Hace casi cincuenta años, en
1960, Marshall McLuhan publicó el texto titulado El aula sin muros (1974, Barcelona; Laia). Leyendo las conclusiones expuestas por el
autor canadiense, y habiendo realizado intentos por seguir el debate en torno
al cambio de paradigmas que para la pedagogía se abre con la Web 2.0, uno tiene
la sensación de que al tiempo que el contexto de la comunicación ha sufrido
cambios radicales en las últimas cinco décadas, el debate pedagógico sigue
estancado en el mismo lugar.
Resulta interesante el texto de
McLuhan ya que acierta al presentar tres puntos clave para el estudio que el
impacto de las nuevas tecnologías puede acarrear para instituciones educativas;
instituciones que, en realidad, poco han variado en su forma de proceder desde
hace unos doscientos años. Es cierto que McLuhan hablaba, en su momento, de tecnologías
de la comunicación como la radio, el cine o la televisión, si bien, como se verá,
sus conclusiones son también válidas para fenómenos como el de la Web 2.0.
En primer lugar comenta McLuhan que
las tecnologías no deben estudiarse a modo de mundos alejados de la realidad que
apenas son sólo útiles para desvirtuarla, pues sucede que en su uso social
generan nuevas formas de expresión y de nombrar, a su vez, la realidad. En El aula si muros se hace mención a este
punto de la siguiente forma: hoy
empezamos a darnos cuenta de que los nuevos medios no son simplemente una
gimnasia mecánica para crear mundos de ilusión, sino nuevos lenguajes con un
nuevo y único poder de expresión (p. 237)

(Marshall McLuhan 1911-1980)
Un segundo punto clave del texto
se centra en medir el modo en que estos nuevos lenguajes impactan en las
instituciones que tradicionalmente han realizado una función social para la
generación, transformación, transmisión y conservación del conocimiento. En
este aspecto McLuhan ya menciona lo mismo que creen descubrir alarmados muchos
de los nuevos “gurus 2.0” de las tecnologías con ambiciones pedagógicas que pululan
por la Red: Hoy estos nuevos medios de
comunicación amenazan, en vez de reforzar, los procedimientos tradicionales de
la escuela. Es habitual contestar a esta amenaza con denuncias sobre el
desgraciado carácter y efecto de las películas y de la televisión, del mismo
modo que se temió y se desdeñó el “cómic” expulsándolo de las aulas.(p. 237)
En tercer lugar en el texto
aparece una de las cuestiones que más se debaten en diferentes espacios de Internet
que intentan abordar el impacto de las nuevas tecnologías en la educación
institucionalizada. Así, McLuhan tiende a pensar que las características de las
nuevas tecnologías: podrían convertirse
en un instrumento para el maestro (p. 237).
En resumen, lo que en El Aula sin muros se menciona es que las
nuevas tecnologías de hace cincuenta años, como las de ahora, abren nuevas
posibilidades de lenguaje y de expresión a quienes participan de las mismas. Asimismo, cada nuevo avance tecnológico en el campo de la comunicación impacta en el
conjunto de instituciones sociales que lo preceden, al tiempo que éstas se preocupan
en estudiar el modo en que las nuevas tecnologías pueden ser integradas a su
labor y así mejorar su desempeño social.
Con todo, resulta curioso
observar que si bien algunas instituciones con el paso del tiempo han sabido
hacer uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo de su labor social, la
escuela es quizá de todas ellas la que más dificultades tradicionalmente
demuestras para este fin. Las investigaciones que desde la pedagogía se han
hecho al respecto son, sin duda, insuficientes. El nuevo debate en torno al
impacto que aplicaciones tecnológicas como la Web 2.0 puede conllevar para el
mundo de la educación y su falta de consideración respecto a planteamiento que
ya fueron formulados hace más de cincuenta años, es un síntoma más del desahuciado
estado del pensamiento pedagógico en la actualidad.