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domingo, 28 de septiembre de 2008

No se muy bien la razón, pero con frecuencia sucede que allá donde la vida se vuelve más convulsa, más áspera, o siquiera más dura, no tardan en parecer creativas formas de expresión cultural que tratan de dar una explicación o un sentido a la existencia. En México, territorio abierto para el incremento de los secuestros, el asesinato de mujeres trabajadoras, las extorsiones, la corrupción o el abuso de poder, desde hace una década viene configurándose toda una generación de cineastas, pintores, arquitectos, actores o escritores que consiguen atrapar en sus trabajos una fresca lectura de la realidad. Xavier Velasco (1964) y su novela Diablo Guardián (Alfaguara 2003) se muestran como un ejemplo de este resurgir de la cultura mexicana en tiempos convulsos.

              
           (Diablo Guardián, 2003, de Xavier Velasco)

Para empezar, Diablo Guardián, no es tanto un texto que se lee, sino que se escucha. Uno da al “play” del casete y simplemente se deja llevar por la historia y por ese increíble personaje creado para la ocasión: Rosa del Alba Rosas Valdivia; o mejor dicho: Violetta. Y es que la Violetta de Xavier Velasco bien merece, desde su aparición hace apenas cinco años, un hueco entre las heroínas de la cultura Mexicana. Pero no un hueco cualquiera, sino un hueco que casi roce en proximidad con los más odiados villanos.

Violetta seduce al lector al tiempo que lo desespera. Es una bomba de sentimientos desenfrenados atrapados en una realidad de la que no quiere entender nada, de la que sólo le interesa poder vivir al límite hasta el último instante.  De ahí su anhelo por la fatua Nueva York y sus grades tiendas y hoteles, y de ahí también sus paseos por el mundo de la droga y la prostitución.

Pero más allá de este personaje atravesado, Xavier Velasco innova con un estilo creativo a la hora de enfocar su novela. Estilo que en alguna ocasión se ha llegado a clasificar como “picaresca-punk”, pero que en cierto sentido sólo puede entenderse a la sombra de la necesidad de crear un nuevo lenguaje para narrar la realidad que se ha instalado en buena parte de Latinoamérica en las dos últimas décadas.

            
                (Xavier Velasco, 1964)

Alberto Fuguet, en un artículo publicado en el periódico El País, una vez que Diablo Guardian fuera galardonado con el VI premio Alfaguara de novela, comentaba: “Quien ha visto televisión, escuchado discos o ido al cine durante los últimos diez años (partiendo por Amores perros, desde luego) sentirá que esta dinámica novela de este linkeado reportero-cronista-DJ del DF (una suerte de Desayuno en Tiffany's en clave chatarra mediática) está conectado a la misma electricidad que nos alumbra a todos. No es, por lo tanto, la primera novela que comulga con esta estética-ética contemporánea (me niego a decir McOndo, pero lo cierto es que algo tiene de McOndo), aunque quizás lo correcto sería optar por el mote de realismo histérico. Lo nuevo, entonces, no es tanto de dónde salió la novela, sino adónde va.”

Y es que la novela en irreverente y caótica por partes iguales. El lenguaje callejero con estilo y no carente de una estética cuidada, entra en la historia y muestra todo su repertorio sin reparo y vergüenza. Lo “naco” (expresión que en México hace referencia a lo “mal educado”) recupera su sentido, su originalidad, y luce con un glamour de alfombra roja de los Oscars. La aventura se dispara y el robo, el sexo, las traiciones, los maltratos y la muerte se convierten en los ejes de la novela.

Al tiempo que el personaje de Violetta se convierte en una máquina de hacer filosofía de la calle. Todo un repertorio de sentencias y frases antológicas saltan a la palestra. Y es que Violetta deja en la grabadora perlas memorables: “La gente se pasa la vida contándose mentiras para que pasen por verdades, cuando es más divertido lo contrario. La verdad se disfraza de mentira para que una pueda soportarla.” (p. 170)

En definitiva, con este trabajo se abre, posiblemente, un nuevo escenario para las letras en castellano. Un escenario del que hoy ya es partícipe toda una generación de jóvenes lectores que ven en novelas como Diablo Guardián un texto cuyo lenguaje y estética transmiten esa cercanía crucial para el disfrute de la lectura. Y nos deja, además, el nombre de Xavier Velasco, uno de los escritores cuyos trabajos habrá que ir siguiendo con el tiempo.

 

18:47 | gestionado por Jon Igelmo Zaldívar | Enviar comentario (0)