Hace apenas unos días cayó en mis
manos un libro titulado Los Volcanes de
Cuernavaca: Sergio Méndez Arceo, Gregorio Lemercier, Iván Illich (2007) de
Lya Gutiérrez Quintanilla y publicado por la editorial La Jornada. En este trabajo se presenta una veintena de entrevistas
que la periodista Lya Gutiérrez realizó a personas que convivieron con estos
tres personajes que marcaron toda una época durante su estancia en la capital
del Estado de Morelos en los años cincuenta, sesenta y setenta. Desde el principio del texto la propuesta del psicoanálisis
llevada a cabo por Gregorio Lemercier en un monasterio benedictino mexicano me llamó mucho la atención.
Gregorio Lemercier, nace en
Lieja, Bélgica, en 1912. Durante los años treinta conoció e hizo amistad en el
monasterio benedictino de San Andrés, en el norte Bélgica, con un joven
religioso mexicano hijo de una de las familiar más ricas del país. Este joven,
Ignacio Romero Vargas Iturbide, le propuso fundar un monasterio de carácter
abierto en México. La insistencia del joven surgió sus efectos y en los años
cuarenta Lemercier funda un primer centro monástico en Guaymas, Estado de
Sonora.
Pero esta primera experiencia terminó siendo un fracaso. Lemercier, en 1946,
decide instalarse en un nuevo monasterio y se dirige a Monte Casino, en
Huitzilac. Tres años después son los mismos promotores de sus proyectos en
México los que se arrepienten y despojan a Lemercier del financiamiento
para sus proyectos. Acompañado de un grupo de monjes que se vieron obligados a
abandonar el monasterio de Monte Casino, Lemercier llega a Ahuacatitlán, en
Morelos, donde a través de un rescripto papal obtiene en 1946 la autorización
para fundar otro monasterio. El monasterio de Santa María de la Resurrección
quedó inscrito en la diócesis de Cuernavaca, y se convirtió en el primer
monasterio benedictino mexicano de la época moderna.
En este monasterio Lemercier introdujo todos los conocimientos adquiridos en
Lovaina, Bélgica, en donde al parecer estaba el núcleo intelectual más avanzado
de la Iglesia en Europa. El conocimiento que había adquirido con teólogos muy
abiertos al cambio y con gente de la vanguardia eclesiástica los integró al
monasterio. Baste mencionar que fue de
los primeros sacerdotes, en los años cincuenta, en instalar un altar moderno de
frente al público y en dar misa en español en México, adelantándose al Concilio
del Vaticano II en casi una década.
Si bien, la propuesta más novedosa
que introdujo Lemercier en el monasterio benedictino de Santa María Resurrección
es la práctica del psicoanálisis entre los monjes de la comunidad. Entre
quienes capacitaron a los miembros de la comunidad benedictina en el trabajo
del psicoanálisis cabe destacar la figura de Erich Fromm, que en aquellos años
frecuentaba Cuernavaca, ya que participaba asiduamente de algunos de los
seminarios del Centro Intercultural de Documentación instalado en esta ciudad
mexicana. Tiempo más tarde retomarían el proyecto dos psicoanalistas: Gustavo
Quevedo y Frida Zmud.
Los trabajos que se realizaron
con los monjes se centraron en problemas específicos que afrontaba la comunidad
como el alcoholismo, las depresiones o la homosexualidad. A consecuencia de la
terapia, como señala Graciela Rumayor (sacado del libro Los Volcanes de Cuernavaca, 2007, p. 84): “salieron a relucir
tópicos muy importantes como el homosexualismo, causas de rechazo a la mujer,
entre otros temas.” Si bien, como también apunta Rumayor, para Lemercier (Íbid, p. 84)
resultaba “reconfortante saber cómo el psicoanálisis sacó lo mejor de los
monjes que crecieron como personas en todos los aspectos. Para él fue bien
satisfactorio el comprobar cómo, a nivel personal, los monjes resolvieron
muchos conflictos que redundaron en una mejor vocación, una mejor oración y una
mejor artesanía (…) los monjes empezaron a vivir una religión bien entendida”
Hasta mediados de los años
sesenta el trabajo del psicoanálisis continuó en el monasterio benedictino con
buenos resultados. En noviembre1962 Lemercier decidió sacar a la luz este
trabajo y publico en Le Monde un artículo
donde presentaba la iniciativa que los monjes venían desarrollando, y éste fue
el principio del fin del proyecto. Alejandro Chao Barona (Los volcanes de Cuernavaca, 2007, p. 68) comenta cuál fue la
respuesta que recibió en aquel momento dentro de la Iglesia la publicación de
la noticia por parte de Lemercier: “se comenzó toda una campaña negativa de
publicidad: decían que se trataba de un hogar donde todo era mentira y falso;
donde se estaba profanando las creencias, la devoción popular y cosas por el
estilo. Que sólo éramos unos degenerados.”
Y en 1965 Lemercier publicaría un
texto más explícito titulado: “Un monasterio benedictino en psicoanálisis”, texto
que terminaría precipitando el cierre del monasterio. El asunto pasó a manos de
la Congregación para la Doctrina del Santo Oficio y en octubre se ordena a
Lemercier que abandone el monasterio y que disuelva la comunidad. Lemercier
funda entonces el Centro de Psicoanálisis de Emaus en Cuernavaca y en 1967 recibe
una severa amonestación de la Iglesia por continuar con la práctica del psicoanálisis.
Ese mismo año desde Roma se le concede su reducción al estado laico.