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jueves, 25 de septiembre de 2008

Los sofistas eran maestros que en el esplendor de la Grecia Clásica, en el siglo V a.C., se hacían pagar por sus enseñanzas. Con cierta frecuencia tenían bajo su tutela a los hombres de Estado y los futuros políticos, a quienes enseñaban la retórica de la cual fueron fundadores. Si bien, los sofistas se preocuparon menos de la validez o la exactitud de sus razonamientos que del potencial que tenían las palabras para llegar al convencimiento. Su sentido práctico de la retórica desquició a filósofos como Sócrates. Además, fueron muchas las anécdotas que se cuentan sobre la forma de argumentar de los sofistas. Rescato a continuación una interesante historia que cuenta Ramón Xirau en su Introducción a la historia de la filosofía (1964, p. 41 Editado por la Universidad Nacional Autónoma de México).


Cuéntase que una vez Tisias, maestro, pidió a su discípulo Corax que le pagara, puesto que ya había terminado enseñanza y aprendizaje. A lo cual respondió Corax que, si había aprendido a convencer podría convencer a Tisias de que no tenía que pagarle y que, de no convencerlo, no tendría que pagarle puesto que con ello demostraría que no había aprendido lo que Tisias prometió enseñarle. Tisias, naturalmente, no podía aceptar el argumento de su discípulo y dedicó todo su esfuerzo a demostrarle que de todas maneras tendría que pagar la enseñanza. Si Corax le convencía de que no tenía que pagarle, esto demostraba que había aprendido a convencer y, como el arreglo había sido que si aprendía tenía que pagar, al demostrar que no tenía que pagar, por el hecho mismo de convencer a Tisias, tendría que pagar. Si, por otra parte, no llegaba a convencerle de no tener que pagar, tendría que pagarle por el mero hecho de no haberlo convencido. Véase en este argumento una anécdota, que por otra parte ha sido atribuida a Gorgias y su discípulo Evasto, véase también en él un ejercicio de escuela.



Sin duda, esta anécdota recogida por Ramón Xirau es todo un ejemplo de cómo los sofistas se preocupaban más por la forma del razonamiento que por su contenido. Muchos sofistas, de hecho, fueron escépticos como principio y fin. Declaraban que no existía verdad alguna y en muchas ocasiones se les ha comparado con maestros de la falsedad. El mismo Gorgias llegó a conclusiones relativistas alcanzando a formular tres proposiciones: “Nada existe”; “Si algo existiera no podríamos conocerlo”; “si pudiéramos conocerlo no podríamos comunicarlo”.

Entonces al no existir conocimientos válidos, dirán los sofistas, apenas el lenguaje que tanto estudiaron es verdadero. Siendo éste el argumento que les permitía convencer de cualquier cosa, sea verdadera o falsa, soñada o inexistente.

No obstante, hay que reconocer en ellos, como señala el propio Ramón Xirau (Íbid. P. 41), “un interés por las formas lingüísticas (que) les condujo a analizar el lenguaje, estudiar las figuras retóricas, penetrar en los problemas de la lógica y preparar las vías del pensamiento lógico. (…) Muchos sofistas fueron escépticos, pero el escepticismo, la duda, la declaración de que no existe verdad alguna, prepara el camino para que se encuentre la verdad. (…) todo gran filósofo suele empezar por dudar.”

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