Recientemente, en el número de
diciembre de 2008 (nº 12) de la Revista
ConCiencia
Social (Diada Editora), he publicado una reseña al primer volumen de las
Obras Reunidas de Ivan Illich editadas en 2006 por el Fondo de Cultura Económica. Considero que puede resultar
interesante también para quienes se acerquen a este Blog tener en sus manos
algunas anotaciones en referencia a la obra de
Ivan Illich, autor que en los
últimos tiempos está comenzando a ser analizado entre quienes estudian las
posibilidades de construir ese otro mundo posible.

(
Ivan Illich, 1926-2002)
Conviene, de tal forma, empezar
señalando que en los años ochenta y noventa las reflexiones teóricas de Ivan
Illich lejos de abrirle puertas en un tiempo de importantes cambios sociales,
políticos y culturales, lo terminaron por catalogar en un rincón del espectro
teórico de la sociología, la medicina, la ecología, la pedagogía o las ciencias
políticas. Y algo similar ha estado ocurriendo en el
campo editorial, donde apenas en 2006, después de que el Grupo Planeta dejara
de publicar sus obras en castellano durante casi 20 años, el Fondo de Cultura
Económica (FCE), tras una dura negociación de los derechos, ha editado en
México el primer volumen de sus Obras Reunidas que incluye algunos de
sus ensayos clásicos escritos en los años sesenta y setenta. Según parece, en
estas dos últimas décadas publicar estos textos no ha resultado del todo
confortante ni para las grandes editoriales ni para los círculos académicos que
han encontrado en la escuela, los hospitales y los medios de transporte todo
un negocio donde desplegar sus libros de textos y sus teorías recondimentadas.
Esta nueva edición ha conseguido
ir más allá y presenta una cuidada selección de los textos que Illich publicara
durante su estancia en la ciudad mexicana de Cuernavaca desde 1961 hasta 1976.
Se trata de un primer volumen de las Obras reunidas que toma como
referencia el conjunto de trabajos que Illich desarrolló desde el CIDOC (Centro
Intercultural de Documentación) (1963-1976): Alternativas (1970), La
sociedad desescolarizada (1970), Energía y equidad (1973), La
convivencialidad (1973) y Némesis Médica (1973). Textos que hablan
de un tiempo pasado para la crítica de las instituciones modernas y que, a su
vez, devuelven un conjunto de cuestiones posibles y aún presentes para el
pensamiento de las sociedades de hoy.
Si un tema recorre de forma
transversal la obra de Ivan Illich durante la década de los años sesenta y
setenta éste es el estudio de las instituciones modernas. La reflexiones en
relación a los medios de transporte, los hospitales y las escuelas centraron
la temática de su obra, y también hicieron de Illich una de las voces
contestatarias por excelencia de la segunda mitad del siglo XX. Desde su centro
en Cuernavaca creó el ambiente propicio para proyectar una crítica al sistema
moderno de instituciones a partir de una lectura creativa y original de las
sociedades industrializada.

No obstante, en el centro que
Illich mantuvo abierto en Cuernavaca, la crítica radical de las instituciones,
y en especial de las instituciones educativas, encontró su espacio. Bastaba
con mirar de reojo al CIDOC para ver en instituciones otrora incuestionables
esos aparatos capaces de hacer que nada cambiara y que todo siguiera igual.
Esos aparatos que, a modo de objeto de consumo, permitían reforzar el papel de
las élites en las sociedades, pero esta vez con el símbolo por excelencia de
las sociedades industriales, es decir, con el título profesional en la mano.
Mismos aparatos que alineaban la conducta humana y decían quién era el que
sabía y quién no, y quién era el que sabía lo que querían, debían y necesitaban
hacer los demás. Aparatos que también venderían la ruta hacia el progreso como
una receta infalible, intentando hacer creer que el camino no se hace al
andar, sino que ya está definido de antemano gracias al progreso.
La visión de Illich respecto al futuro inmediato que esperaba a
las próximas generaciones era de carácter apocalíptico. No dudó al plantear que, si no se
limitaba de forma radical el impacto sobre el medio ambiente y si no se ponía
en práctica un control eficaz de los nacimientos, la catástrofe planetaria
estaría servida. A lo que añadió que cualquier remedio ante esta posibilidad
futura que insistiera en la gestión burocrática de la supervivencia humana estaba
abocado al fracaso. Y su propuesta al respecto era clara: la sociedades debían iniciar
el camino hacia un modelo convivencial, donde las relaciones humanas avanzaran,
o más bien regresaran, a una convivencia comunitaria sostenible fundamentada
en una cooperación interpersonal radical.