Pues resulta que ayer (miércoles 1 de octubre) a la tarde, en El Colegio de México (donde continúo con mi estancia de investigación),
se recibió la visita de los Príncipes de Asturias. El acto no hubiera pasado del
propio de una conmemoración más –se cumplen 70 años de la que fuera la Casa de España en México- de
no ser por el hecho de que se trataba de rendir un homenaje al centro de estudios
donde tuvieron que refugiarse toda una generación de intelectuales
republicanos. Para la ocasión, además de los Príncipes de Asturias, también
presidieron la ceremonia las Secretarias de Educación y Relaciones Exteriores
de México, el presidente de El Colegio de México, y el Ministro de Cultura
español César Antonio Molina.

(la Casa de España en México,
creada en 1938)
Cabe destacar que el Príncipe, en su
discurso, apenas hizo alusión alguna al drama vivido por toda una generación de
intelectuales que, perseguidos en su tierra una vez iniciada la Guerra Civil, se vieron
obligados a salir de España rumbo a México. Un drama que marco a toda una
generación y que dejo a los centros de estudios académicos y al pensamiento
español mutilado durante décadas.
Más bien en palabras del Príncipe
Felipe, la partida de quienes luego terminaron siendo acogidos en México
gracias a la labor del entonces presidente Lázaro Cárdenas, pareciera deberse a
la disposición de un grupo de personas que decidieron “abandonar” la patria
para construir un nuevo hogar lejos. Muestro a continuación las palabras
textuales de su intervención:
Así,
María Zambrano pudo decir: “… no me cansaría de decirlo, como una oración, sólo
México nos abrazó, nos abrió camino”. España perdió –pero México ganó- gran
parte de lo más granado de la denominada Edad de Plata de su cultura, juristas,
doctores, intelectuales, filósofos escritores, artistas y un largo etcétera,
continuaron sus carreras e investigaciones desde México y contribuyeron así al
desarrollo, no sólo cultural y educativo, sino también político y moral de este
gran país.
En
este día tan memorable quiero dedicar un especial recuerdo a tantos exiliados
españoles que pudieron sobrellevar el desarraigo que conlleva todo abandono de la Patria, gracias al calor de
esta Patria mexicana, en la que decidieron construir su nuevo hogar. Y, Señor
Presidente, en nombre de todos los españoles, quiero dar las gracias una vez
más a este México bienamado, como ya hiciera Su Majestad el Rey, por la acogida
que quiso y supo ofrecer a nuestros compatriotas.
Y es
que el Príncipe pasa por alto que fue aquí, en el hoy El Colegio de México y en su
institución predecesora La Casa
de España en México, donde iniciativas vanguardistas del campo de la
investigación, como la Institución Libre
de Enseñanza, la Junta
para la Ampliación
de Estudios e Investigaciones Científicas o la Residencia de
Estudiantes, pudieron continuar su labor, y donde toda una generación de
intelectuales dio salida a sus trabajos.

(Reunión de exiliados españoles en México, 1940)
El Estado
español, una vez concluida la Guerra Civil,
se convirtió en un terreno hostil para el pensamiento. La cerrazón de un régimen
autoritario que apostó por un conservadurismo católico rancio para la gestión
de los principales centros académicos, terminó por ahogar al pueblo español en
una oscuridad donde el embrutecimiento y la ignorancia fueron protagonistas de
toda una época. Mientra la considerada generación de la Edad de Plata iniciaba un
exilio, un centro de estudios como El Colegio de México acogió con los brazos
abiertos a los refugiados políticos del Régimen Franquista. Mismo Régimen cuya huella
no ha sido borrada del todo de los centros académicos españoles, ni de algunas
instituciones que todavía hoy nos representan a nivel internacional. Baste el
ejemplo del Príncipe incapaz de mencionar el dolor de quienes nunca pudieron
regresar a su tierra, ni de entender que él mismo no habría tenido que venir
nunca a celebrar el 70 aniversario de esta institución si esta generación de
intelectuales hubiera encontrado en sus centros de estudios un lugar donde
poder continuar con su trabajo.
P.D.: Ya que la Casa
Real nos representa por ley a los ciudadanos del Estado
español en sus actos en el extranjero, sólo puedo decir que me preocupó seriamente el
papel que le corresponde en estos eventos a la Princesa de Asturias,
Doña Letizia Ortiz: no abrió la boca, como si fuera un mueble. ¿Ésta
es la representación de la mujer española? ¿Qué tiene que decir la Ministra de Igualdad de
todo esto? ¿Ésta es la imagen de la “Democracia” española? De todos modos tengo la sensación de que pedir a la
institución monárquica que se modernice y que actúe acorde con la sociedad a la
que quiere representar, es como pedir a un árbol que se convierta en rana.