Ayer tuve la ocasión de asistir a
uno de los numerosos actos que se están realizando en todo México como
consecuencia del 80 cumpleaños de Carlos Fuentes. Dos fueron los motivos que me
animaron a acercarme al centro del DF: primero, no se trataba de un encuentro
de especialistas académicos en la obra de Fuentes que se dedicarían a ensalzar
la obra del homenajeado (este tipo de actos, por lo general, me aburren por
completo); y segundo, no se trataba de un acto excesivamente oficial (a estos
sólo acuden, y no siempre, los que tienen invitación). Así que tomé el metro y
me fui hasta la imponente plaza de Santo Domingo (cerca del Zócalo del DF) al
encuentro titulado “El arte de novelar” donde participaría todo un elenco de
escritores: Carlos Montemayor, Elena Poniatowska, Jorge Volpi, Vicente Herrasti,
Xavier Velasco, José Ramón Ruisánchez, Wendy Guerra y Adrián Curiel Rivera.
Todos ellos estaban convocados en
el Centro Cultural del México Contemporáneo para compartir en formato libre
algunas reflexiones en relación al eje temático del encuentro: el arte de
novelar. Cada quién no sólo elegía el formato sino también el estilo de
exposición.
Se podría decir que tres
generaciones de escritores estaban en la mesa de trabajo moderada por Carlos
Montemayor. Elena Poniatowska representaba esa generación cercana a Carlos
Fuentes y también a quienes en los años sesenta y setenta protagonizaron el
famoso “boom”; posiblemente el movimiento cultural latinoamericano que más impacto tuvo a nivel mundial en el
siglo XX. Su participación cargada de espontaneidad dibujó un entrañable
repaso a algunas de las anécdotas que la escritora no sólo compartió con
Fuentes, sino también con otros iconos de la cultura mexicana como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera o Juan Rulfo. Por cierto que la señora Poniatowska dejo toda una recomendación para los jóvenes que quieran iniciarse en el arte de novelar: vayan a las cárceles y hablen con los presos, ahí están las mejores historias.
Como representantes de la
Generación del Crack tomaron la palabra Herrasti y Volpi. En el caso del
segundo, con su presentación, quedó definida esa distancia que tanto se ha
preocupado por mostrar esta generación de escritores respecto a la del “boom”
latinoamericano. Su entorno literario está más influenciado posiblemente por
los medios de comunicación, especialmente la televisión, que por la magia de
los pueblos y las gentes de la América profunda.
Igualmente interesante fue la
participación del resto de emergentes escritores de América Latina, en especial
la de dos autores que en mi opinión están llamados a marcar toda una etapa en
las letras castellanas: Wendy Guerra y Xavier Velasco.

(Wendy Guerra)
Ella estuvo genial (también
elegante y divertida). Leyó un texto vibrante y emotivo con ese acento tan
sensual del caribe cubano. La historia presentaba una relación de amor y odio
con Cuba que dejó al público presente aplastado (o por lo menos a mi así me
dejó). El relato tomó como punto de partida el recuerdo de una pesadilla vivida
en un aeropuerto. Ahí estaba para Guerra, creo yo, el punto de partida sin
retorno del arte de novelar.
Por su parte Xavier Velasco no
defraudó las expectativas que siempre se crean con sus apariciones en
público. Con una reflexión de calado teórico nos presentó el centro y las
periferias (y las periferias de las periferias) de donde parten las historias, las
novelas. Entre sus reflexiones alguna que todavía no consigo sacar de mi
cabeza: la Historia habla del pasado, la literatura de lo que pasa; quizá por
eso en la Historia todavía permanecen grandes mentiras, mientras que en la
literatura las obras menores desaparecen (cito de memoria).