Ivan Illich (1926-2002) no fue sólo un crítico
destacado de las instituciones educativas y de los procesos de escolarización
obligatoria, además se preocupó en sus trabajos más pedagógicos por describir
sin tapujos la realidad que acontecía en los recintos escolares. Su libro más
afamado al respecto fue La sociedad desescolarizada
(1971), si bien durante los años setenta algunos de sus análisis de las
instituciones educativas quedaron dispersos en participaciones en conferencias
o en pequeños panfletos –así es como Illich denominó a sus textos- que él
mismo se encargo de distribuir desde el Centro Intercultural de Documentación que
codirigía desde Cuernavaca, México. A continuación rescato un fragmento de uno de
esos panfletos titulado La alternativa a la escolarización (1974). En este texto el lector
encuentra una descripción precisa de uno de los conceptos que más vienen siendo
estudiados en el campo de la pedagogía en las últimas décadas: el currículum
oculto.

(Ivan Illich 1926-2002)
Para poder ver claramente las disyuntivas a que nos enfrentamos,
debemos primero distinguir entre el aprendizaje y la escolaridad, lo cual
significa separar el objetivo humanístico del maestro del impacto de la
estructura invariante de la escuela. Esa estructura oculta constituye una forma
de instrucción que el maestro o el
consejo de la escuela nunca llegan a controlar.
Transmite indeleblemente el mensaje de que sólo a través de la escuela
podrá el individuo prepararse para la
vida adulta en la sociedad, que lo que no se enseña en la escuela carece de
valor, y que lo que se aprende fuera de la escuela no vale la pena aprenderlo.
Yo lo llamo el curriculum oculto de la escolaridad porque constituye el marco
inalterable del sistema, dentro del cual se hacen todos los cambios en el
curriculum.
El curriculum oculto siempre es el mismo, cualquiera que sea la escuela
o el lugar. Obliga a todos los niños de cierta edad a congregarse en grupos de
alrededor de treinta, bajo la autoridad de un maestro autorizado, durante
quinientas, mil o más horas al año. No importa si el curriculum esté diseñado
para enseñar los principios del fascismo, el liberalismo, el catolicismo, el
socialismo, o la liberación, mientras las institución reclame la autoridad de
definir cuáles actividades son las que considera “educación” legítima. No
importa si el propósito de la escuela es producir ciudadanos soviéticos o
norteamericanos, mecánicos, o doctores mientras no se pueda ser un ciudadano o
doctor si no se ha graduado. No importa si todas las reuniones ocurren en el
mismo lugar mientras se consideren una asistencia: cortar caña es trabajo para
los cañeros, corrección para los prisioneros, y parte del curriculum para los
estudiantes.
Lo que importa en el currículum oculto es que los estudiantes
aprendan que la educación es valiosa
cuando se adquiere en la escuela a través de un proceso graduado del consumo;
que el grado de éxito de que disfrutará el individuo en sociedad depende de la
cantidad de conocimientos que consume; y que los conocimientos sobre el mundo
son más valiosos que los conocimientos adquiridos del mundo. La imposición de
este curriculum oculto dentro de un programa educativo distingue la
escolarización de otras formas de educación planeada. Todos los sistemas
escolares del mundo tienen características comunes en relación a su producto
institucional, y éstos son el resultado del curriculum oculto común de todas
las escuelas.
Debe entenderse claramente que el currículum oculto de las escuelas
traduce la enseñanza de una actividad en una mercancía cuyo mercado se
monopoliza por la escuela. El nombre que ahora damos a esta mercancía es “educación”,
producto cuantificado y acumulativo de unan institución profesionalmente
diseñada denominada escuela, cuyo valor puede medirse por la duración y lo
costoso de la aplicación de un proceso (el curriculum oculto) al estudiante. El
graduado de una universidad locuaz y el que recibe un título de una universidad
famosa podrán haber adquirido 135 créditos en cuatro años, pero están
totalmente conscientes del valor diferencial de su acervo de conocimiento.