Creo que fue hace unos tres años,
en la primavera de 2005, cuando asistí en la Universidad de la Tierra de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México,
a una conferencia del intelectual por excelencia de la geopolítica antisistémica:
Emmanuel Wallerstein. Recuerdo salir del acto con la sensación más bien de
haber escuchado a un profeta de la economía. Wallerstein habló de un nuevo giro
en la economía que en los próximos dos o tres años iba a relegar a EE.UU. de la
posición hegemónica en el contexto mundial. La economía americana, señaló, era
un gigante con pies de barro, y algunos síntomas del debilitamiento de su poder
se podía empezar a observar en las dificultades para solucionar los problemas
que afrontaba en aquel entonces; la guerra de Irak era un buen ejemplo.

(Emmanuel Wallerstein, 1930 )
Me fui a casa, después de aquella
sesión de especulación geopolítica, pensando que el trabajo de un profeta no
estaba nada mal, ya que casi todos, tarde o temprano, terminan diciendo cuando
ven que uno de sus vaticinios se cumplen eso de: “yo ya avisé que todo esto iba
a ocurrir, sólo que me equivoqué de fecha, pero yo ya lo sabía…” Si bien, viendo
el panorama de crisis mundial que nos presentan los medios en los últimos días,
me pueden entender si les digo que me he acordado bastante del tal Wallerstein y sus profecías. Uno por uno sus análisis han
acertado de pleno.
El sábado por la mañana me hice con algunos periódicos y me puse a buscar los análisis que
desde los medios se comenzaba a realizar de todo este jaleo en el que se
encuentra la economía mundial. En dos artículos encontré algunas respuestas
interesantes. En el primero escrito por John Gray, titulado “Mucho más que una
crisis financiera” y publicado en El País, ya desde el inicio plantea que: La era del liderazgo mundial de Estados
Unidos, que comenzó en la II Guerra Mundial, ha terminado. Y al final del
texto el autor concluye:
Después de haber creado las condiciones que engendraron la mayor
burbuja de la historia, los dirigentes políticos de los EE.UU. parecen
incapaces de comprender la magnitud de los peligros que afronta ahora su país.
Envueltos en encarnizadas guerras culturales y peleados unos con otros, parecen
no darse cuenta de que su liderazgo mundial está desvaneciéndose a toda
velocidad. Está naciendo un nuevo mundo casi sin que se note y, en él, EE.UU.
no es más que una más entre varias grandes potencias, y se enfrenta a un futuro
incierto en el que ya no puede influir.
El segundo de los artículos de
opinión que llamó mi atención fue el de Marcos Roitman Rosemann escrito en el
diario mexicano La Jornada, también sábado y titulado "Ni Hayek ni Keynes, hoy más que nunca Marx". Este segundo artículo iba más bien
dirigido hacía las causas que han provocado todo este desmadre económico:
Los diagnósticos y proyecciones sobre la globalización neoliberal
lanzados hace 20 años por los movimientos antiglobalización o antisistémicos
han dado en la diana. Las políticas de privatización, apertura comercial,
financiera y flexibilidad laboral escondían un enorme grado de explotación y
especulación. El resultado sería inevitablemente el colapso general del
planeta. Nada hacía presagiar otro sendero. Sin embargo, resulta extraño que
los economistas neoliberales se queden perplejos y apunten a pecados bíblicos
como la tacañería y la avaricia para explicar la crisis. ¿Acaso piensan en otra
racionalidad del capitalismo? Su incultura parece situarse en las mismas cotas
que la crisis. Son de hondo calado.
Creo que hoy son pocos los que se
pueden alejar de estas dos visiones de las consecuencias y las causas de esta
crisis económica. Y Wallerstein ya lo decía tal cual hace tres años. Por cierto
que también Wallerstein en aquella conferencia habló de las posibilidades
geopolíticas que podrían darse una vez que la crisis se hiciera realidad. Una
era que otra nueva potencia, quizá Europa o China, pudiera sustituir a los
EE.UU como potencia mundial y que las reglas del juego continuaran en vigor, o lo que es lo mismo, la crisis sería apenas una vuelta de tuerca del capitalismo y poco más
Las otras dos posibilidades restantes iban más encaminadas a vislumbrar un cambio de ciclo político. Un de los planteamientos posibles es que las reglas del juego cambiaran y nuevos totalitarismo
hicieran presencia en algunas de las potencias económicas emergentes. Mientras que la opción restante, en la Wallerstein veía cierta esperanza, es que que los movimientos antisistémicos
que durante la época salvaje del neoliberalismo habían conseguido construir
alternativas económicas, y habían resistido a los envites del capital, ampliaran
su campo de acción y demostraran que efectivamente otro mundo es posible.
