombrado obispo, Olmos inicia un viaje por Guatemala cuyo objetivo era conocer
de primera mano lo que acontecía por aquellas tierras. Ya de regreso en México,
en 1530 tuvo a su cargo la comunidad nahua de Tepepuico, un señorío de cierta
importancia y cercano a la Ciudad de México. Es entonces cuando comienza el
aprendizaje del náhuatl en contacto con los indígenas de la región.
Tres años más tarde Andrés de
Olmos tenía ya fama de conocer muy bien el náhuatl. No obstante, a partir de
1533 colabora activamente en la construcción de un colegio al norte de la
Ciudad de México donde se daría formación a jóvenes indígenas (de origen noble).
El 6 de enero habría de inaugurarse esta nueva institución académica con el
nombre de Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. En este centro, pionero
posiblemente en materia intercultural en América, el antiguo saber indígena de
los códices, la medicina nativa y varias de sus artes fueron objeto de estudio
junto con otras áreas de conocimiento desarrolladas en Castilla; como las matemáticas,
el latín, la historia europea, las Sagradas Escrituras o la gramática.
Para el propio Olmos la vivencia
de aquellos años en el Colegio de Tlatelolco fue sumamente provechosa. Allí
encontró el complemento para el análisis de las intuitivas indagaciones etnográficas
que había desarrollado en contacto con los pueblos indios de México. Con los
maestros indígenas del centro, así como con médicos y personal que residía en
el Colegio, tuvo la oportunidad de conversar e intercambiar puntos de vista en
relación a los testimonios que iba reuniendo en los pueblos de la región que visitaba.
Por aquellos años Olmos recibió
el encargo de sus superiores para escribir un libro que recogiera la antigua
cultura de los pueblos nahuas. En 1539 Olmos tenía escrito un volumen del que no
tardaron en hacerse varias copias. Hoy no queda nada de este primer ensayo de Andrés
de Olmos, apenas los testimonios que otros dejaron de aquel primer trabajo. En este
libro, al parecer, Olmos consiguió reunir abundante información de primera mano
sobre las creencias y prácticas religiosas, y también acerca de la historia del
México prehispánico. Este trabajo era la base, sin duda, para la gran cantidad de estudios que Olmos realizaría desde entonces hasta su muerte en Tampico, México, en 1571.
Fin del primer capítulo, continuará...
Ver segundo capítulo (II/II).