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jueves, 06 de noviembre de 2008

En 1997 el Foro de los Pueblos Indígenas de Oaxaca, México, después de una profunda deliberación declaró que la escuela había sido el principal instrumento utilizado por el Estado para destruir a los pueblos indios. Durante más de un siglo la creciente instalación de escuelas había contribuido más que ninguna otra institución a la debilitación de la cultura vernácula de la región. En consecuencia, la decisión adoptada no podía ser otra: los maestros, cómplices en esta tarea de destrucción cultural, debían abandonar inmediatamente las comunidades y las escuelas cesarían en su labor.


Como no podía ser de otra forma los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia en el momento que las comunidades cerraron las primeras escuelas. Fue un gran escándalo en el momento y la prensa no tardó en descalificar la decisión de las comunidades. También para la opinión pública la decisión “condenaba a la ignorancia a toda una generación de niños indígenas oaxaqueños”. Si bien, las comunidades, haciendo uso de su autonomía, se mantuvieron firmes en su decisión: ni una escuela más.

Por aquel entonces, un antropólogo afín a las comunidades oaxaqueñas planteó un estudio con el objetivo de que las propias comunidades reconsideraran su decisión. Para tal fin preparo unos tests que evaluarían los conocimientos que adquirían los niños que iban a la escuela en comparación con aquellos que no asistían a clases. Con los datos en la mano este antropólogo, entonces sí, podría intervenir para que las comunidades reabrieran las escuelas.

Para su sorpresa los resultados no fueron los previstos. Resultó que los niños que no iban a la escuela estaban mejor en casi todo: leer, escribir, aritmética, geografía,… Sólo en un campo los niños que iban a la escuela estaban mucho mejor que los que no lo hacía: sabían cantar el himno nacional.

La comunidad se revelaba, y esto lo sabían bien quienes optaron por cerrar las escuelas, como el lugar donde el aprendizaje alcanzaba su sentido más amplio. Un aprendizaje conectado a la vida, que a su vez estaba ligado con los ritmos de la comunidad. Un contexto de aprendizaje donde la educación institucionalizada no sólo carecía de sentido, sino que en la mayoría de los casos era todo un impedimento que descontextualizaba las posibilidades pedagógicas de las comunidades indígenas.

En consecuencia, desde 1997 numerosas comunidades oaxaqueñas ya han aprendido una de las principales lecciones de la escuela, esto es, que el aprendizaje generalmente acontece y brota al margen del marco institucional de la misma. Y esta postura la siguen manteniendo en la actualidad. En el reciente pronunciamiento realizado por el Foro de los Pueblos Indígenas de Oaxaca reunidos en mayo 2008, los puntos 16 y 17 están dedicados al tema del aprendizaje en las comunidades. Los copio a continuación:

- Reafirmamos que la educación que el sistema educativo nacional ofrece a los pueblos indígenas no está respondiendo a las necesidades y aspiraciones de los mismos. Ante ello, la educación comunitaria es la forma que está tomando la educación indígena alternativa en las comunidades, misma que tiene una orientación descolonizadora. Por ello se hace urgente y necesario identificar todas las experiencias de educación comunitaria en Oaxaca, para fortalecerlas, consolidarlas y socializarlas.

- Las comunidades tienen el derecho de decidir el rumbo de la educación de sus hijos. En esta perspectiva hay que revisar y replantear el papel de los maestros bilingües en la actualidad. Necesitamos un mayor compromiso del magisterio con sus comunidades de origen y de trabajo. Hay que vivir en las comunidades y aprender de ellas.

18:57 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (0)