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Rafael Sebastián Guillen Vicente defendió en 1980 su tesis de licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México. Paseando recientemente por San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, encontré en el local Mono de Papel (dentro, a su vez, de Tierra Adentro, en la calle Real de Guadalupe) el documento en cuestión. Se trata, sin duda, de un interesante trabajo en el que se intuye el pensamiento y el estilo narrativo que años más tarde, y ya bajo la influencia de las comunidades indígenas de Chiapas, adoptaría Marcos en sus comunicados públicos. Al leer el texto uno no puede dejar de imaginar que apenas cuatro años después de su presentación, este joven (tenía apenas 23 años cuando presenta la tesis) nacido en la ciudad de Tampico (Tamaulipas) fundaría en la Selva Lacandona, junto con un reducido grupo de rebeldes, el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). Rescato a continuación un fragmento de la tesis titulado: La escuela, el saber y el poder (pp. 76-80) que creo puede resultar de interés:


    


Juan está formado en una de las filas del patio de la escuela esperando entrar a clase. Está en la primera disposición que el discurso del poder ha ordenado. Debe de estar derecho, sin hablar, estático. Desde un principio se reconoce como elemento pasivo en esta situación. La mínima muestra de actividad será castigada inmediatamente. Juan debe aprender a distinguir lugares-situaciones (el sujeto, inserto en estructuras de poder, se enfrenta continuamente con situaciones problemáticas que tiene que resolver tomando su lugar en la pareja de sujetamiento Dominador/dominado. Este lugar se modifica según el “espacio” de poder donde se realiza y según las modificaciones más generales del proceso de reproducción/transformación de las relaciones sociales de producción). “Hay un lugar y un tiempo para cada cosa”: Juan debe guardar silencio y compostura antes de entrar al salón de clase, ya en él, debe escuchar atentamente al profesor, trabajar cuando él lo indique, dejar de hacerlo cuando lo ordene. Si quiere jugar, correr o platicar, deberá esperar el recreo; y aún ahí debe someterse a determinados límites que es preciso no rebasar.

El individuo asimila, de esta manera, la ordenación espacio-temporal de las actitudes que el Discurso del Poder, discurso de la clase dominante, dicta, establece. El “hay un tiempo y un lugar para cada cosa” es el lugar en el código básico de la cultura donde adquiere su fundamentación la ordenación del espacio escolar. Lugar predominante de evidencia, el código básico de la cultura aparece como la región en donde las diferentes prácticas ideológicas encuentran su explicación, ahí todo encuentra su lugar. Constituido por las prácticas contradictorias, prácticas de clase al fin y al cabo, el código básico de la cultura las soluciona estableciendo para aquellas que escapan a la ordenación del discurso del poder el lugar de la “anormalidad”. Anormalidad pasajera que deberá acabarse al reintegrarse el individuo a las constantes en los comportamientos que caracterizan el Modo de Producción Capitalista.

El Discurso del Poder no sólo opera ordenando espacio-temporalmente las prácticas de los sujetos, también ordena jerárquicamente dichas prácticas. Es decir, las prácticas son valoradas y “clasificadas” en el Discurso-Espacio de Poder según correspondan en mayor o menor grado a la relación de sujetamiento específico a la situación espacio-temporal.

El saber reconocer las situaciones para un determinado comportamiento aparece como signo, jerárquico, de madurez. Más maduro mientras más sepa reconocer las situaciones para su comportamiento, el individuo encuentra, de esta manera, la aceptación y el reforzamiento de la sociedad que es ordenada y ordena en y por el Discurso del Poder.

Juan aprende a distinguir/separar a sus compañeros que no cumplen con las disposiciones de la autoridad inmediata: el maestro. Sujeto-sujetado a este nuevo Sujeto-sujetador, que identifican con los adultos, Juan se reconoce en los otros Sujetos-sujetados: sus compañeros. Aquellos que se rebelan a su condición de sujetos se ven castigados por el Sujeto-Maestro. Así, un mala nota, una reprimenda, un castigo físico, aparecen como el señalamiento a la des-ordenación y a su “anormalidad”.

El ser sujeto-sujetado aparece no sólo como garantía de premiación, sino también como garantía de seguridad frente al poder del Sujeto-sujetador. De esta manera, el Discurso del Poder presenta las ventajas de la subordinación a su ordenación:

-         Premio por el sojuzgamiento.

-         Seguridad frente al castigo.

No exento de contradicciones, el discurso ordenador de lugares-situaciones, de premios y castigos, comete “pequeñas desviaciones” en su ordenación. Juan fue castigado “injustamente”, esto es, no había dejado de ser un buen sujeto en su práctica, pero el maestro no se dio cuenta de esto. Juan ha aprendido que más importante que ser sujeto-sujetado, es necesario parecerlo, presentarse como tal ante el Sujeto. Así, el sujeto sabe que no es completamente sujeto-sujetado al Sujeto, tiene cierta autonomía que es preciso no rebasar.

