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lunes, 29 de diciembre de 2008

John Holloway es un referente para todos los que alguna vez han vislumbrado la posibilidad de cambiar el mundo. Este pensador irlandés, que desde los años noventa reside en la ciudad mexicana de Puebla, publico en el 2002 un libro ya clásico entre los movimientos antisistémicos, cuyo título muestra la principal tesis de su trabajo: Cambiar el mundo sin tomar en poder. En su reciente participación en el Primer Festival Mundial por la Digna Rabia que se está celebrando en México, Holloway presentó una lectura singular de la reciente crisis del capitalismo que toma como punto de partida un elemento primordial: ¡Nosotros somos la insubordinación que es la crisis del capital!


La participación se John Holloway estaba enmarcada dentro del foro titulado: Otros caminos: otra historia, otra política. Junto con Holloway participaron también Felipe Echenique (México), Raúl Zinechi (Uruguay), Sergio Rodríguez Lazcano y Olivier Besancenot (Francia).


(Aforo congregado para el foro en el Lienzo Charro de Iztapalapa,
foto sacada de http://dignarabia.ezln.org.mx/)

En su intervención, Holloway comenzó situando el papel de la rabia en la lucha anticapitalista. Según sus palabras: la rabia es el umbral de la dignidad, pero no es suficiente si no abre la puerta a una política radicalmente otra y a un hacer radicalmente distinto. La rabia, asimismo, se presenta entre signos de interrogación y nos enfrenta con una cuestión básica: ¿Por qué desaprovechar esta vida reproduciendo el capital? Esta concepción de la digna rabia, en cierto sentido, mucho tiene que ver con ese grito con el que comienza su libro Cambiar el mundo sin tomar el poder.

Y es la rabia, también, la que aflora cuando ante la crisis del capitalismo que hoy vivimos se nos intenta convencer de los beneficios que conlleva para los ciudadanos ayudar con dinero de su propio bolsillo a los señores del capital. Esa rabia que estalla cuando se nos explica que estuvimos al borde de un colapso del sistema que hubiera tenido consecuencias desastrosas para la población, cuando realmente es difícil imaginar algo más desastrosos que el propio sistema que estuvo a punto de quebrar y que fue "salvado" en el último momento.

En este sentido Holloway insiste en señalar que quienes luchan contra el capital son (somos, dice él) la crisis del capitalismo. Aunque, al tiempo, la crisis es una amenaza para la otra política que se separa del capital, ya que empuja hacia la vieja política de la izquierda, la de las víctimas.

Así, dos son las formas de leer la crisis:

 a) Reaccionar entendiendo la crisis como una crisis de ellos, de los capitalistas, que nos convierte en víctimas de su sistema.

b) Decir: ¡no!, porque nosotros somos los responsables de la crisis. La crisis es la muestra de que ya estamos haciendo la revolución y la prueba de que la revolución no es el futuro. El capitalismo depende de la subordinación, y si ésta no consigue imponerse el sistema entra en crisis. Por eso la crisis es producto de los insubordinados. La crisis de 1929 ya fue la respuesta a la insubordinación de Rusia en 1917.

Con todo, para Holloway es la dignidad de quienes en los últimos tiempos vienen resistiendo las envestidas del capital la que está sacudiendo el sistema. En este sentido no es acertado pensar la crisis como el colapso del capitalismo, sino como el surgimiento de otra cosa basada en otras relaciones sociales. Ya no es el momento de pedir al Estado. Más bien es el momento de construir aquí y ahora otra cosa, otro mundo.

 

 

 

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