La
semana pasada tuve la oportunidad de visitar la Universidad de la Tierra en la ciudad Oaxaca.
Gracias a la invitación de Gustavo Esteva me acerqué a esta ciudad del Sur de
México para conocer uno de los proyectos pedagógicos que más han despertado mi
interés y curiosidad en los últimos años. Baste mencionar que La Universidad de la Tierra es un centro que no
ofrece títulos, ni currículum, ni programas académicos estructurados. Tampoco
hay profesores, ni alumnos. Su trabajo se centra en conectar personas que
quiere aprender con quien les puede enseñar. En Internet se reivindica como “una
comunidad de aprendizaje, estudio, reflexión y acción”.
Con
una visita rápida a las instalaciones de La Universidad de Tierra,
uno ya tiene la sensación de que cualquier parecido del centro con una
Universidad típica occidental es pura coincidencia. Ya no es que uno no
encuentre por ninguna parte un campus con sus instalaciones deportivas, su
aparcamiento de coches, su cafetería, sus aulas o sus despachos, sino que
en esta pequeña y austera construcción ubicada en una colonia cercana al centro
de Oaxaca, apenas hay una oficina, una habitación-despacho, un patio central,
una biblioteca y unos cuantos salones. Pues sucede que para la actividad que
desarrolla poco más es necesario.
La Universidad
de la Tierra
trabaja en tres niveles. En primera instancia establece una red entre quienes
están interesados en aprender una habilidad o un oficio y quienes pueden
enseñar algo al respecto. Así, si un joven de una comunidad oaxaqueña quiere
aprender el trabajo que desempeña un abogado agrario, desde la Universidad de la Tierra se busca a un
abogado agrario para que este joven pueda estar durante un tiempo observando su
trabajo. En pocos meses, según quienes coordinan este proyecto, el interesado
en aprender a desempeñar una labor concreta puede hacerlo sin necesidad de
poseer un título y sin tener que aguantar el estudio desgastante, en la
mayoría de los casos, de un sin fin de materias que nunca necesitará saber para
la implementación de una determinada actividad.
También en la Universidad
de la Tierra
se organizan talleres puntuales que son demandados por algunos de los
participantes del proyecto del centro. De tal forma, si quien está aprendiendo
con un abogado agrario ve que la utilización del ordenador es necesaria para
este trabajo y que no tiene mucha idea al respecto, siempre puede solicitar un
taller de una habilidad concreta al centro. Si se consigue formar un grupo que
comparte una misma inquietud, y si esta puede ser trabajada por personas
vinculadas a La
Universidad de la
Tierra, entonces el taller se organiza. Con cierta frecuencia
se implementan talleres de informática o de comunicación popular.

(Vista panorámica de la ciudad de Oaxaca)
Un segundo nivel de acción de la
Universidad de la
Tierra está centrado en la investigación. Cada semana se
organizan distintos seminarios temáticos donde se abre una discusión que apuesta
por un análisis crítico de la realidad. En lo personal, tuve la oportunidad de
estar invitado a participar en unos de sus seminarios titulado: "Modo
convivial de vida como postura crítica. Análisis de la coyuntura". Baste
mencionar que en esta sesión participaron no sólo personas de Oaxaca, sino
gente llegada de la Ciudad
de México, EE.UU y Europa.
Por último, se trabaja en un tercer nivel, el cual está vinculado
con las relaciones que el centro mantiene con sectores sociales afines a los
principios de acción del proyecto. Desde la Universidad de la Tierra se intenta
participar activamente de la vida cultural, política y social de Oaxaca. En la
ciudad y también en comunidades de este Estado del sur de México, el centro
participa en redes sociales, ciudadanas y campesinas, que conectan el proyecto
con la realidad.
La organización
de esta comunidad de aprendizaje parte de un principio de acción, según declaran
en Internet: “no existen jerarquías formales”. Asimismo cabe mencionar que
buena parte de sus principios, así como parte de su posicionamiento pedagógico,
toma como punto de referencia el pensamiento de Ivan Illich. El propio Gustavo Esteva
fue amigo de este interesante pensador de origen austriaco, pero que durante
mucho tiempo estuvo viviendo en México.