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jueves, 15 de enero de 2009

Mucha gente ha descrito a América Latina como el laboratorio político por excelencia a nivel mundial. La variedad de movimientos políticos con que esta región del planeta ha venido asombrando al mundo principalmente en el siglo XX, es un hecho evidente. Ahora bien, comparado con la cantidad de estudios y análisis que se realizan de estas experiencias políticas, cabe mencionar que poco se habla de las novedosas experiencias pedagógicas que durante décadas -y en la actualidad también- se han puesto en marcha en Latinoamérica. Sobre una de éstas experiencias detendré la mirada en esta ocasión: El CIDECI (Centro Indígena de Capacitación Integral) de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.


Había visitado el centro por primera vez en el año 2005 con motivo de una conferencia impartida por Immanuel Wallerstein. Entonces el evento se celebró en un pequeño auditorio que se acaba de levantar en un terreno a las afueras de San Cristóbal de Las Casas. Si no mal recuerdo, apenas había dos o tres edificios y un pequeño terreno cultivado. Incluso la carretera para llegar al lugar estaba destartalada y ni los taxistas sabían llegar al centro.

Cuando hace apenas dos semanas regresé al lugar con motivo del Primer Festival Mundial de la Digna Rabia casi no podía creer la forma en que aquel lugar se había transformado. De hecho, en la actualidad, este centro cuenta con unas diez construcciones (salones para conferencias, biblioteca, comedores, dormitorios, centro de documentación, talleres) y un auditorio capaz de albergar a unas mil quinientas personas. No me resistí, en consecuencia, a buscar la forma de charlar un rato con quien desde hace años coordina este interesante proyecto: el Doctor Raimundo Sánchez Barraza.


                         (Imagen del CIDECI)

Con todo, conviene presentar algunos datos de interés que ubiquen al CIDECI. El centro inicia sus actividades en 1989 en San Cristóbal de Las Casas, con el objetivo de dar capacitación a jóvenes indígenas en oficios y artes. A este primer proyecto se unió en 1997 la constitución de la Sociedad Cooperativa de Productores y Sistemas Integrados Agroecológicos: Vandana Shiva, cuya tarea se centra en la producción, capacitación y asesoría agroecológica en zonas Indígenas de Chiapas. El centro toma como referencia el nombre de Vandana Shiva; científica, filósofa y escritora india pionera en la difusión de la agricultura ecológica y el estudio de la biodiversidad.

A inicios de 2004, y ya en el actual terreno de la antigua carretera a San Juan Chamula, se constituyó La Universidad de la Tierra-Chiapas: Ivan Illich. Las áreas de trabajo en este centro son el Derecho Autónomo, Arquitectura Vernácula, Agroecología, Hidrotopografía, Administración de Iniciativas y Proyectos Comunitarios/Colectivos, Electro-mecánica, Interculturalidad, Análisis de los Sistemas-Mundo, Estudios de (Post) y (Des)colonialidad y Filosofías y Teologías Contextuales. La Universidad de la Tierra-Chiapas se inspira en el proyecto que Gustavo Esteva viene coordinando en Oaxaca y, a su vez, retoma planteamiento que se desprenden de los trabajos de Ivan Illich; de ahí su nombre. Además, cabe mencionar que la Unitierra-Chiapas mantiene convenios con algunas Universidad, como es el caso de la Universidad de Santo Tomás (Bogotá, Colombia), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco) de la Ciudad de México y la Universidad Iberoamericana de Puebla, México.

Dentro de la organización, asimismo, existen centros de estudio que abordan diversas áreas de conocimiento. Por una parte está el Centro de Estudios sobre Interculturalidad: R. Panikkar y R. Fornet-Betancourt que quedó constituido en 2004. También el Centro de Estudios, Información y Documentación: Immanuel Wallertein que inicia en 2004, el Centro Universitario de Filosofías y Teologías Contextuales: Samuel Ruiz García de 2006, y el Centro de Estudios y Prácticas sobre Adisciplinariedad, Pluriversatilidad y Ecologías (de Saberes, Temporalidades, de Reconocimientos, de Lugares, de Producciones) que fue constituido en 2006.

En definitiva, un centro como el CIDECI confirma que en América Latina no sólo en política, sino también en el ámbito de la organización del aprendizaje, se está experimentando con nuevas prácticas. De esta capacitad para aterrizar proyectos e innovar en el campo de la pedagogía contemporánea, creo que mucho tenemos que aprender; especialmente en estos tiempos en que nuestras instituciones educativas, escuelas y universidades, son incapaces de dar una respuesta a los retos políticos, sociales, económicos y culturales de hoy. De hecho, no estaría de más empezar a dejar de preocuparnos tanto por organizar y reorganizar la educación y empezar a dedicar más esfuerzos a aprender un poquito de esas otras experiencias realmente rompedoras que se están implementando al otro lado del charco (lejos, sí, para la geografía de arriba, pero infinitamente cerca en la de abajo).

20:03 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (19)