En 1997 el Foro de los Pueblos Indígenas
de Oaxaca, México, después de una profunda deliberación declaró que la escuela
había sido el principal instrumento utilizado por el Estado para destruir a los
pueblos indios. Durante más de un siglo la creciente instalación de escuelas
había contribuido más que ninguna otra institución a la debilitación de la cultura vernácula de la región. En consecuencia, la decisión adoptada no
podía ser otra: los maestros, cómplices en esta tarea de destrucción cultural,
debían abandonar inmediatamente las comunidades y las escuelas cesarían en su
labor.
Como no podía ser de otra forma los
medios de comunicación se hicieron eco de la noticia en el momento que las comunidades
cerraron las primeras escuelas. Fue un gran escándalo en el momento y la prensa
no tardó en descalificar la decisión de las comunidades. También para la opinión
pública la decisión “condenaba a la ignorancia a toda una generación de niños
indígenas oaxaqueños”. Si bien, las comunidades, haciendo uso de su autonomía,
se mantuvieron firmes en su decisión: ni una escuela más.
Por aquel entonces, un antropólogo
afín a las comunidades oaxaqueñas planteó un estudio con el objetivo de que las
propias comunidades reconsideraran su decisión. Para tal fin preparo unos tests
que evaluarían los conocimientos que adquirían los niños que iban a la escuela
en comparación con aquellos que no asistían a clases. Con los datos en la mano
este antropólogo, entonces sí, podría intervenir para que las comunidades
reabrieran las escuelas.
Para su sorpresa los resultados no
fueron los previstos. Resultó que los niños que no iban a la escuela estaban
mejor en casi todo: leer, escribir, aritmética, geografía,… Sólo en un campo
los niños que iban a la escuela estaban mucho mejor que los que no lo hacía:
sabían cantar el himno nacional.
La comunidad se revelaba, y esto lo
sabían bien quienes optaron por cerrar las escuelas, como el lugar donde el
aprendizaje alcanzaba su sentido más amplio. Un aprendizaje conectado a la
vida, que a su vez estaba ligado con los ritmos de la comunidad. Un contexto de
aprendizaje donde la educación institucionalizada no sólo carecía de sentido,
sino que en la mayoría de los casos era todo un impedimento que
descontextualizaba las posibilidades pedagógicas de las comunidades indígenas.
En consecuencia, desde 1997
numerosas comunidades oaxaqueñas ya han aprendido una de las principales
lecciones de la escuela, esto es, que el aprendizaje generalmente acontece y brota al
margen del marco institucional de la misma. Y esta postura la siguen manteniendo
en la actualidad. En el reciente pronunciamiento realizado por el Foro de los
Pueblos Indígenas de Oaxaca reunidos en mayo 2008, los puntos 16 y 17 están dedicados
al tema del aprendizaje en las comunidades. Los copio a continuación:
- Reafirmamos
que la educación que el sistema educativo nacional ofrece a los pueblos
indígenas no está respondiendo a las necesidades y aspiraciones de los mismos.
Ante ello, la educación comunitaria es la forma que está tomando la educación
indígena alternativa en las comunidades, misma que tiene una orientación
descolonizadora. Por ello se hace urgente y necesario identificar todas las
experiencias de educación comunitaria en Oaxaca, para fortalecerlas,
consolidarlas y socializarlas.
- Las
comunidades tienen el derecho de decidir el rumbo de la educación de sus hijos.
En esta perspectiva hay que revisar y replantear el papel de los maestros
bilingües en la actualidad. Necesitamos un mayor compromiso del magisterio con
sus comunidades de origen y de trabajo. Hay que vivir en las comunidades y
aprender de ellas.