No se muy bien la razón, pero con
frecuencia sucede que allá donde la vida se vuelve más convulsa, más áspera, o
siquiera más dura, no tardan en parecer creativas formas de expresión cultural
que tratan de dar una explicación o un sentido a la existencia.
En México, territorio abierto para el incremento de los secuestros, el
asesinato de mujeres trabajadoras, las extorsiones, la corrupción o el abuso de
poder, desde hace una década viene configurándose toda una generación de
cineastas, pintores, arquitectos, actores o escritores que consiguen atrapar en
sus trabajos una fresca lectura de la realidad. Xavier Velasco (1964) y su novela Diablo
Guardián (Alfaguara 2003) se muestran como un ejemplo de este resurgir de la cultura mexicana en tiempos convulsos.

(
Diablo Guardián, 2003, de
Xavier Velasco)
Para empezar, Diablo Guardián, no
es tanto un texto que se lee, sino que se escucha. Uno da al “play” del casete
y simplemente se deja llevar por la historia y por ese increíble personaje
creado para la ocasión: Rosa del Alba Rosas Valdivia; o mejor dicho: Violetta.
Y es que la Violetta de Xavier Velasco bien merece, desde su aparición hace
apenas cinco años, un hueco entre las heroínas de la cultura Mexicana. Pero no
un hueco cualquiera, sino un hueco que casi roce en proximidad con los más
odiados villanos.
Violetta
seduce al lector al tiempo que lo desespera. Es una bomba de sentimientos
desenfrenados atrapados en una realidad de la que no quiere entender nada, de la
que sólo le interesa poder vivir al límite hasta el último instante. De ahí su anhelo por la fatua Nueva York y sus
grades tiendas y hoteles, y de ahí también sus paseos por el mundo de la droga
y la prostitución.
Pero más allá de este personaje
atravesado, Xavier Velasco innova con un estilo creativo a la hora de enfocar su
novela. Estilo que en alguna ocasión se ha llegado a clasificar como “picaresca-punk”,
pero que en cierto sentido sólo puede entenderse a la sombra de la necesidad de
crear un nuevo lenguaje para narrar la realidad que se ha instalado en buena
parte de Latinoamérica en las dos últimas décadas.

(
Xavier Velasco, 1964)
Alberto Fuguet, en un artículo
publicado en el periódico El País, una vez que Diablo Guardian fuera
galardonado con el VI premio Alfaguara de novela, comentaba: “Quien ha visto televisión, escuchado discos
o ido al cine durante los últimos diez años (partiendo por Amores perros, desde luego) sentirá
que esta dinámica novela de este linkeado
reportero-cronista-DJ del DF (una suerte de Desayuno en Tiffany's en clave chatarra mediática) está
conectado a la misma electricidad que nos alumbra a todos. No es, por lo tanto,
la primera novela que comulga con esta estética-ética contemporánea (me niego a
decir McOndo, pero lo cierto es que algo tiene de McOndo), aunque quizás lo
correcto sería optar por el mote de realismo histérico. Lo nuevo, entonces, no
es tanto de dónde salió la novela, sino adónde va.”
Y es que la novela en irreverente
y caótica por partes iguales. El lenguaje callejero con estilo y no carente de
una estética cuidada, entra en la historia y muestra todo su repertorio sin
reparo y vergüenza. Lo “naco” (expresión que en México hace referencia a lo “mal
educado”) recupera su sentido, su originalidad, y luce con un glamour de
alfombra roja de los Oscars. La aventura se dispara y el robo, el sexo, las
traiciones, los maltratos y la muerte se convierten en los ejes de la novela.
Al tiempo que el personaje de
Violetta se convierte en una máquina de hacer filosofía de la calle. Todo un
repertorio de sentencias y frases antológicas saltan a la palestra. Y es que
Violetta deja en la grabadora perlas memorables: “La gente se pasa la vida contándose
mentiras para que pasen por verdades, cuando es más divertido lo contrario. La
verdad se disfraza de mentira para que una pueda soportarla.” (p. 170)
En definitiva, con este trabajo
se abre, posiblemente, un nuevo escenario para las letras en castellano. Un
escenario del que hoy ya es partícipe toda una generación de jóvenes lectores
que ven en novelas como Diablo Guardián un texto cuyo lenguaje y estética transmiten
esa cercanía crucial para el disfrute de la lectura. Y nos deja, además, el
nombre de Xavier Velasco, uno de los escritores cuyos trabajos habrá
que ir siguiendo con el tiempo.