En el salón de clases el maestro ha dado ya las calificaciones de un pequeño examen. Juan sabe ahora que sus compañeros no son todos iguales. Juan se enfrenta así con el SABER, el cual funciona excluyendo-diferenciando a sus compañeros y a él mismo en una escala jerárquica: “El que sabe más es más”. “¿Qué es, después de todo, un sistema de enseñanza, sino una ritualización del habla; sino una cualificación y una fijación de las funciones para los sujetos que hablan; sino la constitución de un grupo doctrinal cuando menos difuso; sino una distribución y una adecuación del discurso con sus poderes y saberes” (Michel Foucault, p. 38, El orden del Discurso)

El nuevo criterio de valorización que enfrenta Juan, mediante el examen, remite al individuo nuevamente al criterio de la PRODUCCIÓN. Sabe más el que ha producido más palabras, más números. Pero no sólo eso, es necesario que dichas palabras, que los números, cumplan a su vez una ordenación-adecuación con lo que los libros y/o el maestro han dicho. No se trata de producir nada más, sino de producir ordenadamente lo que se pide que se produzca. Producción de comportamientos ordenados-adecuados a situaciones que mantienen a la clase dominante. Producción de conocimientos ordenados-adecuados a libros maestros que sirven a la clase del poder. El individuo asimila así el sentido y finalidad de su existencia: PRODUCIR. Premios, no-castigos, éxitos, todo se consigue produciendo lo que la burguesía necesita para su supervivencia como clase y para la implementación de la explotación del proletariado.

Es produciendo comportamientos y conocimientos como el individuo se adhiere al Discurso del Poder y a su ordenación en el Aparato Tecnológico Escolar, especialmente en los niveles primarios.

Juan ha oído que los que saben más son los más inteligentes, los más listos, los más estudiosos, los que se diferencian del resto que sabe menos o que no sabe. La división entre sus compañeros le aparece, pues, como fruto de algo que es irremediable. Los listos lo son porque así nacieron, los estudiosos porque se esfuerzan. Esta contradicción entre el poder de la naturaleza y el poder del individuo se resuelve a favor del primero. Eventualmente el “esfuerzo” es igualmente “natural”, la “flojera” no tiene remedio. Se le ha dicho que “La Madre Naturaleza” es la responsable de esto. Así como algunos nacen rubios y otros morenos, unos nacen inteligentes y otros nacen tontos.

Establecidos jerárquicamente frente al Sujeto, los sujetados se diferencian entre sí, pero se reconocen su unidad-igualdad en su subordinación al sujeto. Simplemente: A mayor subordinación mayor adecuación a los dictámenes del Sujeto-sujetador, mayor es el grado jerárquico respecto a los demás sujetos. Aquí aparece un nuevo efecto del discurso del Poder; Asigna lugares jerárquicos de sujetamiento y movilidad en estos lugares a los sujetos respecto de otros. El Discurso del Poder funciona Ordenando Jerárquicamente a los sujetos y distribuyendo sus lugares de subordinación de acuerdo a la división compartimentada de las relaciones de poder en el todo social.

Juan observa constantemente la implementación de orden. Se le habla de la necesidad de ese ordenamiento, de los difíciles e indeseables que serían las cosas sin él. El caos se identifica con lo malo, lo impensable; hay un orden para entrar al salón de clases, un orden para sentarse, para salir, para hablar, para escuchar, para jugar. Hay un orden en la distribución y “dosificación” de los conocimientos que se imparten. Este ordenamiento cubre, incluso, los espacios más “alejados” del poder: los baños, la salida de la escuela, los juegos.

El orden, pues, se presenta como necesario. Ni su existencia ni su necesidad han sido nunca cuestionados. Antes bien, lo que se ha hecho es insistir en las bondades de su implementación. De esta forma se presenta el siguiente efecto del Discurso del Poder: Su existencia, su ordenación, es necesaria. Imposible pensar un mundo sin la ordenación del poder; no habría valores, ni vida, ni nada…

El individuo ha sido ya empapado de las “evidencias” del Poder y de sus ordenamientos, estos permitirán la inscripción de sus prácticas en los espacios de funcionamiento, del “buen proceder”, que ha establecido la ideología dominante. Mediante el Poder esas evidencias ordenadoras de sujetamientos-subordinaciones producen y aseguran (hasta cierto punto) su “naturalidad”


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Comentarios

# Blogring for tesis

18/01/2009 6:10 por blogring.org
Blogring for tesis

# re: “Filosofía y educación” (UNAM, 1980) Tesis para obtener el grado de licenciatura del Subcomandante Insurgente Marcos.

23/10/2009 6:51 por XIDHE CASTILLO COPCA
PERDON QUE IRRUMPA ESTE ARTÍCULO PERO NO EH QUERIDO PUBLICAR UNA PÁGINA DE INTERNET Y ME ES BLOQUEADA LE PIDO DE LA MANERA MÁS RESPETUOSA QUE ME APOYE PUBLICANDO UN ARTÍCULO DONDE SE CONVOQUE A TODOS LOS ZAPATISTAS INCLUYENDO AL ADMIRABLE SUBCOMANDANTE MARCOS A QUE APOYE A LAS FAMILIAS DEL SINDICATO MEXICANO DE ELECTRICISTAS SE QUE EL ES MÁS QUE UN LÍDER Y TIENE EL PODER Y LA JUSTICIA EN LA MANO....PORFAVOR NO ECHEN EN SACO ROTO ESTE CORREO
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